Temperatura media
Semisombra
Suelo humífero, bien drenado
Riego regular
Hoja perenne
Flor: invierno-primavera
Bayas rojas en otoño (pie femenino)

Skimmia japonica es un arbusto perenne de la familia de las rutáceas, la misma de los cítricos, que se cultiva por tres cosas a la vez: el follaje verde oscuro y brillante que no pierde en todo el año, las panículas de botones florales que se forman en otoño y aguantan cerradas todo el invierno, y las bayas rojas que producen los ejemplares femeninos. Es una planta de sombra, compacta, de crecimiento lento, que rara vez pasa del metro y medio y que en jardinería se usa mucho en primer plano de macizos y en maceta.

Lo que la distingue de casi cualquier otro arbusto de invierno es que es dioica: hay pies masculinos y pies femeninos por separado. Esto tiene una consecuencia práctica que conviene entender antes de comprar, porque explica el malentendido más habitual con esta planta. Los cultivares más vendidos, como 'Rubella' o 'Rubinetta', son masculinos: dan esos botones rojo intenso tan decorativos durante el invierno y flores blancas fragantes al abrir, pero nunca darán bayas. Para tener frutos hace falta un pie femenino y, cerca, uno masculino que lo polinice. La excepción es la subespecie reevesiana, que es hermafrodita y fructifica por sí sola.

Cómo reconocerla

Forma una mata redondeada y densa, de ramificación corta y crecimiento lento. Las hojas son alternas pero se agrupan en el extremo de las ramas, lo que da a la planta ese aspecto de ramillete; son coriáceas, elípticas, de un verde oscuro lustroso, y al frotarlas desprenden un olor resinoso característico de las rutáceas, por las glándulas de aceites esenciales que tienen en el limbo.

Las inflorescencias son panículas terminales. Se forman a finales de verano y otoño y permanecen visibles como racimos de botones apretados durante todo el invierno, con un color que va del verde crema al rojo granate según el cultivar. Ahí está buena parte del interés ornamental: la planta está decorativa durante meses sin haber abierto todavía una sola flor. Cuando por fin abre, entre finales de invierno y primavera, las flores son pequeñas, blancas o rosadas, y perfumadas.

En los pies femeninos, tras la floración cuajan bayas esféricas de un rojo brillante que maduran en otoño y aguantan en la planta buena parte del invierno, porque los pájaros no suelen tocarlas.

Atención: las bayas son tóxicas

Los frutos de Skimmia japonica son tóxicos por ingestión. La planta contiene alcaloides en hojas y frutos, y las bayas, por su tamaño y su color rojo intenso, resultan atractivas para los niños pequeños. No es una planta que haya que descartar, pero conviene saberlo y pensárselo dos veces antes de plantar un pie femenino cargado de fruto a la altura de la mano en una zona de juego o en el acceso a una guardería. Con los cultivares masculinos, que no fructifican, este problema no se plantea.

No se le conocen usos comestibles ni debe emplearse de ninguna forma en infusión o preparado casero.

Dónde plantarla en España

Aquí está el punto crítico. La skimmia es una planta de sotobosque húmedo y fresco, y eso condiciona mucho dónde funciona bien y dónde es una lucha continua. Prospera sin esfuerzo en la cornisa cantábrica, Galicia, el norte de Navarra y el País Vasco, y en general allí donde el verano es suave y el aire no se seca. En esas zonas se comporta como un arbusto de sombra sin ninguna exigencia particular.

En el interior peninsular y en el arco mediterráneo la cosa cambia. El verano largo, seco y con noches cálidas la castiga, y el sol directo de tarde le quema el follaje dejando manchas pardas irreversibles. Ahí hay que buscarle una orientación norte, la sombra de un muro o la de árboles de copa alta, y aceptar que necesitará riego durante toda la temporada seca. En clima muy cálido o muy soleado, mejor plantearla directamente en maceta, donde se controla el sustrato y se puede mover a resguardo.

