Almendrero es como se llama al almendro, Prunus dulcis, en buena parte del Levante y del valle del Ebro. No es otra especie ni una variedad: es el mismo árbol, con el nombre que se usa en Valencia, Murcia, Alicante y parte de Aragón, junto a ametler en catalán y valenciano y amendoeira en portugués. Si buscabas la diferencia entre almendro y almendrero, ya la tienes: ninguna.

Lo interesante no es el nombre, sino que el almendrero español ha cambiado más en los últimos veinte años que en los dos siglos anteriores. Era el árbol del secano pobre, plantado en laderas y en los bordes de las fincas, con poca agua, poca poda y cosechas irregulares. Hoy conviven ese almendral viejo, en retirada, y plantaciones nuevas en regadío, en llano, con variedades que florecen un mes más tarde y se recogen con máquina. Este artículo va de ese cambio, que es lo que explica el precio de la almendra y el paisaje de media España.

Almendras peladas amontonadas Almendra repelada, sin cáscara y sin piel. Entre el árbol y este montón hay descascarado, secado y calibrado, y es donde se decide buena parte del precio.

El almendral de secano, tal como era

El almendro llegó al Mediterráneo desde Asia central hace milenios y aquí encontró su sitio: veranos secos, inviernos suaves y suelos pobres y calizos donde casi nada más rentaba. Se plantaba en las tierras que sobraban, a marcos amplios, con árboles de pie franco que echaban una raíz profunda y vivían décadas.

Ese modelo tenía una lógica clara. Pedía poco: ni riego, ni abonado sistemático, ni tratamientos. Y daba poco, además de forma irregular, porque en secano la producción depende del agua que haya caído y de que la helada respete la flor. Un almendral así funcionaba como complemento de renta, no como cultivo principal.

El dato que mejor resume la situación es este: España es el país con más superficie de almendro del mundo y, sin embargo, no es el mayor productor. Lo es Estados Unidos, con California concentrando el grueso de la producción mundial en regadío intensivo. La diferencia no está en el clima ni en las variedades, está en el rendimiento por hectárea de un cultivo de secano frente a uno regado.

Por qué la helada manda más que la sequía

Botón floral rosa del almendro a punto de abrir, junto a flores ya abiertas Botón floral del almendro a punto de abrir, sobre madera desnuda y antes de que salga la hoja. En este estado y en los días siguientes, una helada se lleva la cosecha.

El almendro es el primer frutal que florece. En las zonas cálidas del sur y del Levante abre flor en enero, en el interior en febrero o principios de marzo, y lo hace sobre madera desnuda, antes de sacar la hoja. Necesita muy poco frío invernal acumulado para desperezarse, y en cuanto vienen unos días templados, arranca.

Eso lo deja expuesto. Una helada de marzo sobre flor abierta o sobre fruto recién cuajado se lleva la cosecha entera de una noche. En las comarcas de interior de Aragón, Castilla y León o Castilla-La Mancha, la helada tardía ha sido históricamente el factor que decidía si había año o no lo había, muy por delante de la sequía.

A eso se suma un segundo problema: la mayoría de las variedades tradicionales son autoincompatibles, es decir, necesitan polen de otra variedad y un insecto que lo lleve. Florecer en febrero significa florecer cuando las abejas apenas vuelan, con días cortos, fríos y a menudo con lluvia. Si el vuelo falla, el cuajado falla aunque la flor no se haya helado. Sobre cómo y cuándo florece, y dónde se ve, está desarrollado en floración del almendro: cuándo y dónde verla.

Las variedades tardías y autocompatibles

La mejora genética española atacó esos dos problemas a la vez, y ahí está el verdadero cambio de fondo. El objetivo era doble: retrasar la floración para esquivar las heladas y conseguir variedades autocompatibles, que cuajen con su propio polen y no dependan del vuelo de las abejas en pleno invierno.

El trabajo salió de tres centros públicos. El CITA de Aragón ha dado variedades como Guara, Belona, Soleta y Mardía; el IRTA en Cataluña, Vairo y Marinada; y el CEBAS-CSIC en Murcia, la serie de floración extratardía con Penta, Makako y Tardona. Hoy son las que se plantan en casi toda la obra nueva, y han desplazado a las tradicionales en las plantaciones comerciales.

Eso no significa que las antiguas hayan desaparecido. La marcona sigue siendo la almendra que busca el turrón y la que mejor se paga, pese a ser autoincompatible y de floración temprana, y lo tienes en almendra marcona: variedad, cultivo, polinización y usos. La largueta o la desmayo mantienen su hueco por lo mismo: por lo que vale el grano, no por lo cómodo del árbol.

El salto al regadío

La segunda mitad del cambio es el agua. Que el almendro aguante la sequía mejor que cualquier otro frutal de hueso es cierto, pero aguantar no es producir: el mismo material vegetal, con riego de apoyo en los momentos críticos, multiplica varias veces la cosecha de un secano semiárido. Esa diferencia es la que ha empujado la reconversión.

