Hay un cultivo agrícola en el mundo cuyo nombre comercial está reservado por ley a cinco estados de un solo país y a una única variedad de una única especie. Ese cultivo es el agave azul, y esa restricción explica tanto su paisaje —los campos rayados de azul de los Altos de Jalisco— como el problema biológico que arrastra.

Plantación de Agave tequilana en cultivo

Qué es el agave azul

Agave tequilana F.A.C.Weber, variedad 'Azul', es una asparagácea mexicana de roseta compacta, con hojas lanceoladas rígidas de 90 a 120 cm, estrechas, de color glauco entre gris y azul plateado, con dientes marginales pardos y una espina terminal dura y punzante. Alcanza metro y medio o dos de altura y otro tanto de diámetro. Buena parte de la taxonomía moderna la considera una variedad cultivada dentro del complejo de Agave angustifolia, seleccionada por el hombre durante siglos.

El color azulado se debe a una capa de ceras epicuticulares densa, que refleja la radiación y reduce la pérdida de agua. Es un rasgo del que depende también su valor ornamental, y que desaparece si se frota la hoja.

La denominación de origen: qué protege exactamente

México estableció en 1974 la Denominación de Origen Tequila, que fue de las primeras del continente americano y que funciona con la misma lógica que las europeas del vino o del queso. Sus condiciones son estrictas y conviene enumerarlas porque a menudo se cuentan mal:

Solo una especie. El destilado únicamente puede elaborarse a partir de Agave tequilana Weber variedad azul. Ningún otro agave sirve, aunque en México se destilen tradicionalmente decenas de especies distintas para otras bebidas —el mezcal, con su propia denominación, admite muchas más—.

Solo un territorio. La zona protegida comprende la totalidad del estado de Jalisco y una lista cerrada de municipios de Guanajuato, Michoacán, Nayarit y Tamaulipas. Fuera de ese perímetro se puede cultivar la planta, pero no llamar tequila a lo que salga de ella.

Un organismo de control. El Consejo Regulador del Tequila verifica plantaciones, inventarios y procesos conforme a la norma oficial mexicana correspondiente, y distingue las categorías según la proporción de azúcares procedentes del agave.

La consecuencia agronómica de todo esto es que un cultivo entero queda amarrado a un genotipo y a una geografía. Ni el productor puede cambiar de variedad si le conviene, ni puede desplazar la producción a otra región. Es una situación de rigidez muy poco frecuente en agricultura.

La piña y por qué se cosecha antes de tiempo

Lo que se recolecta no son las hojas sino el tallo engrosado que hay en el centro de la roseta, bajo el nivel del suelo: un órgano ovoide y compacto que, una vez desprovisto de hojas, recuerda a una piña tropical y que recibe ese nombre. En una planta madura pesa habitualmente entre 30 y 90 kilos, y en ejemplares excepcionales bastante más.

Ese tallo es el almacén de reservas de la planta, y lo que guarda no es azúcar sino fructanos: polímeros de fructosa de tipo inulina, llamados agavinas, que la planta acumula lentamente durante años a partir de la fotosíntesis CAM de sus hojas. Los fructanos no fermentan tal cual. La industria los somete a cocción prolongada —en hornos de mampostería tradicionales o en autoclaves— y ese calor los hidroliza en azúcares simples que ya sí puede consumir la levadura. Todo lo que ocurre a partir de ahí pertenece al proceso industrial de una bebida alcohólica y queda fuera de lo que aquí interesa.

El momento de la cosecha es el punto crítico. La planta tarda entre seis y ocho años en acumular reservas suficientes, y hay que recogerla justo antes de que decida usarlas. Porque Agave tequilana es monocárpica: al madurar levanta un escapo floral —el quiote— de cinco a ocho metros, y para construirlo consume íntegramente los fructanos de la piña y muere después. Una planta que ha florecido tiene la piña vacía y no sirve para nada.

Por eso, en toda plantación comercial se practica el desquiote o castración: en cuanto asoma el escapo, se corta. La planta no puede reproducirse sexualmente y mantiene las reservas en el tallo, que sigue engrosando un tiempo más. La recolección la hace el jimador, que separa la piña del suelo y le corta las hojas a ras con una herramienta de hoja circular llamada coa de jima.

Hojas glaucas y dentadas de Agave tequilana

El problema: un cultivo sin variabilidad genética

Aquí encaja todo lo anterior en una única consecuencia, y es seria.

Si la planta se castra sistemáticamente antes de florecer, no hay flores; sin flores no hay polinización —que en la naturaleza corre a cargo sobre todo del murciélago magueyero, Leptonycteris— ni hay semilla. La única forma de obtener nuevas plantas es el hijuelo: los brotes que el agave emite desde rizomas laterales, que son clones exactos de la planta madre. Cada mata produce unos cuantos al año, se arrancan, se seleccionan por tamaño y se replantan.