Suelo y riego

Quiere un suelo humífero, fresco, mullido y bien drenado, con materia orgánica abundante. Y quiere que sea ácido o como mucho neutro. Es una acidófila declarada: en suelo calizo desarrolla clorosis férrica con rapidez, con las hojas amarilleando entre nervios que se mantienen verdes, y a partir de ahí la planta se estanca. Buena parte de la península tiene suelos con caliza activa, así que en la mayoría del territorio la respuesta razonable es cultivarla en maceta con sustrato para plantas acidófilas, el mismo que se usa para camelias, azaleas o rododendros.

Si el agua de riego es dura, algo muy frecuente en el centro y el este peninsular, ese es un segundo frente: el riego continuado con agua muy caliza va alcalinizando el sustrato incluso en maceta, y a los dos o tres años la planta empieza a mostrar clorosis aunque el sustrato de partida fuera ácido. Con agua de lluvia recogida, o alternando, el problema se retrasa mucho.

El riego debe ser regular, sin dejar que el cepellón se seque del todo y sin encharcar. Las raíces son superficiales y finas, y agradecen enormemente un acolchado de corteza de pino, hojarasca o restos de poda triturados, que mantiene la humedad, refresca el suelo en verano y acidifica ligeramente al descomponerse.

Poda

Casi no la necesita. Es un arbusto que forma solo su silueta redondeada y que crece despacio, así que la poda se limita a retirar ramas secas, dañadas o mal orientadas. Si hace falta reducir el tamaño o densificar, el momento es justo después de la floración de primavera, antes de que se formen los botones del invierno siguiente. Podar en otoño equivale a tirar a la basura toda la floración de la temporada.

Plagas y problemas frecuentes

El problema número uno no es una plaga, es la clorosis, y ya se ha visto de dónde viene. La segunda causa de fracaso es la exposición: sol directo excesivo, que quema, o suelo que se seca del todo en verano.

Entre las plagas propiamente dichas, la cochinilla (algodonosa y de caparazón) aparece con cierta frecuencia en ambientes resguardados y poco ventilados, instalada en el envés y en las axilas de las hojas. La araña roja es un problema de aire seco y calor, típico de terrazas mediterráneas en pleno verano, y se combate antes que nada corrigiendo el ambiente. En suelos pesados o mal drenados, la asfixia radicular y los hongos de raíz pueden matar la planta con síntomas que se confunden con sequía.

Multiplicación

Por esquejes semileñosos tomados a finales de verano o comienzos de otoño, de unos diez centímetros, con un talón si es posible, en sustrato ligero y ambiente húmedo. Enraízan sin grandes dificultades pero con lentitud, en consonancia con el ritmo de la planta. La ventaja del esqueje es que garantiza el sexo del ejemplar, cosa que la siembra no hace: de semilla saldrán pies masculinos y femeninos sin poder saberlo hasta la primera floración, varios años después.

Usos en el jardín

Es una planta de acompañamiento y de primer plano. Funciona muy bien al pie de árboles caducos, en el borde sombrío de un macizo, junto a helechos, hostas, heucheras y bulbos de invierno, o formando grupos de tres o cinco pies en un rincón de orientación norte. Como es acidófila, comparte de forma natural cantero y sustrato con camelias, azaleas, rododendros y hortensias.

En maceta es donde más se ve en España, y con razón: un ejemplar de 'Rubella' con sus panículas granate es una de las pocas plantas que aporta color a un balcón sombrío en diciembre y enero, justo cuando no hay nada más. También se usa mucho en composiciones de temporada para exterior, mezclada con brezos, hiedras y cíclamen, aunque en ese caso la vida útil de la composición es corta y la skimmia merece pasar después a su propia maceta.

En resumen

Skimmia japonica es un arbusto perenne de sombra, compacto y de crecimiento lento, valorado por su follaje brillante, por los botones florales que decoran la planta durante todo el invierno y por las bayas rojas de los pies femeninos. Es dioica, y ese detalle manda: los cultivares masculinos más habituales dan botones y flores perfumadas pero no fruto, y para tener bayas hay que combinar un pie femenino con uno masculino cercano.

Su exigencia real es el suelo ácido y fresco, no el frío. En el norte húmedo se cultiva sin problema en tierra; en el resto de España lo sensato es la maceta con sustrato de acidófilas, a la sombra, con riego regular, agua poco caliza y un buen acolchado. Y conviene recordar que las bayas son tóxicas por ingestión, algo a tener en cuenta cuando hay niños pequeños cerca.


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