Una glicina adulta arranca canalones. No es una exageración de manual: sus tallos engrosan como troncos, se enrollan alrededor de cualquier cosa cilíndrica y siguen engordando hasta aplastarla. Quien planta una Wisteria junto a una fachada está tomando una decisión de obra, no de decoración, y conviene saberlo antes de excavar el hoyo.

Racimos colgantes en flor de glicina

Una leguminosa que se enrosca

La glicina es una leguminosa leñosa caduca, pariente de la retama y del guisante, con hoja compuesta imparipinnada y flores papilionáceas agrupadas en racimos colgantes que abren en abril y mayo, antes o a la vez que la hoja según la especie.

Trepa por volubilidad: el extremo del brote gira en el aire buscando apoyo y, al encontrarlo, se enrolla. No tiene zarcillos ni ventosas ni raíces adventicias, así que no se agarra a una pared lisa; necesita algo que abrazar. Ese algo acaba dentro del tallo cuando este engrosa, y ahí empieza el problema: un alambre fino queda embebido en la madera, un canalón de zinc se retuerce, una celosía de listón de 2 cm revienta a los pocos años y una bajante de PVC se deforma.

Además crece mucho: entre 1 y 3 m al año en un ejemplar establecido, con brotes largos y delgados que en verano se lanzan a varios metros. Un pie viejo puede cubrir 15 m de pérgola y pesar cientos de kilos con la hoja mojada.

La estructura que hay que darle

De ahí se deducen las reglas de soporte:

  • Cable de acero de 4 mm o pletina metálica anclada con tacos químicos, separada 8-10 cm de la pared para que el tallo pueda rodearla y para ventilar el paramento.
  • Pérgolas de madera de escuadría gruesa —postes de 12 x 12 cm o superiores— o estructura metálica. Los enrejados finos de jardinería, las celosías de listón y los arcos de varilla no aguantan.
  • Lejos de canalones, bajantes, antenas, persianas y tejas. La glicina se cuela bajo el alero y levanta la teja desde dentro.
  • Distancia al muro de al menos 40-50 cm para el pie, y suelo profundo: la raíz principal se hunde y emite chupones a distancia.
  • Junto a árboles, ojo: en Estados Unidos las especies asiáticas se han convertido en invasoras estrangulando arbolado, y en un jardín sucede lo mismo a menor escala si se la deja subir a un frutal.

También se cultiva sin trepar, formada como pequeño árbol sobre un tutor metálico, con una cabeza de brotes cortos podados dos veces al año. Es la forma más razonable para un patio o una maceta grande, y también la que más flor da por metro cuadrado.

La poda en dos tiempos

Aquí se decide la floración. La glicina abre sus racimos en espolones cortos formados sobre madera vieja, no en los brotes largos del año. Dejarla crecer libre produce una masa de látigos y muy pocas flores; podarla solo en invierno, cortando a lo bruto, elimina precisamente las yemas florales ya formadas.

El calendario correcto tiene dos pasos:

Julio-agosto. Se recorren todos los brotes largos del año, esos látigos verdes que salen en todas direcciones, y se cortan dejando cinco o seis hojas desde su base. Con eso se frena el crecimiento, entra luz al interior de la planta y las yemas de la base del brote se convierten en yemas de flor en lugar de seguir alargándose. Los brotes que interese conservar para prolongar la estructura se dejan y se atan.

Enero-febrero. Con la planta desnuda se vuelve sobre esos mismos brotes ya acortados y se rebajan a dos o tres yemas, unos 8-10 cm. Ahora se distinguen bien las yemas: las de flor son gruesas, redondeadas y algo peludas; las de hoja, pequeñas, delgadas y pegadas al tallo. Se aprovecha para retirar madera muerta, cruces y chupones del pie.

Repitiendo esa pauta cada año, la planta construye espolones cortos y compactos a lo largo de las ramas principales, y en abril esos espolones se cubren de racimos. Los brotes que salen del suelo o del portainjerto se eliminan siempre, cortándolos de raíz y no a ras de suelo.

Injerto o semilla

Una glicina de vivero seria va injertada —de púa, cerca de la base— o procede de acodo o esqueje de una planta madre que ya florece. El motivo es simple: la madera injertada mantiene la madurez del ejemplar del que se tomó y florece en dos o tres años desde la plantación, con el color y el tamaño de racimo esperados.

Un ejemplar nacido de semilla, en cambio, tiene que pasar por su fase juvenil completa antes de poder formar yemas florales. Ese periodo dura fácilmente de ocho a quince años, y cuando por fin florece, el color y la longitud del racimo son una lotería, casi siempre peores que los del clon del que salió la semilla. Ahí está el origen de las glicinas que llevan una década tapando una pérgola sin dar una sola flor.

