Las orejas de conejo (Opuntia microdasys) parecen aterciopeladas y sin espinas, y es justo al revés: esos puntitos ordenados que le dan el aspecto suave son gloquidios, pelos con microscópicos ganchos que se sueltan al menor contacto y se clavan en la piel. Se cuida antes de nada teniendo eso presente. Nunca se toca con las manos desnudas y no se coloca en un pasillo, ni al alcance de niños o de animales.

Dicho eso, es un cactus fácil. Es una chumbera enana mexicana, de palas ovaladas que van brotando unas de otras, y pide lo que pide cualquier opuntia: mucha luz, sustrato que seque rápido, riego espaciado en verano y sequedad absoluta en invierno. Aguanta mucho mejor el olvido que el exceso de cariño.

Orejas de conejo, Opuntia microdasys, en maceta

Los gloquidios, y cómo manejar la planta sin acabar en urgencias

Un gloquidio mide muy poco, se desprende del areola con solo rozarla y, una vez dentro de la piel, cuesta bastante sacarlo porque sus ganchos impiden que salga tirando. Producen picor y una irritación que puede durar días. Trasplantar una oreja de conejo a mano limpia es una experiencia que no se repite.

El manejo seguro es de sentido común. Guantes gruesos de cuero o de nitrilo reforzado, y para sujetar la planta al trasplantar, unas pinzas de cocina o una tira de periódico doblada varias veces a modo de asa. Se trabaja sobre una superficie que se pueda barrer después, porque los gloquidios sueltos se quedan en la mesa. Y no se sopla nunca sobre la planta ni sobre la ropa para quitarlos, por motivos evidentes.

Si aun así se te clavan unos cuantos, los que se ven se sacan con pinzas finas y buena luz. Para los que no se ven, el sistema que funciona es aplicar cinta adhesiva ancha o cera depilatoria sobre la zona y tirar en la dirección en la que entraron. Si han llegado a los ojos, a la boca o a una zona que se inflama, no es asunto de remedios caseros: hay que ir al médico. Lo mismo si un perro o un gato se lleva un mordisco a una pala, porque el problema serio no es tóxico sino mecánico, gloquidios en el hocico, la lengua o las encías.

Qué planta es exactamente

Es un cactus mexicano de zonas áridas del centro y el norte del país. Forma matas de palas planas y ovaladas, de un verde claro algo amarillento, unidas una a la siguiente, y en el suelo y con clima cálido acaba formando un grupo denso bastante más ancho que alto. En maceta se queda mucho más pequeña y controlada, que es como se cultiva en España.

Lo que no tiene son espinas de verdad: donde otras opuntias sacan púas rígidas, esta solo tiene los cojinetes de gloquidios repartidos con una regularidad casi geométrica. De ahí el aspecto de peluche y el nombre popular. También se la llama alas de ángel y cactus lunares, aunque este último nombre lo comparte con otras plantas y no ayuda a identificarla.

En el comercio circulan algunas formas diferenciadas por el color de los gloquidios: las hay con gloquidios blancos, amarillo dorado y de tono rojizo o pardo. La de gloquidios rojizos se confunde a menudo con Opuntia rufida, una especie próxima. En cultivo se manejan todas igual.

Luz y ubicación

Esta sí es una planta de sol, al contrario que muchas suculentas de interior. Quiere el sitio más luminoso de la casa, preferiblemente una ventana orientada al sur, o directamente el exterior durante la temporada cálida. Con poca luz las palas nuevas salen pálidas, alargadas y deformes, y la planta pierde su forma característica.

La única precaución es el cambio brusco. Si ha pasado el invierno dentro de casa y la sacas de golpe al sol de mayo, se quema: aparecen manchas blanquecinas o corchosas en la cara más expuesta, que no se van. La aclimatación se hace en una o dos semanas, empezando por unas horas de sol de mañana e incrementando poco a poco. Y como el crecimiento se orienta hacia la luz, en interior tiende a inclinarse; girar la maceta de vez en cuando, con guantes, la mantiene recta.

Riego y sustrato

El riego va por empapado y secado completo. Se moja el sustrato hasta que el agua sale por el agujero de drenaje y no se vuelve a regar hasta que está seco del todo, cosa que se comprueba con el dedo o por el peso de la maceta. En primavera y verano, con la planta creciendo y calor, eso cae cada pocos días o cada dos semanas según el clima y el tamaño de la maceta. En invierno, con la planta parada y fresca, el riego se suspende prácticamente del todo.

