Temperatura media y alta
Pleno sol
Ligero, drenado, incluso calizo
Riego moderado
Hoja perenne
Flor: marzo-julio y otoño
Semillas

Teucrium fruticans, la olivilla, es un arbusto perenne de la familia de las labiadas, autóctono del Mediterráneo occidental. Crece de forma espontánea en el sur de la península ibérica, y esa procedencia explica todo lo demás: aguanta el sol, la sequía, el suelo calizo y pobre, la brisa marina y el recorte constante de la tijera. Es una de las plantas mediterráneas más útiles que existen para hacer setos y volúmenes verdes con muy poca agua.

Lo que la distingue a primera vista es el color. Los tallos jóvenes y el envés de las hojas están cubiertos de un tomento blanco denso, mientras que el haz es de un verde grisáceo mate, de modo que la mata entera tiene un tono plateado que cambia con el viento y con la luz del día. Sobre ese fondo gris salen, durante meses, flores de un azul lila pálido. No es un arbusto de floración explosiva, sino de floración larga y repartida, con un empujón fuerte en primavera y un segundo brote en otoño.

Cómo reconocerla

Forma una mata densa y ramosa, de porte medio, que dejada a su aire redondea su silueta y suele quedarse entre uno y dos metros de alto, con una anchura similar o mayor, porque tiende a extenderse más que a crecer en altura. Las ramas son blanquecinas, cuadrangulares como corresponde a una labiada, y muy ramificadas desde la base.

Las hojas son pequeñas, opuestas, ovales o lanceoladas, enteras, coriáceas, con el haz gris verdoso y el envés claramente blanco. Al frotarlas desprenden un olor amargo y resinoso característico.

La flor es el detalle que identifica con seguridad al género. Las labiadas suelen tener dos labios, pero en Teucrium el labio superior está prácticamente ausente, dividido y echado hacia los lados, de manera que la corola parece tener solo un gran labio inferior colgante, con los cuatro estambres y el estilo sobresaliendo por encima, muy visibles. Ese aspecto de flor "descabezada" con los estambres arqueados al aire es inconfundible. El color habitual es azul lavanda claro; el cultivar 'Azureum' lo tiene bastante más intenso, con hojas algo menores y porte más compacto.

Dónde plantarla

A pleno sol, sin discusión. En semisombra sobrevive, pero pierde el color plateado, se ahíla y florece poco. Es una planta para las posiciones más duras del jardín: taludes secos orientados al sur, franjas junto a pavimentos, medianas, jardines costeros expuestos al viento.

Su tolerancia a la salinidad y al viento marino la convierte en una de las mejores opciones para primera línea de costa en todo el litoral mediterráneo y atlántico sur, donde muchos arbustos ornamentales se queman con el aerosol salino. En el interior funciona igual de bien mientras el invierno no sea severo: soporta bien las heladas ligeras y los fríos moderados, pero en zonas de heladas fuertes y prolongadas puede sufrir daños en el follaje y en los brotes tiernos, y en esas condiciones conviene resguardarla o buscarle un microclima junto a un muro cálido.

Suelo y riego

Aquí está su gran virtud práctica: acepta casi cualquier suelo mientras drene. Ligero, pedregoso, pobre, y calizo sin ningún problema, que es lo que hay en buena parte de España. No necesita tierra fértil ni enmiendas costosas. Lo único que no perdona es el encharcamiento: en suelo pesado y mal drenado se pudre por el cuello o por la raíz, especialmente si además se riega mucho.

El riego debe ser moderado y espaciado. Durante el primer año, mientras arraiga, conviene regar con regularidad para que profundice; una vez establecida, se contenta con muy poco y en muchas zonas de clima mediterráneo pasa el verano con aportes ocasionales o incluso sin ellos, aunque riegos puntuales mantienen el follaje más vistoso y prolongan la floración. Un error frecuente en jardinería es incluirla en un programa de riego de césped: el exceso de agua la ablanda, la hace crecer desordenada y termina matándola.

