Si buscas un número, el más honesto es este: en plena primavera y verano un cactus de maceta pequeña en España se riega aproximadamente cada siete a quince días, en otoño se espacia a tres o cuatro semanas, y de diciembre a febrero, si la planta pasa el invierno fresca, no se riega en absoluto. Ese es el calendario orientativo, y funciona razonablemente bien en el interior peninsular y en la costa mediterránea.
Ahora la letra pequeña, que importa más que el número. Ese calendario no es una norma, es una media de la que te vas a separar constantemente, porque depende del tamaño de la maceta, del sustrato y sobre todo del clima que tienes tú. La regla que sí manda siempre es otra: se riega cuando el sustrato está seco de verdad hasta el fondo, se empapa hasta que el agua sale por el agujero de abajo y no se vuelve a tocar hasta que vuelve a secarse por completo. El plato nunca se deja con agua. Un cactus muere mucho más a menudo por exceso que por defecto, y el calendario solo sirve para saber cuándo toca ir a comprobarlo.
El calendario, estación por estación
El cactus de desierto tiene dos vidas al año. De marzo a septiembre crece, engorda, echa espinas nuevas y florece, y en esa fase bebe. De octubre a febrero se para, no gasta agua y sus raíces finas se secan y se retiran. Si riegas en esa fase, el agua se queda en el sustrato sin que nadie la consuma y acaba pudriendo el cuello de la planta. Ese es el error que mata más cactus en España, y casi siempre pasa en enero.
| Época | Frecuencia orientativa | Qué está haciendo la planta |
|---|---|---|
| Marzo y abril | Un primer riego suave cuando arranque el calor, luego cada dos semanas | Despierta y rehidrata las raíces |
| Mayo y junio | Cada siete a doce días | Crecimiento y floración |
| Julio y agosto | Cada siete a diez días, y menos si hay parón por calor extremo | Crece, o se detiene si pasa de cierta temperatura |
| Septiembre y octubre | Cada dos o tres semanas, espaciando | Último empujón y preparación del reposo |
| Noviembre a febrero | Nada, o un riego mínimo si está en interior con calefacción | Reposo |
Fíjate en el detalle de julio y agosto. Se repite mucho que en verano hay que regar más, y en la mitad sur de España pasa lo contrario durante las semanas de calor fuerte: muchos cactus entran en un parón estival, cierran estomas y dejan de crecer. Regar a fondo a una planta parada, con el sustrato a mucha temperatura, es una forma bastante eficaz de cocerle la raíz. En esas semanas conviene regar por la tarde noche, cuando la maceta ya se ha enfriado, y no al mediodía.
El mismo cactus no se riega igual en Málaga que en Burgos
Aquí es donde los artículos traducidos fallan: dan un calendario pensado para otro sitio. En España conviven cuatro situaciones muy distintas y el calendario cambia en cada una.
- Costa mediterránea y sur. Temporada de crecimiento larguísima, de marzo a octubre. En el litoral cálido muchos cactus pueden vivir fuera todo el año bajo alero, y el riego se alarga hasta bien entrado el otoño. El problema aquí no es el frío, es el agua: muy calcárea, y la maceta se cubre de costra blanca.
- Interior peninsular. Verano seco y ardiente, invierno con heladas. Riego generoso y espaciado de mayo a septiembre, corte total desde octubre. El reposo seco y frío es justamente lo que necesitan, siempre que estén protegidos de la lluvia y de la nieve.
- Cornisa cantábrica y noroeste atlántico. El enemigo no es la sequía, es la lluvia constante de otoño e invierno y la humedad ambiental alta. Aquí un cactus al aire libre se pudre aunque tú no lo riegues nunca. Lo que toca es meterlo bajo cubierta y, en verano, regar algo menos de lo que dice cualquier tabla, porque el sustrato tarda mucho más en secar.
- Canarias. Prácticamente sin reposo invernal marcado en las zonas costeras. Muchos cactus siguen activos y admiten riegos puntuales en invierno, cosa que en la meseta sería un disparate.
Dentro de casa el calendario se descoloca
Un cactus en el alféizar de un salón con calefacción no vive el invierno que le corresponde. La calefacción le da veinte y pico grados y el aire seco le hace perder agua, pero la luz de diciembre es poquísima. El resultado es un estirado pálido y blando, el famoso etiolado, que además es mucho más propenso a pudrirse.
