El areñón es el anacardo, Anacardium occidentale. El propio texto original lo reconocía a la tercera línea, después de describir esa pieza carnosa con una nuez en forma de riñón colgando por fuera que no admite confusión con nada. Este artículo va del árbol y del viaje: dónde se cultiva de verdad, por qué crece precisamente ahí y por qué un fruto seco que se produce en tres continentes acaba siendo de los más caros del lineal.

Dos avisos antes de entrar. La cáscara de la nuez lleva entre sus capas una resina cáustica que quema la piel, y por eso el anacardo no se vende nunca con cáscara. Y ya pelado es un alérgeno de declaración obligatoria como fruto de cáscara, dentro del anexo II del Reglamento (UE) 1169/2011, con reacciones que en este grupo suelen ser intensas. El detalle de la resina y del descascarado está en el anacardo crudo no existe.

Frutos del anacardo en el arbol, con el pseudofruto amarillo y rojo y la nuez colgando debajo El conjunto que cuelga del anacardo: arriba el pedúnculo engrosado, rojo o amarillo, y debajo la drupa gris con forma de riñón, que es el fruto de verdad y donde está la semilla.

Sobre el nombre

Areñón es un nombre raro, que apenas aparece fuera de listados de sinónimos, y no he podido confirmar de dónde sale ni en qué zona se usa, así que lo dejo ahí en vez de inventarle una etimología. Lo que sí está documentado es el resto del repertorio: marañón, merey, cajú, acajú, castaña de cajú, y en inglés cashew, todos ellos derivados o vecinos de la palabra tupí que nombraba el árbol en su tierra de origen. Ese lío de nombres está desmontado en el anacardo y sus muchos nombres.

El árbol, que es lo que casi nadie mira

El anacardo es un árbol de hoja perenne de la familia de las anacardiáceas, la misma del mango, el pistacho y el lentisco, originario del nordeste de Brasil. No es un árbol alto ni esbelto: forma una copa ancha, baja y muy extendida, a menudo más ancha que alta, con ramas bajas que llegan casi al suelo. Las hojas son coriáceas, redondeadas en el extremo y con la nervadura muy marcada. Florece en panículas de flores pequeñas, blanquecinas y rosadas, muy olorosas.

Lo que lo hace interesante como cultivo no es su porte sino su rusticidad. Tolera suelos pobres, arenosos y ácidos donde casi nada rentable prospera, y una vez establecido aguanta bien la sequía gracias a un sistema radicular profundo. A cambio no negocia dos cosas: no soporta las heladas, ni siquiera ligeras, y necesita una estación seca marcada, porque la floración y el secado de la nuez en el suelo se echan a perder con lluvia.

De Brasil al mundo, en barco portugués

La especie no se movió de América hasta el siglo XVI, cuando los portugueses la llevaron a sus rutas del Índico. Llegó a Goa, en la costa oeste de la India, y de ahí se extendió por el subcontinente y por el sudeste asiático, y también a las costas de África oriental. Ese es el motivo de que hoy un árbol brasileño sea un cultivo central en países que no tienen nada que ver con su origen.

Y no se llevó por la nuez. En la India se plantó durante mucho tiempo como árbol de cobertura para fijar suelos arenosos y dunas costeras, aprovechando justo esa capacidad de agarrarse a terrenos pobres. El aprovechamiento de la semilla como fruto seco de exportación es muy posterior, y convirtió a la India en el primer gran centro de descascarado del mundo mucho antes que en gran productor.

Dónde se cultiva hoy

La geografía actual del anacardo se reparte entre tres zonas tropicales, todas ellas de clima cálido con estación seca: África occidental y oriental, el sur y el sudeste de Asia, y Brasil, que sigue produciendo en su región de origen. Costa de Marfil, la India, Vietnam, Brasil, Tanzania, Nigeria, Benín, Guinea-Bisáu y Camboya aparecen todos en el mapa, unos como productores de nuez en bruto y otros como procesadores.

En buena parte de esos países es un cultivo de pequeños agricultores, con parcelas de pocas hectáreas y sin mecanización. Eso condiciona todo lo que viene después: la recolección, el transporte y, sobre todo, el precio.