Las plantaciones nuevas se parecen poco al almendral viejo: llano, marcos mucho más estrechos, patrones seleccionados que controlan el vigor y toleran mejor la caliza, riego localizado, fertirrigación y formación en eje central para que entre la máquina. En el extremo del modelo, el superintensivo en seto se recoge con cosechadora cabalgante, la misma idea que transformó antes el olivar.

Una técnica merece nombre propio: el riego deficitario controlado, que consiste en regar a plena necesidad en floración y llenado del grano y restringir el agua en el periodo en que el árbol lo tolera sin penalizar la cosecha. Es la forma de regar donde el agua está contada.

Qué se gana y qué se pierde

Se gana producción, regularidad, seguridad frente a la helada y la posibilidad de mecanizar la recolección, que en el almendral tradicional se hacía vareando o con vibrador y paraguas.

Se pierden otras cosas y conviene no taparlas. El agua, la primera: un cultivo que antes no consumía nada ahora compite por un recurso escaso en cuencas que ya están tensionadas. El almendral viejo de secano, con árboles separados, cubierta espontánea y ejemplares muertos en pie, es además un hábitat valioso, y su abandono se nota en aves y en insectos.

Y están las abejas. El almendro florece cuando casi no hay otra flor, así que el almendral es una fuente de polen muy temprana para las colmenas. Por eso, si hay que tratar, no se trata en floración ni en horas de vuelo. El marco es el Real Decreto 1311/2012, con la gestión integrada de plagas como principio: prevención y medios físicos y biológicos antes que el químico, y el químico solo con productos inscritos en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio. La dosis es la de la etiqueta del envase y el uso profesional exige carné de aplicador.

Xylella fastidiosa, la amenaza nueva

En 2017 se detectó Xylella fastidiosa en almendros de la provincia de Alicante, y antes en Baleares. Es una bacteria que coloniza los vasos del xilema, bloquea el paso del agua y seca el árbol. No tiene cura: el manejo consiste en arrancar los afectados, controlar los insectos vectores y restringir el movimiento de material vegetal en las zonas demarcadas.

La consecuencia práctica para cualquiera que plante: la planta se compra en vivero autorizado y con pasaporte fitosanitario, nunca de un particular ni movida de una comarca a otra por libre. El marco es el Reglamento (UE) 2016/2031 de sanidad vegetal y el Reglamento de Ejecución (UE) 2020/1201, específico para Xylella.

Si quieres uno en el jardín

Un almendrero en casa es una buena idea por la flor, no por la cosecha. Pide sol directo todo el día y suelo con drenaje real, porque el encharcamiento lo mata por asfixia y por hongos de raíz. Si quieres almendra, elige una variedad autocompatible o planta dos que coincidan en floración: con un solo árbol autoincompatible tendrás flor y no fruto.

Y una advertencia que no es de cultivo: existen almendras amargas y no se comen. El amargor viene de la amigdalina, que al masticarla libera cianuro, y unos pocos granos son peligrosos para un niño. Un almendro nacido de hueso puede dar fruto amargo perfectamente. Cómo distinguirlas está en almendra dulce y almendra amarga: cómo distinguirlas. Ante una ingestión, al médico o al Instituto Nacional de Toxicología, y al veterinario si ha sido un perro.

Lo que no vas a leer aquí

El texto original prometía nueve beneficios del almendrero, con porcentajes de dosis diaria recomendada y el consejo de comer veinte almendras al día. Nada de eso se queda.

Conviene decirlo una vez con claridad: no hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas en la Unión Europea para prácticamente ninguna de estas plantas, y las que existen están en el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión, no un artículo de internet. De la almendra sí se puede decir lo que es, que es composición y no una promesa: es un fruto seco graso, denso en energía, con la grasa mayoritariamente insaturada y con proteína y fibra. También es un alérgeno de declaración obligatoria dentro del grupo de los frutos de cáscara.

En resumen

Almendrero es simplemente el nombre del almendro en el Levante y el valle del Ebro. El árbol es Prunus dulcis, el primer frutal en florecer, y esa precocidad es su debilidad histórica: la helada tardía decide la cosecha, y la mayoría de las variedades tradicionales necesitan además polen ajeno en un mes en el que las abejas apenas vuelan.

La respuesta española ha sido la mejora pública (Guara, Belona, Soleta, Mardía, Vairo, Marinada, Penta, Makako, Tardona: autocompatibles y de floración tardía) y el salto del secano de ladera al regadío en llano, con marcos estrechos, riego deficitario controlado y recolección mecanizada. Se gana cosecha y regularidad, se pierde agua y se pierde el almendral viejo, que valía como hábitat. Y hay un factor nuevo encima de la mesa, Xylella fastidiosa, que obliga a comprar la planta en vivero autorizado y con pasaporte fitosanitario.


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