La familia de las cactáceas tiene alrededor de un centenar y medio de géneros y bastante más de mil especies, pero para orientarse en un vivero no hace falta saberse la lista: basta con reconocer cuatro grandes tipos por su porte. Globosos y barriles, columnares, opuntias y cactus epífitos de selva. Cada grupo tiene una forma reconocible a primera vista y, sobre todo, unas necesidades de cultivo distintas.

Esa distinción es la que de verdad te sirve. Un cactus globoso de desierto y un cactus de Navidad son ambos cactáceas, y si los tratas igual matas a uno de los dos. Aquí va cada grupo con lo que lo identifica, ejemplos concretos y lo que implica tenerlo en una casa o una terraza española.

Distintos tipos de cactus

Globosos y barriles

Son los cactus con forma de bola o de tonel, con costillas verticales marcadas o con tubérculos, y las espinas repartidas en areolas a lo largo de esas costillas. Es el grupo más numeroso en colección y el que mejor se adapta a una maceta, porque crece a lo alto muy despacio y ocupa poco.

Dentro caben tamaños muy distintos. Echinocactus grusonii, el asiento de suegra, acaba siendo un barril de varios palmos. Ferocactus hace toneles armados de espinas gruesas. En el otro extremo están las Mammillaria, con tubérculos en lugar de costillas y flores en corona alrededor del ápice, y los Astrophytum, de costillas anchas y cuerpo salpicado de motas blancas, como el gorro de obispo (Astrophytum myriostigma) o el cactus estrella (Astrophytum asterias), que es casi plano.

Cactus barril en maceta de ceramica

En cultivo piden mucho sol, sustrato mineral y una invernada seca. Ese punto es clave en España: en el interior peninsular y en el norte atlántico, un globoso al aire libre pasa el invierno mejor seco y a cubierto de la lluvia que abrigado y mojado. Lo que los mata no suele ser el frío, sino el frío con la raíz encharcada.

Columnares y arborescentes

Tallos erguidos que crecen a lo alto, a veces ramificados en candelabro. Son los cactus de postal: el saguaro (Carnegiea gigantea) de los desiertos de Arizona y Sonora, que puede pasar de los diez metros y vivir más de un siglo, o los Cereus y Pachycereus que en el sur de España se usan como planta de jardín.

Saguaro, Carnegiea gigantea, con tres brazos

Hay columnares de todos los tamaños y con acabados muy distintos. Pilosocereus pachycladus tiene la epidermis de un azul metálico llamativo. Cleistocactus strausii, la antorcha de plata, se cubre de espinas blancas finas. Espostoa y Cephalocereus se visten de pelo blanco lanoso, que en su hábitat les protege del sol y del frío nocturno de altura.

Lo que hay que tener en cuenta con este grupo es el futuro: son plantas que en maceta crecen despacio, sí, pero que tienden a estirarse y a necesitar tutor y macetas cada vez más pesadas. Y una columnar que no recibe luz suficiente se ahíla, es decir, sigue creciendo con un diámetro más estrecho y pálido, y esa parte deformada ya no se corrige.

Opuntias: palas, cilindros y gloquidios

La subfamilia Opuntioideae se distingue a simple vista porque sus tallos están formados por segmentos articulados. En las platiopuntias esos segmentos son palas aplanadas, como la chumbera (Opuntia ficus-indica), que en el Mediterráneo lleva siglos naturalizada y da los higos chumbos. En las cilindropuntias (Cylindropuntia, las chollas) los segmentos son cilíndricos y se desprenden con una facilidad temible.

Opuntia microdasys, orejas de conejo

Su rasgo propio son los gloquidios: haces de pelillos diminutos con microscópicas púas hacia atrás que salen de las areolas. Se clavan al menor roce, se rompen dentro de la piel y son muchísimo más molestos que una espina grande, que al menos se ve y se saca. La Opuntia microdasys, esa preciosidad de palas con lunares dorados que se vende como orejas de conejo, es un ejemplo de cactus que no tiene espinas y aun así te fastidia la tarde.

Un aviso importante en España: varias opuntias figuran en el Catálogo español de especies exóticas invasoras. Opuntia dillenii y otras del género están reguladas por el Real Decreto 630/2013, así que antes de plantar una en el jardín, sobre todo en Canarias o en el litoral mediterráneo, conviene comprobar qué especie es exactamente.