La cosecha se recoge del suelo

El pedúnculo carnoso y la nuez maduran a la vez y caen juntos cuando están listos, así que la recolección consiste en pasar por debajo de los árboles cada pocos días y recogerlos. Allí mismo se separa la nuez de la parte carnosa, y la nuez se seca al sol varios días antes de almacenarse o venderse.

La parte carnosa, que pesa varias veces más que la nuez, se queda en el campo o se destina a consumo local, porque se estropea en un par de días y no hay cadena de frío que resuelva eso. Es decir: la mayor parte en peso de lo que produce el árbol no entra en el comercio internacional. De esa pieza, que en España no se ve jamás, va el acajú, el falso fruto del anacardo.

El viaje de la nuez en bruto

Aquí está lo que casi nadie imagina al abrir una bolsa. Producir anacardos y procesarlos son dos negocios distintos y con frecuencia ocurren en continentes distintos. Una parte importante de la nuez en bruto que se recoge en África occidental se embarca hacia Asia, donde está la capacidad instalada de descascarado, y desde allí la semilla ya pelada se reexporta al mercado europeo y norteamericano.

O sea, que un anacardo puede cruzar el océano dos veces antes de llegar a una estantería. Ese doble viaje existe porque el paso difícil no es cultivar el árbol, que aguanta casi cualquier cosa, sino abrir la cáscara sin romper la semilla y sin exponer a nadie a la resina.

Por qué es de los frutos secos más caros

Tres razones encadenadas. La primera, que la semilla es una fracción pequeña del peso de lo que se recoge en el campo. La segunda, que el descascarado sigue siendo en gran medida manual, con un coste de mano de obra que no tienen la almendra ni la avellana, y con un porcentaje de piezas que se parten y se venden mucho más baratas como trozos. La tercera, que el líquido cáustico de la cáscara obliga a tratar la nuez con calor antes de abrirla y a trabajar con protección, lo que complica automatizar el proceso.

Ese líquido, por cierto, no se tira: se recupera como subproducto industrial. Y la cara menos agradable de todo esto es que buena parte del descascarado mundial se hace en condiciones laborales precarias, con exposición repetida a la resina.

¿Se puede tener un anacardo en España?

Al aire libre en la Península, no. Cualquier helada acaba con él, y sin calor sostenido no llega a fructificar. Como planta de invernadero cálido o de colección puede mantenerse, pero no dará cosecha aprovechable. Y no sirve sembrar los anacardos de una bolsa: esa semilla ya ha pasado por calor y por descascarado, y no germina. Está explicado en el anacardo: por qué no prospera aquí, y el cultivo donde sí funciona, en el anacardo y su cultivo.

Lo que prometía el texto original

Diez beneficios: pérdida de peso, azúcar en sangre, envejecimiento, vista, caries, presión arterial. Todo eso se ha retirado. En la Unión Europea las declaraciones de propiedades saludables están reguladas por el Reglamento (CE) 1924/2006 y las autoriza la Comisión Europea, no un artículo de internet, y no hay declaraciones autorizadas para prácticamente ninguna de estas plantas. Lo que sí se puede decir del anacardo es lo que es: un fruto seco graso y energético, como todos los de su grupo.

En resumen

El areñón es el anacardo, un árbol brasileño de copa ancha y hoja perenne que tolera arenales pobres y sequía pero muere con una helada. Los portugueses lo llevaron a la India y a África en el siglo XVI, allí sirvió primero para fijar dunas y suelos arenosos, y hoy se cultiva en tres continentes en manos de pequeños agricultores que recogen la cosecha del suelo, árbol por árbol.

Su precio no está en el cultivo sino en la cáscara: una resina cáustica obliga a tratar y abrir cada nuez casi a mano, hasta el punto de que la nuez en bruto cruza océanos para procesarse donde hay capacidad para hacerlo. Por eso llega siempre pelado, por eso cuesta lo que cuesta, y por eso lleva etiqueta de alérgeno de declaración obligatoria como fruto de cáscara.


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