No requiere abonados. Un suelo demasiado rico produce brotes largos y blandos que estropean la compacidad de la mata.

Poda

Soporta el recorte extraordinariamente bien, y eso es lo que la ha hecho tan popular. Se puede llevar como seto recortado, bola, cubo o forma libre, y responde con brotación densa. Para mantener un seto formal se dan dos o tres recortes al año, siempre sobre madera joven.

Si se cultiva por la flor, la poda principal se da tras la floración fuerte de primavera y comienzos de verano, que es lo que estimula el segundo empujón de otoño. En setos recortados, en cambio, se sacrifica buena parte de la floración a cambio de la forma, y hay que decidir qué se busca.

Con los años las matas tienden a envejecer, ahuecarse por la base y quedar leñosas por dentro. Rebrota de madera vieja, pero no de forma tan garantizada como para hacer un rejuvenecimiento drástico de golpe con tranquilidad: es más prudente renovarla por partes, rebajando un tercio de la mata por temporada, y en ejemplares muy agotados suele salir más a cuenta reponer la planta, que además enraíza y crece rápido.

Plagas y problemas frecuentes

Es un arbusto sano y poco problemático. Puede aparecer pulgón en los brotes tiernos de primavera, sobre todo tras un abonado o un riego generoso, y cochinilla en el interior de matas viejas y poco ventiladas. Nada de eso suele requerir intervención más allá de aclarar la planta.

El problema real, con diferencia, es el exceso de agua. Ramas que se secan por sectores, follaje mate y pérdida progresiva de la mata en verano suelen apuntar a hongos de raíz y cuello favorecidos por riego excesivo o drenaje deficiente, no a sequía. Ante ese cuadro, lo primero que hay que revisar es el programador de riego.

El segundo problema típico es el envejecimiento por falta de poda: matas abiertas, huecas por el centro y con la floración desplazada a la periferia.

Multiplicación

Muy sencilla por esqueje semileñoso. Se toman ramillas de diez a quince centímetros en verano o principios de otoño, se les quitan las hojas de la mitad inferior y se plantan en sustrato arenoso, en sombra y con humedad constante pero sin saturar. Enraízan con facilidad y en una temporada dan plantas listas para el jardín, lo cual hace muy barato montar un seto largo a partir de un solo ejemplar. También se puede acodar arqueando una rama baja al suelo.

Usos en el jardín

Es una planta de estructura. Sus mejores papeles son el seto bajo o medio recortado, la bordura de un parterre formal, el volumen geométrico que da orden a un jardín mediterráneo, y la masa que cubre un talud seco donde no se quiere tener que regar. El color gris plateado se aprovecha mucho como contraste frente a follajes verde oscuro.

Combina de forma natural con el resto de la paleta mediterránea: lavandas, romeros, santolinas, cistus, salvias arbustivas, olivos y cipreses. En jardinería de bajo consumo de agua es una pieza básica, porque aporta la masa perenne que otras plantas de la misma paleta, más leñosas o más efímeras, no dan.

Funciona también en maceta grande de terraza soleada, siempre con buen drenaje, y se recorta ahí en bola o cono sin dificultad. Su floración prolongada atrae abejas y otros polinizadores, un argumento más para no recortarla en el momento en que va a florecer.

En resumen

La olivilla es un arbusto mediterráneo perenne de follaje gris plateado y flores azul lila, con una floración larga que se reparte entre la primavera y el otoño. Pide sol pleno, suelo drenado (le da igual que sea calizo o pobre) y poca agua, y a cambio soporta la sequía, la sal marina, el viento y la tijera mejor que casi cualquier otro arbusto ornamental.

Su punto débil es el agua en exceso, que la pudre, y el envejecimiento de las matas cuando no se podan. Bien situada y recortada con regularidad, es una de las soluciones más fiables para setos, borduras y volúmenes verdes en jardines de clima seco y en primera línea de costa, y se multiplica por esqueje con tanta facilidad que ampliar la plantación no cuesta nada.


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