El cactus de San Pedro es un cactus columnar de los Andes, de tallos gruesos, verde azulado y con pocas espinas, que se cultiva en España como planta ornamental de exterior sin ninguna dificultad especial. Se le conoce científicamente como Echinopsis pachanoi, aunque buena parte de la bibliografía y del comercio lo sigue llamando Trichocereus pachanoi: son el mismo cactus, y la duda viene de que los botánicos han movido el género de sitio más de una vez.
Es una de las columnares de crecimiento más rápido que puedes tener en maceta o en un arriate, y también una de las más fáciles de multiplicar, porque cualquier trozo de tallo enraiza. Antes de nada conviene decir lo que este artículo no trata: la especie contiene mescalina, y aquí solo se habla de su cultivo y de su botánica.
Cómo se reconoce
El San Pedro es un cactus de tallos cilíndricos que crecen erguidos y que van ramificando desde la base con los años, hasta formar un grupo de columnas. El color es su rasgo más característico: un verde con reflejo azulado o glauco, bastante más frío que el verde hierba de otras columnares, que se oscurece a medida que la planta envejece.
Cada tallo tiene un número reducido de costillas anchas y redondeadas, normalmente entre cuatro y ocho, con las areolas repartidas a lo largo del filo. Las espinas son cortas, escasas y a veces casi inexistentes, lo cual lo diferencia a simple vista de casi cualquier otra columnar de vivero: puedes pasar la mano por el costado de un San Pedro adulto sin clavarte nada, cosa impensable en un Pachycereus o en un Cereus.
La floración es nocturna. Produce flores blancas grandes y muy perfumadas que se abren al caer la tarde y se marchitan a lo largo de la mañana siguiente, con el tubo floral cubierto de pelos oscuros. Solo florecen ejemplares ya maduros y bien asoleados, así que en maceta pequeña es raro verlo.
De dónde viene y por qué eso importa en el cultivo
Su área natural está en los Andes de Ecuador y Perú, a gran altitud, en zonas de valle y ladera donde llueve de verdad en la estación húmeda. Ese detalle explica casi todo su comportamiento en cultivo y explica también los dos errores que se cometen con él.
El primero es tratarlo como un cactus de desierto extremo. El San Pedro no viene de un secarral: agradece riegos más generosos que un Copiapoa o un Ariocarpus, y tolera un sustrato algo más rico en materia orgánica que la mezcla mineral estándar para cactáceas. Si lo mantienes en sequía severa, simplemente no crece.
El segundo es el contrario: creer que por venir de montaña aguanta cualquier invierno. Lo que soporta bien es el frío seco. En la costa mediterránea y en el sur peninsular vive fuera todo el año sin problema. En el interior, con heladas repetidas, conviene tenerlo en maceta para resguardarlo, y en el norte atlántico el enemigo no es la temperatura sino el sustrato encharcado durante meses, que lo pudre por la base. La combinación de frío y humedad es la que lo mata, no el frío por sí solo.
Echinopsis pachanoi
Luz, sustrato y riego
Un ejemplar adulto quiere sol directo abundante. Los ejemplares jóvenes y los esquejes recién enraizados son más delicados y se queman con facilidad si pasan de golpe de la sombra al sol de julio, así que con ellos toca aclimatar poco a poco, dándoles sol de mañana durante unas semanas antes de exponerlos al mediodía.
El sustrato tiene que drenar rápido pase lo que pase. Una mezcla de sustrato universal con una proporción alta de árido grueso (puzolana, pómez o gravilla lavada) funciona bien, y a diferencia de otras cactáceas puedes ser algo más generoso con la parte orgánica. La maceta, con agujero, y de un tamaño razonable: en un tiesto enorme el sustrato tarda demasiado en secar.
