Cuando cae la última flor, a mediados o finales de enero, la mayoría de la gente tira el cactus de Navidad a la basura. Es justo el momento equivocado, porque lo que hagas con la planta en las semanas siguientes es lo que decide si el año que viene vuelve a florecer o se queda en un montón de segmentos verdes.
Después de florecer, la Schlumbergera entra en un reposo corto de unas semanas: se riega menos, no se abona y se busca un sitio fresco. Luego se despunta, se vuelve a regar y se abona toda la primavera y el verano, se pasa el verano a la sombra y en otoño se le dan noches largas y frescas. Este artículo recorre ese calendario entero, mes a mes.
Enero y febrero: el reposo que casi nadie le da
Florecer le cuesta a la planta una cantidad notable de reservas. Al terminar necesita parar, igual que un bulbo después de florecer, y ese descanso es lo que le permite acumular para el ciclo siguiente. En la práctica son unas semanas en las que reduces el riego, das solo el agua justa para que los segmentos no se arruguen, y no le echas nada de abono.
Le viene bien un sitio fresco durante ese tiempo: una habitación sin calefacción, una galería resguardada, un dormitorio del norte. Fresco no significa helado, así que en el interior peninsular no vale un balcón abierto en febrero. Sigue queriendo luz, así que el reposo no se hace en un trastero a oscuras.
Aprovecha para retirar los restos de flores secas que hayan quedado pegados a las puntas. Se caen solos con un toque y si se quedan ahí acaban enmoheciéndose con la humedad del ambiente.
Final del invierno: el despunte que dobla las flores
Esta es la operación que más diferencia marca y la que menos gente hace. Cuando termina el reposo, antes de que arranque el crecimiento nuevo, se le quitan uno o dos segmentos de la punta de cada rama. No se corta con tijera: se sujeta el segmento y se gira, y se desprende limpiamente por la articulación.
La lógica es sencilla. Las flores salen en la punta de los últimos segmentos, así que cuantas más puntas tenga la mata, más flores puede dar. Y cada punto donde despuntas tiende a brotar con dos ramas nuevas en lugar de una. Una planta despuntada todos los años se convierte en una bola densa; una que nunca se toca acaba con cuatro ramas largas y desgarbadas y muy pocas flores.
Los segmentos que quitas no se tiran. Se dejan secar un par de días para que cicatricen y se plantan en el mismo sustrato, y enraízan con una facilidad ridícula. Es la forma normal de tener plantas nuevas para regalar.
Este es también el momento de trasplantar, si toca, que es cada dos o tres años y no cada año.
Primavera: crecimiento
Con el reposo y el despunte hechos, se reanuda el riego normal. Normal para esta planta significa mantener el sustrato ligeramente húmedo, no empapado y tampoco seco del todo, y regar cuando la superficie se note seca al tacto. Nada de esperar a que el cepellón se seque por completo, que es lo que se hace con un cactus de desierto y lo que a esta le hace arrugar los segmentos.
Se empieza a abonar con un abono equilibrado para plantas de interior con flor, a la dosis que marque la etiqueta del envase. En primavera es cuando la planta fabrica los segmentos que darán las flores del invierno siguiente, así que el crecimiento de ahora es la floración de diciembre.
Verano: fuera, y siempre a la sombra
Si tienes patio, terraza o balcón, el verano al aire libre le sienta de maravilla, con una condición absoluta: sombra. Nada de sol directo. Vale el hueco bajo un árbol, el suelo de un patio orientado al norte, una galería con visillo. Recuerda de dónde viene: en su selva vive bajo la copa de los árboles.
El sol de julio de Andalucía, Extremadura o el valle del Ebro le quema los segmentos en una tarde, y los deja con un tono rojizo violáceo y una textura correosa que ya no se recupera. En esas zonas y en el interior, con veranos muy secos, a menudo la planta está mejor dentro de casa, en una habitación fresca y luminosa, que en una terraza aunque esté a la sombra. En la costa cantábrica y en el noroeste, con veranos suaves y húmedos, fuera a la sombra es su mejor época del año.
Se sigue regando y abonando mientras crece activamente. Vigila el sustrato en las olas de calor, porque en una maceta ancha al aire libre puede secarse mucho más rápido de lo que esperas.
