Plantas veinte bulbos de muscari un otoño cualquiera y diez años después siguen ahí, multiplicados y con más flor que el primer año. Se le conoce como nazareno, jacinto de penacho o jacinto de uva, y ese último nombre describe bien lo que hace: una espiga apretada de florecillas azules con la boca estrechada, que de lejos parece un racimo de uvas puesto del revés. Florece a finales del invierno y principios de la primavera, cuando el jardín todavía está vacío, y eso es buena parte de su valor.
Es también una planta a la que se le suelen dar cuidados de más. Se riega cuando debería estar seca, se le cortan las hojas cuando aún están trabajando y se desentierran los bulbos cada verano sin ninguna necesidad. En este artículo verás qué necesita realmente y qué puedes dejar de hacer.
Qué planta es exactamente el muscari
El género Muscari pertenece a la familia de las asparagáceas y reúne unas cuarenta o cincuenta especies repartidas por la cuenca mediterránea, los Balcanes y Asia Menor. Son geófitos bulbosos: pasan el verano bajo tierra en forma de bulbo tunicado, sin ninguna parte aérea, y rebrotan cuando llegan las lluvias del otoño.
Las que vas a encontrar en centros de jardinería y catálogos son básicamente estas:
Muscari armeniacum es la más vendida con diferencia. Espigas de un azul cobalto intenso con el borde de cada florecilla ribeteado de blanco, unos 20 cm de altura y una capacidad de multiplicarse enorme. Es la que ves en las fotos de campos azules bajo los cerezos. La variedad 'Valerie Finnis' es de un azul mucho más pálido, casi celeste, y merece la pena si buscas algo menos estridente.
Muscari botryoides es algo más baja y compacta, con las florecillas más redondeadas y un azul ligeramente más apagado. Su forma 'Album' es blanca pura y funciona muy bien mezclada con la especie tipo.
Muscari neglectum es el nazareno silvestre de buena parte de la Península. Lo verás en ribazos, olivares y cunetas de media España floreciendo en febrero y marzo. Es de un azul casi negro con el ribete blanco muy marcado. Al ser autóctono, es el más resistente a nuestro clima y el que menos exige.
Muscari comosum, el ajo de culebra o nazareno de penacho, hoy clasificado a menudo como Leopoldia comosa, es distinto: la espiga es laxa y remata en un penacho de flores estériles violetas muy vistoso. Sus bulbos, los lampascioni, se comen encurtidos en el sur de Italia. Es planta de secano, aguanta perfectamente el verano manchego sin una gota de agua.
Un detalle que conviene saber de entrada: el muscari saca las hojas en otoño, no en primavera. Las cintas verdes aparecen con las primeras lluvias de octubre o noviembre y se quedan ahí todo el invierno, tumbadas, un poco desordenadas, hasta que en febrero sube la vara floral entre ellas. Mucha gente cree que la planta está mal o que se ha equivocado de estación y las corta. No lo hagas: ese follaje invernal es el que fabrica las reservas de la floración.
Cuándo y cómo plantar los bulbos
La época de plantación es el otoño, y en la Península concretamente entre finales de septiembre y noviembre. En zonas frías del interior conviene adelantarse a octubre para que enraícen antes de que el suelo se enfríe del todo; en el litoral mediterráneo y en el sur puedes esperar hasta noviembre sin problema, porque la tierra sigue templada y el bulbo tiene tiempo de sobra.
Comprar bulbos también tiene su técnica. Elige los que estén firmes al apretarlos, secos y con la túnica exterior íntegra. Descarta cualquiera que esté blando, con manchas oscuras o con moho azulado en la base. Los bulbos de muscari son pequeños, del tamaño de una avellana o algo mayores, y no debe engañarte esa escala: un bulbo grande de una partida sana dará mejor espiga el primer año que tres bulbos raquíticos.
Para la profundidad vale la regla general de las bulbosas: enterrarlo a unas tres veces su propia altura. En el muscari eso son unos 6 a 8 cm medidos desde la superficie hasta la base del bulbo. Quedarse corto es peor que pasarse, porque los bulbos superficiales se calientan en verano y se secan.