El riego va por estaciones. De primavera a principios de otoño, cuando está creciendo, riega a fondo hasta que salga agua por abajo y espera a que el cepellón se seque por completo antes del siguiente. En verano y en maceta, eso puede ser cada pocos días con calor fuerte. A partir del otoño se va espaciando, y en invierno el riego es mínimo o nulo, sobre todo si la planta pasa frío. Abonar no es imprescindible, pero un abono bajo en nitrógeno durante el crecimiento le sienta bien: el nitrógeno en exceso da tejidos blandos y propensos a hongos.
Cuando se riega demasiado y no ventila, aparecen manchas y podredumbres en los tallos. La respuesta es siempre la misma: cortar por encima del tejido dañado con una hoja limpia, dejar secar la herida al aire y replantear el riego. Las plagas habituales son las cochinillas, que se quitan con alcohol en pocos ejemplares o con jabón potásico si están extendidas, aplicado sin sol directo.
Multiplicarlo por esqueje
Es la vía práctica y la que usa todo el mundo, porque el San Pedro enraiza con una facilidad notable. El procedimiento tiene un solo punto crítico y es la cicatrización.
- Corta un trozo de tallo con un cuchillo limpio y afilado, en horizontal y de una pasada.
- Deja el esqueje en un sitio seco, ventilado y a la sombra, apoyado en vertical si puedes, hasta que el corte forme una costra seca y dura. Esto lleva días, y con esquejes gruesos bastante más de una semana.
- Planta solo entonces, con la base apenas enterrada, en sustrato seco y drenante.
- No riegues hasta pasados unos días. Enterrar un corte fresco y regarlo es la forma más rápida de que se pudra entero.
Los brotes que salen alrededor de la base de las plantas maduras se separan igual, cortando pegado al tallo madre. La mejor época para esquejar y para trasplantar es la temporada cálida, con la planta en pleno crecimiento. Al trasplantar, hazlo con el sustrato seco, revisa las raíces y retira las que estén podridas o muertas antes de volver a plantar.
El parecido con la antorcha peruana
El San Pedro se confunde constantemente con Echinopsis peruviana, la llamada antorcha peruana, que también es columnar y de tono azulado. La diferencia más práctica está en las espinas: la antorcha peruana las tiene claramente más largas y robustas, mientras que el San Pedro es casi liso. Aun así, hay muchísima variación individual y material cultivado de origen incierto, de modo que en el comercio los dos nombres circulan intercambiados con frecuencia. Si compras un ejemplar etiquetado y las espinas son largas, lo más probable es que la etiqueta esté mal.
La mescalina y lo que eso significa legalmente
La especie contiene mescalina, un alcaloide. Conviene tener clara la distinción: la planta se cultiva y se vende como ornamental en España sin restricción, pero la mescalina es una sustancia fiscalizada, incluida en la Lista I del Convenio de Viena de 1971 sobre sustancias sicotrópicas, que en España se aplica a través del Real Decreto 2829/1977. Preparar o consumir la planta con ese fin no es lo mismo que tenerla en el jardín.
Por eso este artículo no entra en preparaciones, cantidades ni procedimientos de ningún tipo, y tampoco recoge los usos rituales que se le atribuyen en su área de origen más allá de mencionar que existen. Como planta de casa, la precaución razonable es la de cualquier ejemplar con alcaloides: mejor fuera del alcance de niños y de mascotas.
En resumen
El San Pedro es probablemente la columnar más agradecida que puedes plantar en España: crece rápido para lo que es un cactus, casi no pincha, se multiplica cortando un trozo y florece de noche con flores blancas grandes cuando alcanza tamaño. Pide sol, un sustrato que drene y riegos generosos en verano seguidos de un invierno seco.
Sus dos puntos débiles son el encharcamiento en invierno y la quemadura solar de los ejemplares jóvenes sin aclimatar. Si resuelves esos dos, el resto del cultivo es rutina. Y si lo que buscas es la planta y no el nombre de la etiqueta, ten presente que lo que se vende como San Pedro y lo que se vende como antorcha peruana se solapan mucho en el comercio.