Cómo distinguirlo antes de comprar: se busca el bulto del injerto a pocos centímetros del suelo, y se pregunta por el nombre de cultivar. Una planta etiquetada solo como «Wisteria sinensis, azul» y vendida muy barata en bandeja de semillero suele ser de semilla. Comprarla en flor, en primavera, elimina cualquier duda.

Otras causas de falta de floración: exceso de nitrógeno por abonar el césped contiguo, sombra, poda equivocada, heladas tardías sobre las yemas ya hinchadas y sequía severa el verano anterior, cuando se forman las yemas. Un abonado con potasio en otoño y contención del nitrógeno ayudan.

Sinensis, floribunda y otras

Wisteria sinensis, la china. Racimos de 20 a 30 cm que abren casi todos a la vez, antes de brotar la hoja, lo que produce ese efecto de cascada limpia. Hoja con 9-13 folíolos. Los tallos se enrollan en sentido antihorario visto desde arriba. Es la más vigorosa y la más extendida en España; 'Prolific' florece joven y con mucha densidad.

Wisteria floribunda, la japonesa. Racimos más largos, de 30 a 60 cm, que en 'Multijuga' superan los 90, y que abren progresivamente desde la base a la vez que sale la hoja, con floración más prolongada y más perfumada. Hoja con 13-19 folíolos. Sus tallos giran en sentido horario, exactamente al revés que la china. Ese detalle, que parece anecdótico, sirve para identificar una planta sin flor y para no atar un brote en contra de su sentido natural, cosa que hace que se suelte.

Wisteria brachybotrys, con racimos cortos y anchos muy fragantes ('Shiro-kapitan', blanca; 'Showa-beni', rosa), es de menor porte y buena opción para espacios medianos.

Wisteria frutescens, americana, y su cultivar 'Amethyst Falls', florece sobre madera del año, es mucho menos vigorosa (3-5 m), repite algo en verano y resulta manejable en balcón o en un patio pequeño. Para quien quiere la estampa sin la obra civil, es la elección sensata.

Glicina cubriendo una estructura como planta trepadora

Plantación, suelo y riego

Se planta de octubre a marzo, a pleno sol; en media sombra vegeta y florece poco. Quiere suelo profundo, fresco y bien drenado, y tolera bastante bien la caliza, aunque en terrenos muy calizos y con riego de aguas duras del Levante y del valle del Ebro aparece clorosis férrica: hojas amarillas con nervios verdes. Se corrige con quelato de hierro y con acolchado orgánico que acidifique poco a poco.

Riego regular los tres primeros años hasta que la raíz profundiza; después, un pie establecido aguanta el verano en la mitad norte y agradece riegos de apoyo en el sur. En maceta hay que regar de verdad y abonar con potasio, y contar con trasplantes a recipiente cada vez mayor.

Los problemas sanitarios son escasos: pulgón en la brotación, cochinilla algodonosa en tallos viejos y poco aireados, y en ejemplares estresados algún ataque de escarabajos defoliadores. Las heladas tardías queman los racimos ya formados sin matar la planta.

Semillas y vainas tóxicas

Tras la floración, la glicina forma vainas aterciopeladas de 10-15 cm que se secan en otoño y se abren con un chasquido, lanzando las semillas a varios metros. Esas semillas, planas y de color castaño, y también las vainas, contienen lectinas y glucósidos que provocan vómitos, dolor abdominal y diarrea incluso en cantidades pequeñas: un par de semillas bastan para una intoxicación en un niño.

La medida práctica es cortar las vainas en cuanto se ven, sobre todo si hay niños o perros en el jardín, y recogerlas del suelo. Ante una ingestión, se acude al médico o al veterinario y se llama al Instituto Nacional de Toxicología (91 562 04 20). El resto de la planta también es irritante si se mastica, y la corteza y la raíz están descritas como tóxicas; no tiene uso alimentario ni casero de ningún tipo.

En resumen

La glicina es una leguminosa voluble de crecimiento enorme y fuerza mecánica real, así que exige cable de acero, pletina o pérgola de escuadría gruesa y distancia respecto a canalones, bajantes y aleros. Florece en espolones cortos sobre madera vieja, y por eso la poda se hace en dos tiempos: acortar los látigos a cinco o seis hojas en julio o agosto y rebajarlos a dos o tres yemas en pleno invierno. Un pie injertado o de esqueje florece en dos o tres años; uno de semilla puede tardar más de una década y dar flor mediocre. W. sinensis abre racimos cortos de golpe y se enrolla en sentido antihorario; W. floribunda los da largos, progresivos y perfumados y gira al revés; W. frutescens 'Amethyst Falls' resuelve los espacios pequeños. Las semillas y las vainas son tóxicas y conviene retirarlas.


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