Las weigelas son arbustos caducifolios de Asia oriental, de la familia de las caprifoliáceas, cultivados por una floración de primavera que cubre las ramas arqueadas de flores tubulares acampanadas en rosa, rojo o blanco. Weigela florida, procedente del norte de China y Corea, es la especie que está detrás de la mayoría de los cultivares de jardín; Weigela floribunda, japonesa y de flores más oscuras, se ve mucho menos y aparece sobre todo en colecciones y como parental de híbridos.
Lo que las hace útiles no es solo la flor, sino la relación entre esfuerzo y resultado. Son arbustos rústicos, resistentes al frío, poco exigentes con el suelo, sin plagas serias y de crecimiento rápido, que florecen a los pocos años de plantados y admiten cualquier tipo de poda de renovación. Y en las últimas décadas la selección de cultivares con follaje coloreado, púrpura oscuro o variegado en crema, les ha añadido un interés que dura toda la temporada y no solo las semanas de floración.
Cómo reconocerlas
Forman una mata de ramas erguidas que se van arqueando hacia fuera con el peso del follaje y de la flor, hasta dibujar una silueta de fuente. El porte es medio, en torno a los dos o tres metros en la especie tipo, aunque hay cultivares enanos que no pasan del metro y son los que más se usan hoy en jardines pequeños y en maceta.
Las hojas son opuestas, elípticas u ovales, acuminadas, con el borde finamente dentado y los nervios marcados. En los cultivares de follaje púrpura el color es más intenso a pleno sol y se apaga hacia el verde bronceado en sombra, cosa que conviene tener en cuenta al elegir la ubicación.
Las flores salen en pequeños grupos a lo largo de las ramas del año anterior, no solo en los extremos, y esa distribución es la que produce el efecto de rama enteramente florecida. Cada flor es un tubo acampanado de cinco lóbulos, de uno a tres centímetros, en tonos que van del blanco al rosa y al rojo carmín según el cultivar. Tras la floración se forman cápsulas leñosas alargadas con semillas menudas, sin interés ornamental.
Entre los cultivares más difundidos están 'Bristol Ruby', de flor rojo intenso, las variedades de hoja variegada con margen crema, y las de follaje púrpura oscuro con flor rosa, que son las que mejor resultado dan cuando se busca contraste de color en un macizo.
Dónde plantarlas en España
Aceptan sol pleno o sombra parcial. A pleno sol florecen más y los follajes de color dan su tono más intenso; en sombra parcial la floración es algo menor pero la planta sufre menos calor. En el norte y en el interior peninsular fresco se pueden plantar al sol sin más; en el sur y en el litoral mediterráneo cálido conviene reservarles una posición con sol de mañana y sombra en las horas centrales del verano.
Son muy resistentes al frío invernal y florecen bien tras inviernos duros, así que funcionan en la meseta, en zonas de montaña media y en el norte húmedo sin ningún problema. Su limitación no es el frío sino el calor seco prolongado: en veranos largos y áridos, con suelo pobre y sin riego, se defolian parcialmente y pierden vigor. No son plantas de secano.
Suelo y riego
No son exigentes. Cualquier suelo de jardín fértil, fresco y bien drenado les sirve, y toleran razonablemente la caliza, aunque en suelos muy alcalinos pueden mostrar amarilleos. Los suelos pesados los aceptan mientras no se encharquen de forma permanente.
El riego debe ser regular y moderado. Necesitan agua durante la floración y a lo largo del verano para mantener el follaje en buen estado, sin que eso implique un riego abundante. Un acolchado orgánico al pie ayuda mucho a mantener la humedad y ahorra riegos.
Un aporte de compost o de un abono equilibrado de liberación lenta al final del invierno mejora la floración. Conviene evitar los excesos de nitrógeno, que producen brotes largos y blandos a costa de la flor.
Poda
Es lo único que hay que hacer bien, y explica la diferencia entre una weigela espléndida y una mata leñosa y deslucida. La weigela florece sobre la madera del año anterior, así que la poda se hace justo después de la floración, en cuanto se apagan las flores, y nunca en invierno.
El trabajo tiene dos partes. La primera es acortar las ramas que han florecido, cortando por encima de un brote nuevo bien orientado. La segunda, más importante, es la renovación: cada año se eliminan a ras del suelo dos o tres de las ramas más viejas, gruesas y agotadas, para forzar la salida de vástagos nuevos desde la base. Las weigelas envejecen deprisa y una mata que lleva años sin renovar acaba floreciendo solo en la punta de ramas largas y desnudas.
Toleran también el rejuvenecimiento drástico: un ejemplar arruinado se puede rebajar casi a ras, y aunque se pierda la floración del año siguiente, rebrota con fuerza desde la cepa y en dos temporadas está reconstruido.
Plagas y problemas frecuentes
Son arbustos sanos. El pulgón aparece en los brotes tiernos de primavera y deforma las hojas apicales, pero rara vez pasa de ser una molestia estética y se controla solo en cuanto llegan los depredadores naturales. La cochinilla puede instalarse en ramas viejas de matas apretadas y sin ventilación, otra razón más para hacer la poda de renovación.
El oídio es posible a finales de verano en plantas apiñadas o regadas por aspersión sobre el follaje, y en climas cálidos y secos pueden verse ácaros.
La causa más común de decepción, sin embargo, no es sanitaria: es la floración escasa, y casi siempre responde a una de estas tres cosas, poda hecha en el momento equivocado, sombra excesiva o mata envejecida sin renovar.
Multiplicación
Muy fácil, una de las más agradecidas del jardín. Por esqueje herbáceo o semileñoso en verano, tomando brotes del año de diez a quince centímetros, o por esqueje leñoso en invierno con ramas ya lignificadas plantadas directamente en tierra en un rincón resguardado. También se puede acodar una rama baja, que arraiga con facilidad. La siembra solo tiene sentido para la especie botánica, porque los cultivares no se reproducen fielmente de semilla.
Usos en el jardín
Su lugar natural es el macizo mixto de arbustos, en segundo plano, donde aportan volumen y una floración potente de primavera. Se llevan bien con rosales, spireas, filadelfos y lilas, y los cultivares de hoja púrpura o variegada resuelven muy bien la necesidad de tener color de follaje durante todo el verano.
También funcionan como seto informal libre, plantadas en línea y dejando que se arqueen, y las variedades enanas sirven para borduras, para jardines pequeños y para maceta grande de terraza, siempre con riego regular.
Las flores tubulares son muy visitadas por abejas y mariposas, así que son una aportación real en un jardín pensado para polinizadores. Algunas variedades ofrecen una segunda floración ligera a finales de verano u otoño, menos abundante que la principal, que se favorece retirando las flores marchitas de la primera.
En resumen
Las weigelas son arbustos caducifolios de floración primaveral abundante, con flores tubulares repartidas por toda la longitud de ramas arqueadas. Son rústicas, resistentes al frío, poco exigentes con el suelo y sin enemigos serios, y los cultivares de follaje púrpura o variegado alargan su interés más allá de las semanas de flor.
La clave del cultivo es la poda: siempre después de la floración, nunca en invierno, y acompañada cada año de la retirada a ras de dos o tres ramas viejas para mantener la mata joven. Fuera del norte húmedo necesitan riego regular en verano y agradecen sombra en las horas centrales, porque lo que las limita no es el frío sino el calor seco.