Endrinera es uno de los nombres que recibe en España el endrino, Prunus spinosa: el arbusto espinoso, de flor blanca temprana y fruto azul, del que salen las endrinas y el pacharán. No es una planta distinta ni una variedad: es la misma mata, nombrada en femenino como se hace en español con tantos frutales (la higuera da higos, la endrinera da endrinas).
Que tenga media docena de nombres no es casualidad, y tampoco es un capricho. Es un arbusto silvestre, repartido por casi toda la península, que la gente ha usado durante siglos sin que existiera un nombre oficial, y cada zona lo bautizó por su cuenta. El problema aparece cuando uno de esos nombres, espino negro, se solapa con el de otras plantas que no tienen nada que ver y que además no se comen.
Endrinas maduras en la mata. Hoja pequeña, dentada y mate, y fruto azul con pruina: dos señas del endrino.
Los nombres del endrino, uno por uno
Estos son los que más vas a encontrar en España, en libros de campo y en el habla de cada sitio:
- Endrino y endrinera. El nombre más extendido, con su pareja femenina para la mata. De la misma familia de palabras salen endrinal y andrinal para la mancha de matorral que forma.
- Arañón. Muy usado en Aragón y Navarra, tanto para el arbusto como para el fruto. Es el nombre que oirás en las zonas de pacharán.
- Bruño y brunera. Aquí hay que tener cuidado, porque en muchas comarcas bruño no designa al endrino sino a otro ciruelo silvestre de fruto algo mayor y menos áspero, emparentado con el ciruelo bravío. Lo tienes desenredado en bruño y en brunera.
- Ciruelo silvestre o ciruelo borde. Descriptivos y ambiguos: los mismos nombres se aplican al mirobolano y a cualquier ciruelo nacido de hueso.
- Espino negro. El más problemático de todos, y merece apartado propio.
En catalán es aranyoner, en euskera elorri beltza y en gallego abruñeiro, y los tres apuntan a lo mismo: espina, negro, ciruela pequeña. Cuando tres lenguas vecinas describen la planta por las mismas dos características, es buena señal de que esas características son las que importan para reconocerla.
"Espino negro" no siempre es el endrino
El endrino se llama espino negro por la corteza, que es oscura, casi negra en las ramas viejas, y por lo espinoso que es. Hasta ahí, bien. El lío está en que en el sureste español ese mismo nombre designa habitualmente a Rhamnus lycioides, el escambrón, un arbusto del semiárido que no es una rosácea ni tiene nada que ver.
Y junto a él andan otros dos espinos que se confunden de continuo: el espino blanco o majuelo (Crataegus monogyna), que florece con las hojas ya salidas y da un fruto rojo harinoso, y el espino cerval (Rhamnus cathartica), cuyos frutos negros son fuertemente purgantes y no se comen.
La consecuencia práctica es directa: si alguien te dice que recoja frutos de un "espino negro" para hacer licor, no recojas nada hasta ver la planta. Un fruto pequeño y oscuro en un seto de otoño puede ser una endrina o puede ser algo que te va a sentar francamente mal.
Cómo reconocer una endrinera en cada estación
A finales del invierno es cuando resulta inconfundible. El endrino florece antes de echar la hoja: las ramas negras y desnudas se cubren de flores blancas pequeñas, de cinco pétalos, y el arbusto entero parece nevado sobre madera oscura. El majuelo, con el que se confunde, hace justo lo contrario y florece con la hoja ya brotada.
En primavera y verano, la hoja: pequeña, ovalada, de borde finamente dentado, mate y de un verde algo apagado, alterna sobre ramas muy ramificadas y enredadas. Y las espinas, que en el endrino no son un accesorio: muchas ramillas terminan directamente en punta rígida.
En otoño, el fruto azul oscuro cubierto de pruina, esa cera blanquecina que se quita al frotar con el dedo. Es una drupa con hueso, no una baya: si la abres encontrarás un hueso duro que ocupa buena parte de la pieza. Qué hacer con ella, cuándo recogerla y por qué no se come tal cual lo tienes en la endrina.
