Un cactus no es una planta normal que aguanta mucho. Es una planta que funciona de otra manera: respira de noche, ha convertido sus hojas en espinas, depende de polinizadores que casi nadie ve y, en el caso de la chumbera, ha sostenido durante siglos una industria de tinte y un cultivo de fruta y forraje.

Estas ocho cosas explican cómo vive un cactus y por qué se comporta como se comporta, incluida la más desconcertante para quien lo tiene en casa: que crezca tan despacio. También llegan hasta el campo español, donde las chumberas llevan generaciones y donde una plaga lleva años arrasándolas.

Grupo de cactus de distintas especies

1. Abren los estomas de noche y los cierran de día

Cualquier planta corriente abre de día los poros de sus hojas, los estomas, para tomar el dióxido de carbono que necesita la fotosíntesis. El problema es que por ahí se escapa vapor de agua, y en pleno sol de un desierto eso es insostenible.

Los cactus resuelven el conflicto separando las dos fases en el tiempo. Es el metabolismo CAM, por las siglas en inglés de metabolismo ácido de las crasuláceas. De noche, con el aire fresco y más húmedo, abren los estomas, capturan el dióxido de carbono y lo fijan en forma de un ácido orgánico que almacenan en las células. De día, con los estomas cerrados a cal y canto, liberan ese carbono almacenado y hacen la fotosíntesis a puerta cerrada, con la luz del sol pero sin perder agua.

El resultado es una eficiencia enorme: un cactus produce mucha más materia vegetal por cada litro de agua que pierde que casi cualquier otra planta. Es el mismo mecanismo que tienen las crasas, y de hecho recibió el nombre por ellas.

2. Ese truco tiene un precio, y es la lentitud

La gente se desespera porque su cactus no crece. No es que esté mal cuidado, es que el CAM sale caro. La cantidad de carbono que se puede almacenar en una noche está limitada por el espacio de las células, así que el suministro diario de materia prima es mucho menor que el de una planta que respira a pleno sol durante doce horas. Además, montar y desmontar esos ácidos consume energía.

Por eso los cactus crecen a un ritmo que se mide en años. Y por eso no hay abono ni riego extra que acelere el proceso más allá de cierto punto: forzar a un cactus con agua y fertilizante no lo hace crecer sano, lo hace crecer blando y deforme. Lo que sí cambia el ritmo de verdad es la luz, porque es lo único que realmente limita la fase diurna.

Cactus en maceta creciendo

3. Las espinas son hojas

No son púas de la corteza ni pelos endurecidos. Las espinas de un cactus son hojas modificadas, órganos que en el desarrollo de la planta ocupan exactamente el lugar que ocuparía una hoja. Salen de la areola, que es una yema, igual que en otra planta las hojas salen de los nudos del tallo.

Es un cambio radical: la hoja, que es el órgano de la fotosíntesis, se ha reconvertido en una estructura muerta, seca y sin clorofila, y el trabajo fotosintético ha pasado íntegro al tallo. La prueba está en los géneros primitivos como Pereskia, que tienen a la vez hojas normales y espinas, con las espinas saliendo de areolas en las axilas de las hojas.

Los gloquidios de las opuntias son una variante de lo mismo: espinas diminutas, finísimas y con ganchos microscópicos, agrupadas por cientos en cada areola. Son las que se clavan al mínimo roce y cuesta tanto sacar.

4. Las espinas hacen bastante más que pinchar

La función defensiva es evidente, pero no es la única ni siempre la principal. Una mata densa de espinas rompe el flujo de aire junto a la superficie del tallo, y eso reduce la evaporación igual que un cortavientos. Además proyecta sombra sobre la piel, lo que baja la temperatura de la superficie en las horas de máxima radiación. Muchas especies de alta montaña andina van cubiertas de pelos blancos que funcionan como un abrigo aislante frente al frío nocturno.

En zonas donde la niebla es una fuente de humedad importante se ha descrito que las espinas y los pelos recogen las gotas en suspensión y las conducen hacia la base de la planta. No es el mecanismo principal de todos los cactus, pero sí un rasgo documentado en especies de ambientes con niebla costera.