La orientación importa: la punta hacia arriba y la base ancha, donde salen las raíces, hacia abajo. Si algún bulbo está tan redondeado que no distingues los polos, plántalo de lado; el tallo se orientará solo mediante geotropismo, aunque perderá unos días haciéndolo.
La distancia entre bulbos es de 5 a 8 cm. Aquí conviene ser generoso con el número: el muscari plantado de uno en uno no luce nada. Su efecto es de masa. Planta grupos de veinte, cincuenta o cien bulbos formando manchas irregulares, nunca en fila ni en círculos regulares. Un truco de plantación natural consiste en lanzar los bulbos al suelo desde medio metro de altura y plantarlos donde caigan, respetando esas separaciones desiguales.
El suelo ha de drenar. Es la única exigencia seria de esta planta. En terreno arcilloso y compacto, típico de muchas zonas de la meseta, los bulbos se pudren en un invierno lluvioso. La solución no es cambiar toda la tierra sino trabajar los primeros 20 cm incorporando arena gruesa de río o grava fina, o bien plantar en un bancal ligeramente elevado. En cuanto a pH, el muscari es indiferente y va bien tanto en suelos calizos como ligeramente ácidos.
La exposición ideal es sol pleno o sol de mañana con sombra ligera por la tarde. En Galicia, Asturias o el norte de Castilla plántalo a pleno sol sin dudarlo. En Sevilla, Córdoba o el interior de Murcia, la sombra parcial de un árbol de hoja caduca es la ubicación perfecta: en febrero y marzo el árbol está desnudo y el muscari recibe toda la luz, y en verano da sombra al suelo y ayuda a que el bulbo dormido no se cueza.
Después de plantar, riega una vez a fondo y olvídate. Ese riego asienta la tierra alrededor del bulbo y activa el enraizamiento. A partir de ahí, en la mayor parte de España las lluvias otoñales hacen el resto.
Muscari en maceta y jardineras
Funciona muy bien en recipiente, y es la mejor opción si tienes terraza o si tu suelo es de arcilla pesada. Usa macetas de al menos 15 cm de profundidad con agujeros de drenaje amplios y un sustrato de mezcla ligera: dos partes de sustrato universal por una de arena gruesa o perlita. Los bulbos pueden ir mucho más juntos que en tierra, casi tocándose, porque el objetivo aquí es la densidad de flor en una sola temporada.
Una técnica que da resultados espectaculares es la plantación en lasaña: en una maceta profunda se colocan tulipanes a 15 cm, narcisos a 10 cm y muscari a 6 cm, en capas superpuestas. Cada especie atraviesa las capas superiores sin problema y obtienes floraciones escalonadas de febrero a abril en el mismo recipiente.
En maceta, ojo con el invierno: el cepellón se hiela por completo mucho antes que el suelo del jardín, y también se seca antes durante los días secos y ventosos. Revisa la humedad cada dos semanas en invierno y riega si está seco a 3 cm de profundidad.
Riego y abonado: menos de lo que crees
El calendario de riego del muscari se explica en una frase: agua mientras tenga hojas, sequía absoluta mientras no las tenga.
De noviembre a mayo, con follaje activo, quiere el suelo fresco pero nunca encharcado. En un otoño e invierno normales en la Península no vas a tener que regar prácticamente nada, porque llueve lo suficiente. Si el invierno viene seco, riega cada 10 o 15 días, siempre comprobando antes con el dedo que los primeros centímetros están secos.
De junio a septiembre, con el bulbo en reposo bajo tierra, no riegues. Aquí está el error que más muscaris mata en España. El bulbo dormido en tierra caliente y húmeda es un caldo de cultivo para Fusarium y otros hongos de podredumbre basal. Si has plantado muscari en un arriate que riegas por goteo en agosto para las plantas de verano, cuenta con perder parte de los bulbos. Es mejor destinarles una zona de secano o el pie de arbustos que no se rieguen en verano.
El abonado es casi opcional. En un suelo de jardín razonable, el muscari vive años sin recibir nada. Si quieres darle un empujón, aplica un abono con potasio alto, del tipo de los de tomate o de floración, una vez cuando asome la vara floral y otra justo después de que se marchiten las flores. Evita los abonos ricos en nitrógeno: producen mucha hoja blanda y poca flor, y esas hojas tiernas atraen pulgón.