Repetido durante generaciones y a escala industrial, el resultado es que los cientos de millones de agaves azules plantados en Jalisco son, genéticamente, casi la misma planta. Los estudios con marcadores moleculares publicados sobre poblaciones comerciales han encontrado una diversidad extremadamente baja, con la mayor parte del material agrupado en unos pocos genotipos.

Un monocultivo clonal es un blanco perfecto para un patógeno. Si aparece una cepa capaz de superar las defensas de ese genotipo, no hay individuos resistentes donde el brote se frene: todos son igual de vulnerables. Es la misma lógica que arrasó la banana 'Gros Michel' a mediados del siglo XX y que amenaza hoy a la 'Cavendish' que la sustituyó.

Con el agave azul ya ha pasado. Entre finales de los años noventa y principios de los dos mil, un complejo de enfermedades conocido en México como marchitez o TMA —con Fusarium oxysporum, Erwinia y otras bacterias de pudrición implicadas, y con el picudo del agave, Scyphophorus acupunctatus, actuando como vector y puerta de entrada— destruyó una fracción muy grande de la superficie plantada y provocó una crisis de abastecimiento que tardó años en corregirse. El ciclo de seis a ocho años del cultivo agrava cualquier desajuste: cuando falta materia prima, la respuesta tarda casi una década en llegar.

Las líneas de trabajo abiertas para reducir el riesgo pasan por conservar germoplasma silvestre del complejo Agave angustifolia, por permitir la floración de una parte de las plantaciones para recuperar reproducción sexual, y por proteger las poblaciones de murciélagos polinizadores, cuya conservación está directamente ligada a la del cultivo. Nada de eso es sencillo cuando la norma exige una única variedad.

Como planta ornamental en España

Al margen de su papel industrial, el agave azul es una excelente planta de jardín seco, y en España se emplea cada vez más en xerojardinería. Su hoja estrecha, rígida y de azul metálico da una textura distinta a la de los agaves de hoja ancha.

Advertencia previa: a diferencia del Agave attenuata, este sí va armado. Espina terminal rígida y dientes marginales cortantes. No debe plantarse junto a caminos, escaleras, zonas de juego ni pasos estrechos; el margen de seguridad razonable es de metro y medio a cualquier zona de tránsito.

Clima y rusticidad. Soporta pleno sol, calor extremo y sequía prolongada. En cuanto al frío, aguanta heladas ligeras del orden de -4 °C a -6 °C si el suelo está seco, y por debajo aparecen daños en las hojas y riesgo de pudrición del corazón. Es cultivable en tierra en el litoral mediterráneo, el sur peninsular, Baleares y Canarias, y en el interior con reservas y en suelo muy drenante. La humedad invernal combinada con frío es más dañina que el frío solo.

Suelo. Pobre, pedregoso, arenoso o franco, siempre con drenaje libre. Tolera la caliza. En terreno arcilloso hay que plantarlo en montículo o en talud. En maceta, mezcla con más de la mitad de árido y recipiente ancho y estable.

Riego. Solo durante el primer año de arraigo, y espaciado. Después vive de la lluvia en casi toda la mitad sur, y en maceta se riega cada dos o tres semanas en verano y nada en invierno.

Multiplicación. Por hijuelos, exactamente igual que en la plantación comercial. Se separan en primavera con un corte limpio del rizoma, se dejan secar tres o cuatro días para que cicatrice la herida y se plantan en sustrato seco sin regar la primera semana.

Vigilancia. El picudo del agave también está presente en España y afecta a agaves ornamentales. Hojas centrales que amarillean, base blanda y olor a fermentado son señales de infestación; los ejemplares afectados se retiran y se destruyen para no alimentar el foco.

Nota final: el agave azul de jardín es una planta ornamental y ninguna parte suya debe usarse para consumo doméstico. La savia fresca de los agaves contiene saponinas y oxalato cálcico, irrita la piel y las mucosas y produce dermatitis de contacto en manipulaciones sin guantes; y todo lo que la industria elabora con esta especie es una bebida alcohólica sujeta a su propia regulación. Ante una irritación por savia o una punción con la espina que se inflame, la consulta es al médico o al farmacéutico.

En resumen

Agave tequilana variedad azul es la única planta autorizada por la denominación de origen mexicana, que además fija los territorios donde puede producirse. De ella se aprovecha la piña, el tallo engrosado que almacena fructanos y que se cuece para transformarlos en azúcares fermentables. Se cosecha a los seis u ocho años y siempre antes de que florezca, porque la floración consume esas reservas y mata la planta; para impedirla se corta el escapo, y eso deja el hijuelo como único método de propagación. De ahí un monocultivo clonal con diversidad genética mínima, que ya sufrió una epidemia devastadora de marchitez a principios de siglo. Como ornamental en España es una xerófita excelente para jardín seco, resistente hasta unos -5 °C, pero armada con espina y dientes y no apta junto a zonas de paso.


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