Un cactus es cualquier planta de la familia Cactaceae, y lo que define a esa familia no son las espinas ni el aspecto carnoso, sino una estructura llamada areola. Es esa almohadilla pequeña, casi siempre con pelillos, de la que salen las espinas, las ramas y las flores. Si una planta suculenta tiene areolas, es un cactus. Si tiene espinas pero salen directamente del tallo sin almohadilla, o si al romperla suelta un jugo lechoso, no lo es: casi seguro estás ante una euforbia.

La otra idea que conviene tener clara desde el principio es que cactus y suculenta no son categorías enfrentadas. Todos los cactus son suculentas, porque almacenan agua en sus tejidos. Lo que pasa es que muchísimas suculentas (crásulas, echeverias, áloes, senecios) pertenecen a otras familias muy alejadas. Decir "cactus y suculentas" es como decir "perros y animales".

Cactus de interior en maceta, con areolas y espinas visibles

Ficha de la familia

FamiliaCactaceae
Número de especiesEn torno a 1.500 a 1.800, según el autor que las clasifique
Origen naturalAmérica, desde Canadá hasta la Patagonia. La única excepción es Rhipsalis baccifera, presente también en África, Madagascar y Sri Lanka
Rasgo que define a la familiaLa areola, yema modificada de la que brotan espinas, ramas y flores
Función de las espinasSon hojas modificadas: dan sombra, frenan el viento seco y defienden de los herbívoros
Dónde se hace la fotosíntesisEn el tallo, no en hojas
Dos grupos ecológicosCactus de desierto y cactus epífitos de selva
SustratoMineral y con drenaje rápido en los de desierto; algo más orgánico y aireado en los epífitos

Cómo funciona un cactus por dentro

Un cactus de desierto ha resuelto el mismo problema de tres maneras a la vez. La primera es guardar agua: el tallo es un depósito de tejido esponjoso, y esas costillas plegadas que ves en tantas especies funcionan como un acordeón, de modo que la planta se hincha cuando llueve y se contrae en sequía sin romper la piel.

La segunda es no perderla. La piel es gruesa, está recubierta de ceras y tiene muy pocos estomas comparada con una planta de hoja. Las espinas, los pelos y esos recubrimientos blancos harinosos que desarrollan algunas especies rompen el viento y crean una capa de aire quieto alrededor del cuerpo, que es lo que evita la evaporación.

La tercera es el truco bueno: la mayoría de los cactus usan el metabolismo CAM. Abren los estomas de noche, cuando el aire está fresco y húmedo, fijan el dióxido de carbono en forma de ácido y lo procesan de día con los estomas cerrados. Por eso un cactus pierde muchísima menos agua que una planta convencional para hacer la misma cantidad de fotosíntesis, y también por eso crece tan despacio: ese sistema es muy ahorrador, pero poco productivo.

Cactus de desierto y cactus de selva

Dentro de la familia hay dos formas de vida muy distintas, y confundirlas es el origen de la mayoría de los desastres domésticos.

Los cactus de desierto son los que todo el mundo imagina: globosos, en columna o en palas, con espinas, de zonas áridas de América. Quieren sol intenso, sustrato mineral, riego espaciado y un invierno seco y fresco durante el que prácticamente no se riegan.

Los cactus epífitos viven en las selvas tropicales y subtropicales americanas, subidos a las ramas de los árboles o agarrados a rocas, con las raíces en un puñado de musgo y hojarasca. Ahí no hay sol directo, hay luz filtrada, humedad y lluvia frecuente. A este grupo pertenecen el cactus de Navidad (Schlumbergera), el cactus de Pascua (Rhipsalidopsis), los Rhipsalis de tallos colgantes y filiformes, los Epiphyllum de flores enormes y la cola de rata (Disocactus flagelliformis). Sus tallos son aplanados o cilíndricos y finos, con espinas reducidas a cerdas o directamente ausentes, porque en la selva no hacen falta.