Un aporte de compost bien hecho o mantillo extendido en superficie a finales de otoño, un par de centímetros, cubre las necesidades nutritivas de todo el ciclo y además protege del frío.
Qué hacer después de la floración
Cuando las espigas se marchitan, en abril o mayo según la zona, hay dos decisiones que tomar.
La primera es cortar o no las varas florales secas. Córtalas por la base, salvo que quieras semilla. Al eliminar la vara evitas que la planta gaste reservas en formar cápsulas y semillas, energía que va directa al bulbo. Si por el contrario buscas que el muscari se naturalice y colonice una zona, deja algunas varas: las semillas germinarán solas y en tres o cuatro años tendrás plantas nuevas en flor.
La segunda, y más importante, es no tocar las hojas hasta que amarilleen por completo y se desprendan solas con un tirón suave. Ese periodo de senescencia, que suele durar cuatro o seis semanas después de la floración, es cuando el bulbo recarga las reservas del año siguiente. Cortar el follaje verde porque queda feo es la forma más segura de tener menos flores cada año hasta que el bulbo desaparece. Tampoco sirve de nada atarlas en manojo o trenzarlas: reduces la superficie expuesta a la luz y consigues el mismo efecto, en menor grado.
Si la estética del follaje amarilleando te molesta, la solución de diseño es plantar el muscari entre vivaces de brotación tardía: hostas, nepetas, geranios vivaces o hemerocallis. Cuando el muscari empieza a decaer, estas plantas están desplegándose y lo tapan.
El frío invernal: por qué en el sur a veces falla
El muscari, como casi todas las bulbosas de primavera, necesita un periodo de frío para que se desarrolle correctamente la vara floral. Hablamos de unas 10 a 13 semanas por debajo de los 9 °C. Sin ese estímulo, la planta saca hojas pero la espiga sale corta, apiñada entre el follaje o directamente no sale.
En casi toda la Península esto no es problema: cualquier invierno normal de Castilla, Aragón, Cataluña interior o Andalucía de interior lo cubre con creces. Donde puede fallar es en el litoral mediterráneo templado, en el sur de Canarias y en zonas muy abrigadas de la costa. Si vives en uno de esos sitios y quieres muscari, tienes dos opciones. La primera es apostar por Muscari neglectum o Muscari comosum, especies mediterráneas con requerimiento de frío menor. La segunda es prevernalizar los bulbos: guárdalos en una bolsa de papel en el cajón de las verduras de la nevera, a unos 5 °C, durante diez o doce semanas, y plántalos en enero. Nunca los pongas junto a manzanas, peras o plátanos: el etileno que desprenden estas frutas aborta el primordio floral.
Conviene decir también que en clima cálido el muscari tiende a comportarse como planta de temporada más que como perenne: florece bien el primer año con la reserva que trae de vivero y va de menos a más pobre los siguientes. Si es tu caso, plantéalo como una compra anual y no te frustres.
Multiplicación: el muscari se multiplica solo
Es una planta generosa hasta el exceso. Cada bulbo produce cada temporada varios bulbillos hijos adosados a su base, y además se resiembra por semilla si le dejas las varas. Un grupo de cincuenta bulbos puede convertirse en varios cientos de plantas en cinco o seis años.
Para dividir la mata, espera a que las hojas hayan desaparecido del todo, entre junio y septiembre. Levanta el grupo con una horca de mano, separa los bulbillos con los dedos, descarta cualquiera blando o con manchas y replanta inmediatamente los mayores en su sitio definitivo. Los pequeños, del tamaño de un guisante, puedes plantarlos juntos en un rincón de cultivo: tardarán dos o tres años en alcanzar tamaño de floración.
Ahora bien, no necesitas desenterrarlos cada año. Esta es probablemente la creencia más extendida y más innecesaria sobre las bulbosas. Al muscari le va mejor si lo dejas tranquilo. Solo hay motivo para intervenir cuando notas que la mata ha perdido flor por exceso de densidad, cosa que suele ocurrir a partir del cuarto o quinto año, o cuando quieres material para otra zona del jardín.
La otra cara de esta facilidad es que Muscari armeniacum puede volverse invasivo en un jardín pequeño. Se mete entre las raíces de las vivaces, aparece en el césped y es difícil de erradicar porque siempre queda algún bulbillo enterrado. Si tienes un arriate muy diseñado y no quieres sorpresas, plántalo en cestas de bulbos hundidas en el suelo o quita las varas florales antes de que semillen.