Cactus epífitos de selva

Aquí está el grupo que rompe todos los tópicos. Son cactus que no viven en el desierto sino en la selva tropical, encaramados a las ramas de los árboles o a las grietas de las rocas, con las raíces al aire entre musgo y hojarasca. No tienen espinas grandes ni forma de bola, sino tallos aplanados o colgantes que parecen hojas.

Cactus de Navidad, Schlumbergera, en flor

El más conocido es el cactus de Navidad, que es Schlumbergera y no Zygocactus (nombre antiguo) ni Epiphyllum, aunque se siga vendiendo con esas etiquetas. Viene de la mata atlántica brasileña. El cactus de Pascua, que florece en primavera y tiene los segmentos de borde más redondeado, es Rhipsalidopsis. Completan el grupo los Rhipsalis, de tallos finos colgantes, y los Epiphyllum, de tallos anchos y flores enormes, muchas de ellas nocturnas.

Cactus de Pascua, Rhipsalidopsis, en flor

Estos no se cuidan como un cactus de desierto, y ese es el error que acaba con la mayoría. Quieren luz abundante pero tamizada, no sol directo de mediodía, que les quema los tallos. Quieren un sustrato aireado con materia orgánica, tipo mezcla de orquídeas o de plantas de interior con corteza y perlita, no arena pura. Y quieren riego regular durante su crecimiento, con agua poco calcárea, sin llegar nunca a tener el cepellón empapado.

Las formas raras no son un grupo aparte

En los viveros se ven cactus crestados, con el ápice convertido en un abanico ondulado, y cactus monstruosos, con el crecimiento desordenado en bultos. No son especies distintas: son alteraciones del punto de crecimiento que pueden aparecer en casi cualquier género y que luego se propagan por esqueje o injerto. Un Cereus crestado sigue siendo un Cereus y se cuida igual.

Lo mismo pasa con el cactus luna, esa bola de color sobre un tallo verde: es un injerto de una forma sin clorofila de Gymnocalycium mihanovichii sobre un patrón que la alimenta. Tampoco es un tipo de cactus, es una técnica.

Y lo que no es cactus aunque lo parezca

Euphorbia trigona, que no es un cactus

La planta de la foto se vende como cactus y no lo es: es Euphorbia trigona, una euforbia africana. Muchas euforbias suculentas imitan la forma de un cactus columnar o globoso porque han resuelto el mismo problema en otro continente. La diferencia se ve en dos detalles: las cactáceas tienen areolas, esos cojincillos de los que salen espinas, flores y ramas, y las euforbias no; y las euforbias sueltan un látex blanco al cortarlas que es irritante para piel y ojos y tóxico por ingestión. Si al podar sale leche blanca, ponte guantes, lávate después y no te toques los ojos.

Qué grupo elegir según dónde vives

GrupoLuzInvierno en España
Globosos y barrilesSol directoSeco y fresco; a cubierto de la lluvia
ColumnaresSol directoIgual, y ojo con el ahilado en interior
OpuntiasSol directoMuy resistentes en seco; cuidado con la normativa
Epífitos de selvaLuz filtradaInterior templado, riego reducido pero no nulo

En el litoral mediterráneo y en el sur, los tres primeros grupos viven perfectamente fuera todo el año si el agua no se queda parada. En el norte atlántico el problema no es la temperatura sino la lluvia continua de invierno, y la solución es un porche o un alero. En el interior, donde hiela de verdad, entran los que no toleran el hielo y se dejan fuera los rústicos, siempre en seco.

En resumen

Cuatro tipos por porte resuelven casi todo lo que vas a ver a la venta: globosos y barriles, columnares, opuntias de segmentos articulados y epífitos de selva. Los tres primeros son plantas de sol, sustrato mineral e invierno seco; los epífitos son plantas de sombra ligera, sustrato con materia orgánica y riego regular, y confundirlos con los demás es la causa más común de que un cactus de Navidad se muera.

A eso hay que añadir dos precauciones que no se ven en la etiqueta: los gloquidios de las opuntias, que pinchan más que las espinas, y el látex de las euforbias que se venden como cactus sin serlo. Con esos dos avisos y la clasificación por porte, ya sabes qué tienes delante y cómo tratarlo.


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