Septiembre y octubre: lo que decide la floración
Aquí se juega el resultado. La Schlumbergera es una planta de día corto: forma botones florales cuando las noches se alargan y refrescan. Eso significa noches largas de oscuridad continua, del orden de doce horas o más, y temperaturas nocturnas claramente frescas, en el entorno de los diez a quince grados.
La palabra clave es continua. Si la planta está en el salón y enciendes la luz a las once de la noche, la interrumpes y la cuenta se reinicia. En una casa española con horarios tardíos ese es el motivo más frecuente de que no florezca. La solución más cómoda no es taparla con una caja todas las noches, sino cambiarla de habitación: un cuarto que no se use por la tarde, una galería, una habitación de invitados con la persiana bajada.
Al mismo tiempo se deja de abonar y se reduce el riego, sin llegar a dejarla seca. Ese conjunto de señales, noches largas, frescor y menos agua, es el que la planta interpreta como otoño en la selva. Cuando veas los botones formados en las puntas, se acabó el régimen y se vuelve al riego normal.
Un apunte de latitud: en el sur de España y en Canarias, las noches de octubre y noviembre son bastante más cálidas que en el interior, y las plantas tardan más en formar botón o lo hacen de forma irregular. No es un fallo tuyo, es el clima. Buscar el rincón más fresco de la casa ayuda más que cualquier otra cosa.
Noviembre y diciembre: no muevas la maceta
Con los botones ya formados, la planta se vuelve muy quisquillosa. Cualquier cambio brusco le hace tirar los botones sin abrir: moverla de sitio, girar la maceta para que le dé el sol por el otro lado, una corriente de aire frío al abrir la ventana, el radiador encendido cerca, o dejar que el cepellón se seque del todo.
Así que se elige el sitio donde va a lucir, se pone allí y se deja quieta hasta que termine de florecer. Riego regular, sin encharcar, y si la traes envuelta de la tienda, saca la maceta del cubremacetas para regar y devuélvela cuando haya escurrido. Perder algún botón es normal y no significa que estés haciendo nada mal; perderlos todos de golpe sí apunta a un cambio brusco.
Señales de que algo va mal
- Segmentos arrugados y blandos. Puede ser falta de agua o raíces podridas, que se ven exactamente igual. Toca el sustrato: si está seco, riega; si está mojado, saca la planta del tiesto y revisa la raíz.
- Segmentos que se desprenden por la base. Pudrición basal por exceso de agua. Corta puntas sanas y enraízalas, porque esa mata rara vez se recupera.
- Tono rojizo o violáceo. Exceso de luz directa. Retírala del cristal o dale más sombra.
- Motas algodonosas blancas en las articulaciones. Cochinilla algodonosa, que se esconde justo ahí. Se quita con un bastoncillo empapado en alcohol, una a una, revisando planta por planta.
- No florece pero crece bien. Casi siempre es luz nocturna en otoño, calor nocturno, o abono continuado en septiembre.
Cuánto vive
Décadas. Es una planta de las que se heredan, y hay ejemplares que llevan cuarenta o cincuenta años en la misma familia. Además mejora con la edad, porque una mata vieja y bien despuntada tiene cientos de puntas de segmento y por tanto cientos de flores posibles.
Visto así, el calendario anual deja de parecer trabajo. Son cuatro decisiones al año, ninguna complicada, a cambio de una planta que florece en diciembre durante el resto de tu vida.
En resumen
El cactus de Navidad no se tira en enero. Después de la flor viene un reposo de unas semanas con poco riego y nada de abono, y al final del invierno se despuntan uno o dos segmentos de cada rama, que es la operación que multiplica las flores del año siguiente y de paso te da esquejes. En primavera y verano se riega con regularidad y se abona, y el verano se pasa a la sombra, nunca a pleno sol.
En septiembre se para el abono, se reduce el riego y se busca una habitación fresca donde la planta tenga noches largas sin que nadie encienda la luz. Cuando aparezcan los botones, se coloca en su sitio definitivo y no se vuelve a mover hasta que acabe de florecer. Ese ciclo, repetido, convierte una planta de temporada en una planta de por vida.