5. A muchos los polinizan murciélagos y polillas

Flores rosadas de Mammillaria spinosissima

Cactus Mammillaria spinosissima

La forma, el color y el horario de una flor de cactus cuentan quién viene a visitarla. Las flores diurnas, vistosas y de colores intensos, atraen abejas y otros insectos; las tubulares y rojas, a los colibríes americanos. Y las grandes flores blancas que se abren de noche y huelen fuerte están hechas para dos grupos: las polillas de trompa larga, sobre todo esfíngidas, y los murciélagos nectarívoros.

La relación entre los grandes cactus columnares del norte de México y el suroeste de Estados Unidos y sus murciélagos polinizadores es uno de los ejemplos clásicos de dependencia mutua: el murciélago se alimenta del néctar y del polen, y a cambio la planta se reproduce. Es una de las razones por las que la conservación de esos cactus no se puede separar de la conservación de la fauna que los visita.

6. El rojo carmín salió de un insecto que vive sobre la chumbera

Durante siglos, el colorante rojo más valioso del mundo se obtuvo de la cochinilla del carmín (Dactylopius coccus), un insecto diminuto que vive sobre las palas de las opuntias, cubierto de una cera blanca que parece moho. De las hembras se extrae el ácido carmínico, que da un rojo intenso y muy estable.

Fue uno de los productos que México exportó a Europa tras la conquista, y durante el siglo XIX su cultivo se convirtió en la principal actividad económica de varias islas de Canarias, que se llenaron de chumberas plantadas expresamente para criarla. La llegada de los tintes sintéticos hundió el negocio, aunque la cochinilla canaria sigue produciéndose a pequeña escala y el carmín se usa todavía como colorante, incluso en alimentación y cosmética.

7. El nopal no es un adorno, es un cultivo

La chumbera (Opuntia ficus-indica) es una planta agrícola de pleno derecho, y en México sostiene dos producciones distintas. Los nopalitos son las palas tiernas, recolectadas jóvenes, limpias de espinas y consumidas como verdura, cocidas o a la plancha. Y la tuna, que aquí llamamos higo chumbo, es el fruto: dulce, cargado de semillas duras y cubierto de gloquidios que hay que retirar antes de pelarlo, nunca con las manos desnudas.

Además es un forraje de emergencia importante en zonas áridas, porque produce biomasa con muy poca agua y el ganado la come una vez quemadas o retiradas las espinas. De la tuna se hacen mermeladas, arropes y siropes. Es prácticamente la única cactácea con un peso económico real como alimento, y conviene decirlo porque la mayoría de las crasas ornamentales no se comen.

8. En España la chumbera está en horas bajas por una plaga

Trasplante de un cactus sobre una mesa de trabajo

La chumbera lleva siglos en el paisaje mediterráneo español, donde se plantó como seto vivo, como linde de fincas y por su fruto, y donde en muchos sitios se ha naturalizado hasta comportarse como invasora. Conviene tenerlo presente antes de plantar una en el campo: varias opuntias figuran en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, aprobado por el Real Decreto 630/2013, con las restricciones que eso conlleva.

Y desde hace años hay un problema añadido. Una cochinilla distinta de la del carmín, Dactylopius opuntiae, se detectó en el sureste peninsular y se ha ido extendiendo por Andalucía, la costa mediterránea y Canarias, matando chumberas silvestres y cultivadas a gran escala. En zonas donde la chumbera formaba parte del paisaje, lo que queda hoy son esqueletos secos. Si tienes opuntias en el jardín y aparecen masas algodonosas blancas en las palas, no es un hongo ni polvo: es esa cochinilla, y conviene revisarlo pronto.

En resumen

Lo que define a un cactus es un modo de vida completo, no solo su aspecto. Respira de noche para no perder agua, paga esa eficiencia con una lentitud que no hay manera de acelerar, ha convertido sus hojas en espinas que además le dan sombra y frenan el viento, y depende para reproducirse de polinizadores nocturnos que raramente vemos.

Y una parte de esa historia nos toca de cerca. La chumbera llegó de América, dio de comer, sirvió de linde y sostuvo el negocio del carmín en Canarias, y hoy está en retroceso por una plaga que se extiende por el sur y el este peninsular. Mirar un cactus sabiendo todo esto se parece poco a mirar una planta que solo hay que regar poco.


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