Tienes dos salidas coherentes. La buena es darle un invierno de verdad: una habitación fresca y muy luminosa sin calefacción, o una galería cerrada, y cero riego hasta marzo. La de compromiso, si no tienes ese sitio, es mantenerlo en la ventana más luminosa que tengas y darle un riego ligero, no un empapado, cada cuatro o seis semanas, solo para que no se deshidrate del todo. Un cactus que pasa el invierno caliente y seco pierde el reposo, y el reposo es lo que dispara la floración de primavera. Si el tuyo nunca florece, ahí tienes la explicación más probable.
Cuándo el calendario cambia por completo: los cactus de selva
El Schlumbergera, el cactus de Navidad, no entra en nada de lo anterior. No es un cactus de desierto sino un epífito de la selva atlántica brasileña, donde vive sobre las ramas de los árboles con humedad ambiental alta y raíces bien aireadas. Lo mismo vale para el de Pascua, Rhipsalidopsis, y para los Rhipsalis.
Estos florecen en invierno, o sea que su época de gasto es justo cuando el resto está parado. No se les corta el riego en diciembre: se mantienen con el sustrato ligeramente húmedo, sin llegar a encharcar, durante la floración. Su reposo real es un periodo corto de menos agua después de florecer. Tratarlos como un cactus de desierto y dejarlos secos todo el invierno es la razón por la que se caen los segmentos y se quedan los capullos sin abrir.
Cómo se comprueba antes de regar
El calendario te dice cuándo ir a mirar, no cuándo regar. La comprobación que hace todo el mundo, meter el dedo dos centímetros, no vale: en un sustrato mineral la superficie se seca en horas mientras el fondo sigue mojado. Hay dos formas fiables y gratuitas.
La primera es el peso de la maceta. Levántala recién regada y levántala otra vez a los diez días. La diferencia es enorme y se aprende en un par de ciclos. La segunda es un palillo de madera largo clavado hasta el fondo: si sale limpio y seco, riega; si sale con partículas oscuras pegadas o con la punta fría y húmeda, espera. Con cualquiera de las dos vas a acertar más que con el mejor calendario.
Qué modifica el calendario en tu casa
Antes de fiarte de la tabla, ajústala con esto. La maceta de barro sin esmaltar transpira por la pared y seca mucho antes que la de plástico, así que con barro riegas más a menudo. La maceta grande con una planta pequeña retiene agua en un volumen que las raíces no ocupan, y es una de las causas más frecuentes de pudrición: mejor una maceta ajustada. Un sustrato mineral, con arena lavada, puzolana o picón, seca en días; el sustrato universal de saco puede tardar semanas y es el que ahoga a la planta. Y la corriente de aire importa: un cactus en una terraza ventilada seca mucho antes que el mismo cactus en un rincón interior sin movimiento de aire.
Señales de que te has pasado o te has quedado corto
Un cactus sediento se arruga, encoge las costillas hacia dentro, se ablanda un poco al tacto de forma uniforme y pierde brillo. Se recupera en pocos días con un riego a fondo y no tiene mayor importancia.
Un cactus pasado de agua hace otra cosa: se ablanda por la base, aparece una zona marrón o casi negra en el cuello, justo donde el tallo se encuentra con el sustrato, y la planta se vuelve inestable, como si bailara en la maceta. Ese es el cuadro de la pudrición y no se arregla dejando de regar. Hay que sacarla, limpiar la raíz, cortar con hoja limpia hasta encontrar tejido blanco y sano, dejar secar el corte varios días al aire y replantar en sustrato seco sin regar durante un par de semanas. Si la podredumbre ya subió por el cuello, lo que se salva es un esqueje de la parte sana de arriba.
En resumen
El calendario existe y sirve como referencia: cada una o dos semanas en primavera y verano, cada tres o cuatro en otoño, nada en invierno si la planta descansa en fresco. Pero es un recordatorio para ir a comprobar, no una orden. En la costa mediterránea alargarás la temporada, en el interior la acortarás con un corte tajante en octubre, y en el norte atlántico lo que te salvará no es el riego sino el tejado.
Si solo te quedas con una idea, que sea esta: empapar a fondo y espaciar mucho es mejor que regar poquito y a menudo. El riego escaso y frecuente mantiene la superficie húmeda, favorece la pudrición del cuello y no llega nunca a las raíces profundas. Empapa, deja que salga agua por abajo, vacía el plato y olvídate hasta que la maceta pese como una piedra seca.