Un detalle que aclara muchos malentendidos: el cactus de Navidad se llamó Zygocactus hace décadas y todavía aparece así en etiquetas antiguas, y a veces se confunde con Epiphyllum. El nombre correcto es Schlumbergera. Y el de Pascua, que florece en primavera y tiene los segmentos de borde liso, es Rhipsalidopsis.

Espinas, gloquidios y otros pinchos

No todas las espinas son iguales. Las de un Ferocactus o una Mammillaria son rígidas y visibles, y con ellas basta con tener cuidado al manipular la planta. Las de las chumberas y sus parientes, en cambio, esconden un problema aparte: los gloquidios, penachos de pelillos diminutos y barbados que se desprenden al mínimo roce, se clavan en la piel y son muy difíciles de extraer porque no se ven. Una Opuntia microdasys parece inofensiva y aterciopelada, y es justo la que más da guerra. Guantes gruesos siempre que la muevas.

Hay también cactus sin ninguna espina visible, como Astrophytum myriostigma o los Rhipsalis, y cactus que tienen hojas de verdad. Las especies del género Pereskia y sus parientes cercanos, trepadoras leñosas de América tropical, conservan hojas planas y son la pista de cómo debieron ser los antepasados de la familia antes de convertirse en depósitos de agua con pinchos.

Cactus y euforbias, dos familias que se parecen por casualidad

Muchas euforbias africanas tienen tallos carnosos, costillas y pinchos, y se venden junto a los cactus. Se parecen porque han resuelto el mismo problema climático por separado, en continentes distintos: es un caso de libro de evolución convergente. Distinguirlas es fácil con tres pistas.

  • Las areolas. Los cactus tienen esa almohadilla de la que salen las espinas. Las euforbias llevan los pinchos en pares sobre el borde de la costilla, sin almohadilla.
  • El látex. Al romper una euforbia sale un jugo blanco y pegajoso. Un cactus no lo tiene. Y ese látex es irritante para piel y ojos y tóxico por ingestión, así que la prueba no se hace a lo bruto: se mira la planta, no se corta por curiosidad.
  • La flor. La flor de un cactus es grande, con muchísimos pétalos y estambres. Lo que parece flor en una euforbia es una estructura diminuta rodeada de brácteas.

Entre las euforbias que se venden como cactus están el árbol de la leche africana (Euphorbia trigona) y la corona de Cristo (Euphorbia milii). Si las tienes en casa, guantes al podar, lavarse las manos después y, si el látex salta a un ojo, lavar con agua abundante y acudir al médico.

El ciclo anual, que es lo que casi nadie respeta

Un cactus no crece todo el año. Los de desierto tienen un periodo activo cálido, en el que engordan, sacan espinas nuevas y florecen, y un reposo en el que se paran del todo. En cultivo doméstico ese reposo cae en invierno, y consiste en dejar de regar y mantener la planta fresca. Saltarse el reposo tiene dos consecuencias: la planta no florece, porque la floración se dispara justo al salir de él, y crece de forma estirada y pálida por la falta de luz invernal.

Los epífitos funcionan al revés en un detalle importante: el descenso de temperatura y el acortamiento de los días de otoño son precisamente la señal que les induce los botones florales. Por eso un cactus de Navidad en una habitación siempre caldeada y con luz artificial por la noche puede no florecer nunca, aunque esté sano.

En resumen

Cactus es una familia botánica americana definida por las areolas, no un tipo de aspecto. Dentro de ella hay plantas de desierto que quieren sol duro, sustrato mineral e invierno seco, y plantas de selva que quieren luz filtrada, algo de humedad y un otoño fresco. Aplicar el manual de las primeras a las segundas es el error más repetido en las casas.

Con esa base, el resto se ordena solo: la forma del tallo te dice cuánta agua guarda, las espinas te dicen de dónde viene, y la ausencia de areolas o la presencia de látex te avisan de que la planta que has comprado no es un cactus, sino una euforbia con la que hay que tener cuidado.


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