La estefanotis se compra en flor, con su aro de alambre y su etiqueta de riego moderado, y a las pocas semanas empieza a amarillear, suelta los botones que traía y se llena de algodones blancos en las axilas de las hojas. El desenlace es tan repetido que la planta tiene fama de difícil, y en realidad falla por tres cosas muy concretas de un piso español: el agua del grifo, el aire seco de la calefacción y el hábito de cambiarla de sitio. Las tres se corrigen.

Estefanotis en flor cultivada en maceta

Qué es y qué está esperando

Stephanotis floribunda —también publicada como Marsdenia floribunda— es una apocinácea trepadora de Madagascar, y ese origen conviene tenerlo presente cada vez que se toma una decisión sobre ella. Viene de un bosque húmedo tropical: temperaturas entre 18 y 28 °C todo el año, humedad ambiental alta, luz abundante pero tamizada por el dosel, y agua de lluvia. Ninguna de esas cuatro condiciones se da por defecto en un salón.

La planta tiene hoja perenne, opuesta, gruesa y correosa, de un verde oscuro brillante, y tallos volubles que se enroscan sobre cualquier soporte. En interior alcanza sin dificultad dos o tres metros si se le da por dónde subir. Florece de mayo a octubre, en ramilletes axilares de cuatro a diez flores blancas de tubo largo y consistencia de cera, con un perfume denso que llena una habitación entera. La estructura de esa flor y su historia como flor de corte están contadas en el otro artículo dedicado a la especie.

Fallo uno: el agua del grifo

Síntoma. Amarilleo entre los nervios, que se mantienen verdes y bien marcados, empezando por las hojas jóvenes de las puntas. Costra blanquecina en la superficie del sustrato y en el borde de la maceta. La planta no se marchita: simplemente pierde color y deja de crecer.

Qué está pasando. La estefanotis quiere un sustrato ligeramente ácido, entre 5,5 y 6,5 de pH. El agua de red de buena parte de España es dura, cargada de carbonatos, y cada riego deja cal en el sustrato. En pocos meses el pH sube por encima de 7,5 y, a ese nivel, el hierro presente en la tierra se vuelve químicamente inaccesible para la raíz. La planta no tiene un problema de falta de hierro: tiene un problema de que no puede usar el que hay.

Corrección. Regar con agua de lluvia siempre que sea posible, y en su defecto con agua filtrada por ósmosis o embotellada de mineralización muy débil. El agua hervida o reposada veinticuatro horas pierde cloro, pero no pierde cal, así que esa costumbre no resuelve nada aquí. Como apoyo, quelato de hierro en forma EDDHA disuelto en el riego, dos o tres aplicaciones separadas quince días; el verdor vuelve en tres o cuatro semanas. Y si el sustrato ya está encalado, cambiarlo por una mezcla de fibra de coco o turba con corteza de pino y perlita, que arranca con el pH correcto.

Fallo dos: el aire seco de la calefacción

Síntoma. Punteado fino y decolorado en el haz de las hojas, envés con polvillo y telarañas apenas visibles a contraluz: es araña roja. O bien masas algodonosas blancas en las axilas de las hojas y en los cruces de tallo, con las hojas pegajosas por debajo: es cochinilla algodonosa, la plaga clásica de esta planta.

Qué está pasando. Un radiador en marcha deja la humedad relativa de la habitación en el 25 o el 30 %. La estefanotis está adaptada a valores del 60 al 80 %. Con el aire seco la planta transpira más de lo que puede reponer, se estresa y baja la guardia, y a la vez se crea el ambiente cálido y seco ideal para que la araña roja complete su ciclo en una semana. La cochinilla, por su parte, se instala en los rincones protegidos de una planta densa y sin ventilación.

Corrección. Lo primero, alejarla de cualquier fuente de calor: nunca sobre un radiador ni en la corriente de un aparato de aire. Después, subir la humedad de forma sostenida, no con pulverizaciones esporádicas que apenas duran diez minutos: bandeja ancha con arcilla expandida y un dedo de agua bajo la maceta, sin que el fondo del tiesto la toque, y agrupar la planta con otras, que forman entre ellas un microclima. Un humidificador pequeño en la habitación resuelve el invierno entero.

Contra la araña roja, duchar la planta con agua templada insistiendo en el envés, repetir a los cinco días y tratar con jabón potásico o aceite de neem tres veces separadas una semana. Contra la cochinilla, retirar los focos con un bastoncillo mojado en alcohol antes de tratar, porque el algodón repele los líquidos. Ambas plagas reaparecen si el aire sigue seco. El manejo detallado está en el artículo de plagas en trepadoras.

Fallo tres: moverla

Síntoma. Botones formados que amarillean por la base y se desprenden enteros en dos o tres días, sin llegar a abrir. La planta sigue verde y sana.

Qué está pasando. La estefanotis es extraordinariamente sensible al cambio de condiciones durante la formación de la flor. Girar la maceta para que se vea mejor, llevarla del salón a la terraza, acercarla a una ventana distinta o dejarla en el paso de una corriente basta para que aborte los botones. La razón es que la planta orienta el desarrollo floral a la dirección y la cantidad de luz que recibe, y un cambio brusco la obliga a reajustar; ante la duda, sacrifica lo más caro, que son los botones.