Problemas, plagas y enfermedades
Es una planta sana, y la mayoría de los fracasos son de manejo y no de patología.
Podredumbre del bulbo. Bulbos blandos, mal olor y hojas que amarillean desde la base en pleno invierno. La causa siempre es la misma: suelo encharcado o riego estival. Se corrige mejorando el drenaje y respetando la sequía de verano; una vez podrido, el bulbo no se recupera.
Caracoles y babosas. Atacan el follaje tierno en otoño e invierno húmedos, sobre todo en el norte. Dejan hojas mordisqueadas y rastros de baba. Se controlan bien con trampas de cerveza o con cebos de fosfato férrico, que es inocuo para erizos y aves.
Pulgón. Puntual, en primaveras cálidas, sobre las varas florales. Un chorro de agua a presión o jabón potásico bastan.
Roedores. Los ratones de campo desentierran bulbos recién plantados. En zonas rurales, una malla metálica sobre el bancal las primeras semanas resuelve el problema. Curiosamente, el muscari es de los bulbos que menos gustan a los topillos y los conejos, al contrario que los tulipanes, así que en fincas con presión de fauna es de las mejores apuestas.
Muchas hojas y poca flor. Tres causas posibles: exceso de nitrógeno, mata demasiado apretada que pide división, o frío invernal insuficiente. Descártalas en ese orden.
Merece mencionarse que los bulbos de Muscari contienen saponinas y no son comestibles crudos; conviene tenerlo presente si hay niños pequeños o perros con costumbre de escarbar.
Dónde queda bien plantado
El muscari da su mejor versión cuando se usa como alfombra y no como ejemplar. Algunas combinaciones que funcionan en jardines españoles:
Bajo árboles de hoja caduca (almendros, cerezos, ciruelos de flor, arces), aprovechando la ventana de luz de finales de invierno. La imagen de un almendro en flor con una mancha azul a sus pies es difícil de superar y no cuesta casi nada de mantenimiento.
Formando ríos azules serpenteantes entre plantas de mayor porte, un uso clásico que crea sensación de profundidad en jardines pequeños.
En rocallas y jardines de grava, donde el drenaje perfecto le viene de perlas y donde la sequía de verano ocurre de forma natural.
Combinado con narcisos tempranos (Narcissus 'Tête-à-Tête'), tulipanes botánicos, Anemone blanda o Chionodoxa. El contraste del azul del muscari con el amarillo de los narcisos es el más eficaz de todos, porque son colores complementarios.
En naturalización en pradera, si tienes una zona de césped que puedas dejar sin segar hasta mayo. Ten en cuenta que el follaje del muscari sale en otoño y aguanta el invierno, así que solo funciona si estás dispuesto a no cortar el césped en esa franja.
Y una nota práctica: las flores duran bien cortadas, entre cinco y siete días en jarrón, y desprenden un aroma dulce y almizclado bastante notable en interior. De hecho el nombre Muscari viene del griego moschos, almizcle, precisamente por ese olor.
En resumen
Planta los bulbos en otoño, entre septiembre y noviembre, a 6 u 8 cm de profundidad y 5 u 8 cm de distancia, siempre en grupos amplios y en suelo que drene bien. Riega una vez a fondo tras la plantación y luego deja que se ocupe la lluvia.
Durante el invierno y la primavera mantén la tierra fresca; durante el verano, cuando el bulbo duerme, no le des una gota de agua. Ese contraste es la clave de su longevidad.
No cortes las hojas hasta que amarilleen solas, aunque el aspecto no te guste. Retira las varas florales marchitas si no quieres que se resiembre. Abona poco y con potasio, nunca con nitrógeno abundante. No desentierres los bulbos cada año: solo divide cuando la mata pierda floración por apretada, cada cuatro o cinco temporadas y siempre en verano.
Si vives en zona costera muy templada, opta por Muscari neglectum o Muscari comosum, o refrigera los bulbos diez semanas antes de plantarlos. Y si el jardín es pequeño, vigila a Muscari armeniacum: se multiplica más de lo que probablemente esperas.