Una anona no es una fruta cualquiera con una piel rara. Es una de las frutas de estructura más curiosa que puedes tener en la mano, y casi todo lo que la caracteriza (los gajos, las escamas, las púas blandas, lo difícil que es encontrarla en el mercado y lo rápido que se estropea) se explica por cómo está construida. Anona es el nombre popular del género Annona, un grupo de frutales americanos que incluye la chirimoya, el anón, la guanábana y la anona colorada, y todos comparten esa arquitectura.

Aquí vas a encontrar qué es botánicamente una anona, por qué su piel tiene ese dibujo, por qué su flor da tantos problemas y por qué esa fruta tan buena casi no llega a las fruterías. Antes, el aviso que ninguna de estas frutas lleva escrito: las semillas de las anonas son tóxicas y no se comen. Son negras, duras y brillantes, se separan solas de la pulpa y se escupen. No se muelen ni se trituran con la fruta: si haces batido, cuela siempre. Molidas se han usado como insecticida en varios países americanos y el polvo en el ojo es muy irritante.

Fruto de anona en el árbol, con los carpelos marcados en la piel

Cada gajo de la superficie corresponde a un carpelo de la flor. La piel de una anona es un mapa de su flor.

Una familia antigua

Las anonas pertenecen a la familia Annonaceae, que dentro de las plantas con flor es un grupo arcaico: pertenece a las magnólidas, la rama que se separó muy pronto del resto de las angiospermas. Eso no es un dato de erudito, porque explica los rasgos raros que vas a ver a continuación. Su flor no está construida como la de un manzano o la de un naranjo, sino según un esquema anterior.

La familia es grande y tropical, y tiene parientes conocidos que a primera vista no lo parecen. El ylang-ylang, Cananga odorata, del que se extrae el aceite esencial usado en perfumería, es una anonácea. Y también lo es la Asimina triloba, el pawpaw norteamericano, la única de la familia que aguanta inviernos fríos de verdad.

La piel es un mapa de la flor

Aquí está el detalle que cambia cómo miras la fruta. Lo que parece una pieza única es en realidad un fruto compuesto: la flor de una anona no tiene un solo ovario, sino muchos carpelos independientes apiñados en el centro. Cada uno de esos carpelos, si se fecunda, engorda y produce una semilla, y todos juntos se sueldan en una sola masa.

Por eso la superficie está dividida. Cada gajo redondeado del anón, cada escama plana de la chirimoya y cada púa blanda de la guanábana señalan la posición de un carpelo. La piel te está diciendo cuántas semillas hay dentro y dónde están.

Esto tiene una consecuencia inmediata y muy visible. Si en una flor solo se fecundan algunos carpelos, solo esos engordan: el resultado es un fruto torcido, con una mitad desarrollada y la otra plana o hundida. Esas anonas deformes que se ven en árboles de jardín no son una enfermedad ni un problema de riego, son una polinización incompleta.

Una flor que se lo pone difícil a sí misma

La flor de las anonas pasa desapercibida: cuelga hacia abajo, es carnosa, verdosa o amarillenta, con tres pétalos exteriores gruesos que apenas se separan. Mucha gente la toma por un capullo que no llegó a abrirse.

Funciona además con un desfase deliberado. Madura primero la parte femenina y varias horas después la masculina, de manera que cuando el polen de una flor está listo sus propios estigmas ya han dejado de ser receptivos. Es un mecanismo para evitar la autofecundación, y obliga a que el polen viaje de una flor a otra.

El transporte no lo hacen las abejas. Estas flores están adaptadas a pequeños escarabajos, que se meten dentro de la cámara que forman los pétalos, se quedan allí un tiempo atraídos por el olor y salen cargados de polen. Donde esos escarabajos no existen, el sistema se rompe: las abejas no visitan bien la flor, la mayoría de los carpelos no se fecundan y salen frutos pequeños y asimétricos.

De ahí viene la práctica de la polinización manual, habitual en las plantaciones de chirimoyo de la costa de Granada y Málaga: se recoge polen de las flores en fase masculina al caer la tarde y a la mañana siguiente se deposita con un pincel fino sobre los estigmas de las flores en fase femenina. Está explicada paso a paso en cómo plantar un chirimoyo. Sin ese trabajo, en España no hay chirimoyas presentables.

Por qué apenas las ves en la frutería

Las anonas maduran de golpe. La fruta se recolecta firme y termina de ablandar fuera del árbol en cuestión de días, y el margen entre «todavía no» y «ya se ha pasado» es de horas. Si se queda en el árbol, el anón llega a abrirse por las suturas entre los gajos.

A eso se suma que se magullan con nada. Una anona apilada bajo el peso de otras llega con manchas oscuras, y esas manchas se pudren. Son frutas que no soportan bien el transporte largo ni la manipulación, y por eso la mayor parte del género se consume cerca de donde se produce. La chirimoya española es la excepción que confirma la regla, y solo porque la producción está a pocas horas del consumidor.

Los nombres, que también vienen de lejos

«Anona» es una palabra que entró al castellano desde las lenguas antillanas, como tantos nombres de plantas americanas, y luego se extendió a todo el género. Sobre ella se fueron montando apellidos locales, y el resultado es que hoy anona blanca, anona colorada, anona de México o anona del Perú designan especies distintas según el país.

Por si tienes una delante, la piel basta para orientarte: púas blandas y fruto grande y alargado es guanábana, tienes su ficha en guanábana; gajos redondeados y separados es anón; escamas planas y forma acorazonada es chirimoya, en chirimoya; superficie casi lisa que colorea al madurar es anona colorada.

Lo que no se puede prometer de esta fruta

El texto que ocupaba antes esta página listaba diez beneficios para la salud: adelgazar, bajar el colesterol y la glucosa, regular la tensión, reforzar las defensas y prevenir el cáncer. Nada de eso está respaldado y se ha retirado por completo.

En la Unión Europea, las declaraciones de propiedades saludables de los alimentos están reguladas por el Reglamento (CE) 1924/2006 y las autoriza la Comisión Europea tras una evaluación científica, no un artículo de internet. Para estas plantas no hay ninguna autorizada, y atribuir a un alimento la prevención o la curación de una enfermedad no está permitido en ningún caso. Lo que sí se puede decir de una anona es lo que es: una fruta dulce, de pulpa cremosa, con una parte importante de agua y de azúcares, que se come fresca.

Queda un apunte de prudencia propio de la familia. Las anonáceas contienen acetogeninas, compuestos que la literatura científica ha asociado a un síndrome neurológico atípico descrito en poblaciones con consumo muy alto y sostenido, sobre todo de hojas y de infusiones hechas con ellas. Comer la fruta no es lo mismo, pero no hay ninguna razón para tomar extractos, cápsulas ni infusiones de hoja de anona. Si te las han recomendado para algo, consúltalo con tu médico.

En resumen

Una anona es un fruto compuesto: cada gajo, escama o púa de su piel corresponde a un carpelo de una flor construida según un esquema muy antiguo, con las partes femenina y masculina desfasadas en el tiempo y polinizada por escarabajos. Esa flor tan particular explica los frutos torcidos, la necesidad de polinizar a mano fuera de su área de origen y buena parte del trabajo que hay detrás de una chirimoya bien formada.

El resto de sus rarezas viene de lo mismo: madura de golpe, se magulla con nada y por eso casi no viaja. Cuando encuentres una, cómetela pronto, a cuchara y escupiendo las semillas. Y desconfía de cualquier página que te cuente lo que la anona cura, porque no es ese tipo de historia.


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