Las espinas, que no son un detalle
Conviene decirlo claro porque el nombre científico ya lo avisa, spinosa: las espinas del endrino son largas, rígidas, muy afiladas y a menudo quedan escondidas entre el ramaje. Los pinchazos con esta planta tienen fama merecida de complicarse: la punta puede partirse y quedarse dentro, y la herida se infecta con facilidad.
Por eso se trabaja con guantes gruesos, manga larga y gafas si estás podando a la altura de la cara. Y si te clavas una espina y notas que la zona se hincha, duele más de lo normal pasadas unas horas o sospechas que ha quedado un fragmento dentro, al médico. No es alarmismo: es la lesión más habitual que provoca este arbusto.
Esa misma característica es la que lo hizo valioso en el campo. Las endrineras han formado durante siglos setos vivos infranqueables para cerrar fincas y contener ganado, un papel que hoy se recupera en linderos y en restauración de márgenes.
La maraña de una endrinera en otoño. Casi cada ramilla acaba en punta, y por eso se ha usado siempre como cierre de fincas.
Hojas y huesos: cuidado con los animales
La pulpa de la endrina se come tras el tratamiento adecuado, pero el resto de la planta no es comida. Las hojas, las ramas tiernas y sobre todo la almendra que hay dentro del hueso contienen glucósidos cianogénicos, igual que en el resto de los Prunus. Por eso el hueso ni se machaca, ni se muele, ni se tritura con la fruta.
Con perros y gatos la precaución es la misma que con cualquier ciruelo: no deben roer huesos ni ramas, y un hueso tragado entero puede además provocar una obstrucción. Si tu animal se ha comido endrinas del suelo o ha estado mordisqueando ramas, al veterinario. Si la ingestión preocupante es en una persona, al médico o al Servicio de Información Toxicológica del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses. Nada de remedios caseros.
Lo que hace por el campo que tiene alrededor
Una endrinera vieja es un ecosistema pequeño. Su floración es de las primeras del año, cuando apenas hay otra cosa abierta, y eso la convierte en una fuente de alimento temprana para abejas y otros polinizadores. Su maraña espinosa es sitio de nidificación protegido para pájaros de pequeño tamaño, y sus frutos aguantan en la rama hasta bien entrado el invierno, cuando ya escasea el alimento.
Tiene una contrapartida que hay que conocer antes de plantarla: rebrota de raíz y se extiende por su cuenta, y una mata puede convertirse en una mancha densa en pocos años. Eso la hace excelente para fijar taludes y pésima para un jardín pequeño. Cultivo, poda, control de los rebrotes y plagas están en la guía del endrino.
Lo que esta página decía antes
Aquí había una lista de seis "beneficios y propiedades de la endrinera" con infusiones de flor como laxante, cocciones de corteza para heridas y enjuagues de boca, y afirmaciones sobre diabetes, anemia, gripes, células cancerígenas y vista. Llegaba a recomendar su consumo a embarazadas, a mujeres lactantes y a niños pequeños. Se ha retirado por completo, junto con las fotos de archivo de personas resfriadas que la ilustraban.
En la Unión Europea las declaraciones de propiedades saludables están reguladas por el Reglamento (CE) 1924/2006 y las autoriza la Comisión Europea tras evaluación científica. Para el endrino no hay ninguna. Que sus flores y su corteza se usaran en la medicina popular es un hecho histórico, se cuenta como lo que es, tradición, y no sustituye a un tratamiento ni a una consulta médica.
En resumen
Endrinera, endrino, arañón, abruñeiro o elorri beltza son nombres del mismo arbusto, Prunus spinosa. Se reconoce sin margen de error a finales del invierno, cuando se llena de flor blanca sobre ramas negras y todavía sin hojas, y en otoño por sus frutos azules con hueso.
El nombre que conviene usar con cuidado es espino negro, porque en buena parte de España designa a un Rhamnus, y alguno de los Rhamnus tiene frutos que no se comen. Con la planta identificada, el resto es sencillo: guantes gruesos para acercarse, huesos sin machacar y, si vas a plantarla, sitio de sobra para los rebrotes.