Corrección. Elegir el sitio definitivo antes de que empiece la brotación de primavera y no tocarla desde entonces hasta que termine de florecer. Conviene marcar con un rotulador el borde de la maceta que mira a la ventana, para devolverla a su posición exacta si hay que moverla por fuerza mayor. Evitar la vertical de un aire acondicionado, la proximidad de una puerta a la calle y los alféizares donde el cristal quema al mediodía.

La luz correcta es abundante e indirecta: una ventana al este, o a un metro de una al sur con visillo. El sol directo de mediodía a través del vidrio le abrasa la hoja en manchas pardas; la sombra le impide florecer.

Flores blancas y céreas de Stephanotis floribunda

El aro de alambre: qué hacer con él

La planta llega del vivero con dos o tres tallos enrollados sobre un aro metálico clavado en la maceta. Es una solución de transporte y de escaparate, no una forma de cultivo a largo plazo: en una o dos temporadas la planta lo llena y las varas nuevas empiezan a colgar en el vacío.

Hay dos caminos. Uno, mantener el formato: cada primavera se van enroscando los brotes nuevos siguiendo la misma dirección que ya llevan y se despunta lo que sobra. Da una planta compacta y decorativa, pero limita el número de flores.

El otro, ampliarla, que es lo que agradece: al trasplantar se sustituye el aro por un enrejado de bambú o una espaldera de sesenta a cien centímetros, o por un tutor de fibra de coco, y se atan los tallos en abanico. Los tallos son volubles y se enroscan solos una vez orientados; hay que guiarlos con la mano las primeras semanas, siempre en el mismo sentido de giro, y sin apretar las ataduras, porque el tallo engorda.

El aro original se retira con cuidado, cortándolo con un alicate si es necesario en vez de tirar de la planta, y desenrollando cada vuelta hacia atrás con paciencia. Un tallo partido no se recupera.

El reposo invernal, que es la condición para volver a florecer

Aquí está el dato que rara vez aparece en la etiqueta y que explica las plantas que sobreviven años enteros dando hoja y ni una flor. La estefanotis necesita pasar el invierno en fresco para inducir la floración siguiente. Sin ese periodo, el ciclo no se cierra.

Las condiciones concretas, de noviembre a finales de febrero:

Temperatura entre 12 y 15 °C. No por debajo de 10 °C, que ya le hace daño, ni por encima de 18 °C, que anula el efecto. Un dormitorio sin calefacción, una galería acristalada, un porche cerrado y luminoso o la habitación menos caldeada de la casa sirven perfectamente. Un salón a 22 °C, no.

Riego reducido a la mitad. Lo justo para que el cepellón no llegue a secarse del todo, quizá cada diez o quince días según el ambiente. El exceso de agua a baja temperatura pudre la raíz.

Luz igual de abundante. Fresco no significa oscuro: conserva la hoja y sigue necesitando luz.

Abonado suspendido por completo hasta marzo.

A partir de marzo se sube la temperatura, se reanuda el riego progresivamente y en tres o cuatro semanas arranca la brotación, que es donde vendrán los ramilletes.

El año completo, y las dos operaciones que faltan

De marzo a mayo: despertar. Trasplante si toca, poda ligera, aumento gradual del riego, primer abonado.

De mayo a septiembre: crecimiento y floración. Riego cuando los dos primeros centímetros de sustrato estén secos, con agua blanda y a temperatura ambiente. Abono líquido rico en potasio cada quince días. Humedad ambiental alta. Y no moverla.

Octubre: transición. Se retira el abono y se van espaciando los riegos.

De noviembre a febrero: reposo fresco, como se ha descrito.

La poda se hace a finales de febrero, antes del arranque, y es mínima: acortar a un tercio los brotes laterales que hayan florecido, retirar los tallos secos o desnudos y despuntar lo que se haya salido del soporte. No admite podas severas ni cortes sobre madera vieja, que rebrota mal. Los cortes sueltan látex blanco, irritante para piel y ojos como en todas las apocináceas, así que conviene hacerlo con guantes y lavarse después.

El trasplante, cada dos o tres años y en marzo, subiendo un solo número de maceta. La planta florece mejor con la raíz algo apretada, de modo que un tiesto excesivo retrasa la flor durante temporadas. Sustrato ácido, drenaje generoso en el fondo y máximo cuidado con el cepellón; después del trasplante es normal que se pare unas semanas.

En resumen

Stephanotis floribunda es una trepadora tropical de Madagascar que en un piso español muere por tres causas identificables: el agua dura, que le encala el sustrato y le provoca clorosis férrica; el aire seco de la calefacción, que la debilita y le trae araña roja y cochinilla algodonosa; y los cambios de sitio o de orientación, ante los que suelta los botones sin abrir. Se corrigen con agua de lluvia y quelato de hierro, con humedad ambiental alta y distancia respecto a los radiadores, y con dejarla quieta desde la brotación hasta el final de la floración. El aro de alambre con el que se vende conviene sustituirlo por un enrejado mayor al trasplantar. Y para volver a florecer necesita un reposo invernal de noviembre a febrero entre 12 y 15 °C, con riego reducido, luz abundante y el abonado suspendido.


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