El sustrato debe drenar rápido y no apelmazarse: sirve una mezcla de sustrato para cactus con una parte igual o mayor de material mineral grueso, como pómice, picón, arena silícea lavada o arlita. Nada de arena de playa, por la sal y por lo fina que es. La maceta, de barro si es posible, con agujero, y de un tamaño ajustado a la planta, porque un tiesto demasiado grande retiene humedad durante semanas. Una capa de grava o gravilla en la superficie mantiene el cuello seco y, de paso, sujeta la planta si tiende a volcar.

El invierno en España

No es una planta rústica en la mayor parte del país. Tolera el frío seco bastante mejor que el húmedo, pero la helada le daña los tejidos y las palas quedan con zonas blandas y traslúcidas que luego se pudren. La regla práctica es sacarla del frío antes de que lleguen las heladas y mantenerla completamente seca mientras haga frío, porque la combinación de sustrato mojado y temperatura baja es lo que la mata.

En el interior peninsular y en zonas de montaña, el invierno lo pasa dentro de casa, en una habitación luminosa y fresca, o en una galería o invernadero frío. En la costa mediterránea y en el sur puede quedarse fuera en un sitio resguardado y a cubierto de la lluvia. En la cornisa atlántica, el enemigo es la lluvia continua sobre la maceta, así que ahí conviene ponerla bajo techo aunque no hiele. Un detalle que compensa el esfuerzo: un invierno fresco y seco es justamente lo que estimula la floración de primavera.

Flores, frutos y crecimiento

Cuando florece, saca flores amarillas en el borde superior de las palas, a finales de primavera o en verano, y después pueden formarse frutos rojizos o purpúreos. En maceta y en interior la floración es poco frecuente: necesita una planta adulta, mucha luz y ese reposo invernal fresco y seco. Ni el abono ni el riego extra la provocan.

El crecimiento es en cadena, cada pala brota de otra, y con el tiempo la planta puede desequilibrarse. Se puede podar: se separa una pala entera por la articulación, con guantes y un cuchillo limpio, y se aprovecha como esqueje. En temporada de crecimiento, un abono para cactus a mitad de dosis una vez al mes es más que suficiente; en invierno, ninguno.

Multiplicación por palas

Es de las más sencillas que hay. Se corta una pala sana por su unión con la planta madre, se deja secar la herida a la sombra durante varios días, hasta que forme una costra bien seca, y se planta de pie en sustrato mineral, enterrada solo lo justo para que se mantenga derecha. No se riega hasta pasada una semana o diez días, y después se riega muy poco hasta notar que la pala está agarrada. La primavera es la mejor época.

Un aviso que no tiene que ver con la maceta sino con el campo. Varias especies del género Opuntia están incluidas en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, aprobado por el Real Decreto 630/2013, por su capacidad de colonizar terrenos áridos a partir de fragmentos desechados. Aunque tu planta sea un cactus de interior, los restos de poda y las palas sobrantes van a la basura, nunca al monte ni a un solar. Si piensas plantar opuntias en el jardín, conviene consultar antes el anexo de ese real decreto y la normativa de tu comunidad autónoma.

Problemas habituales

  • Palas blandas y arrugadas. Si están arrugadas pero firmes, falta agua. Si están blandas, acuosas y algo oscuras, sobra: revisa el drenaje y deja secar del todo.
  • Base parda y blanda. Podredumbre, casi siempre por riego en frío. Corta por tejido sano, deja secar y replanta la parte aprovechable como esqueje.
  • Palas nuevas pálidas y alargadas. Falta de luz.
  • Manchas blanquecinas duras en la cara al sol. Quemadura por exposición brusca, no se recupera.
  • Motas algodonosas en las areolas. Cochinilla algodonosa. Se retira con un bastoncillo con alcohol, con guantes y mucha paciencia.

En resumen

Las orejas de conejo son un cactus fácil con un detalle que condiciona todo lo demás: sus gloquidios se clavan al menor roce y cuestan de sacar, así que se manipula siempre con guantes y pinzas y se coloca fuera del paso de niños y animales. En lo demás pide sol, sustrato mineral que seque rápido, maceta con agujero y riego por empapado con secado completo entre riegos.

La clave estacional es el invierno: seca y protegida de la helada, dentro de casa o en galería en el interior peninsular y a cubierto de la lluvia en el norte. Ese reposo fresco y seco es además lo que puede darte flores amarillas en primavera. Y si te sobran palas al podar, enraízalas después de dejar secar el corte, pero no las tires nunca al campo.


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