Russelia equisetiformis, que también se encuentra en el comercio como Russelia juncea, es un arbusto bajo mexicano de aspecto inconfundible: una cascada de tallos finos, verdes, angulosos y colgantes, casi sin hojas visibles, salpicada de flores tubulares de un rojo coral intenso. En español se la conoce como lágrimas de amor o planta coral, y su parecido con una cola de caballo explica el nombre de la especie.
Su gracia está en la forma de crecer. Los tallos brotan desde la base, se arquean y caen, de modo que la planta se derrama por encima de un muro, un talud o el borde de una jardinera con un efecto de cortina florida que muy pocas plantas consiguen. Y florece durante casi toda la temporada cálida, de abril a octubre según la ficha, y prácticamente todo el año en las zonas más templadas del sur y de las islas.
Cómo reconocerla
Forma una mata de tallos delgados, verdes y estriados, con nudos marcados, que hacen la fotosíntesis en lugar de las hojas. Estas están reducidas a pequeñas escamas apenas perceptibles, y por eso la planta parece un manojo de juncos finos.
Las flores son tubulares, estrechas, de un rojo coral vivo, y aparecen en pequeños grupos a lo largo de los tallos. En su lugar de origen las visitan los colibríes, y aquí atraen mariposas y otros polinizadores de trompa larga. Existen también selecciones menos frecuentes de flor de tonos más claros.
En viveros y catálogos aparece indistintamente como Russelia equisetiformis o como Russelia juncea: son nombres de la misma planta, así que no hay que buscar diferencias entre una y otra. Pertenece a la familia Plantaginaceae, junto a las digitales y las verónicas, aunque durante mucho tiempo se clasificó entre las escrofulariáceas.
Los frutos son cápsulas pequeñas y sin interés ornamental, tal como recoge la ficha. La planta no se cultiva por ellos y lo habitual es que pasen desapercibidos.
Dónde y cómo plantarla
Pleno sol o sombra ligera. A pleno sol la floración es máxima y la mata más compacta; con algo de sombra a mediodía se comporta bien en los veranos más duros del sur, sin perder demasiada flor.
El sustrato debe ser rico y ligero, y admite el suelo calizo sin problemas, lo que en España es una ventaja evidente. El drenaje es la condición que no se negocia: los tallos y la base de la mata se pudren con facilidad si el agua se estanca.
Es una planta de temperaturas medias y altas. El frío la limita: las heladas le queman la parte aérea, y aunque en zonas de heladas ligeras suele rebrotar desde la base en primavera, en el interior peninsular frío no es una planta de exterior permanente. En el litoral mediterráneo, en Andalucía, en Murcia y en Canarias se comporta perfectamente al aire libre.
Tolera bien el ambiente marino, así que es útil en jardines de costa, y su tolerancia al calor reflejado la hace apta para muros y terrazas expuestas.
La colocación importa más que en otras plantas: hay que ponerla donde pueda caer. Plantada en el centro de un macizo plano pierde todo su interés; sobre un murete, en un talud, en una jardinera elevada o en una maceta colgante da lo mejor de sí.
Riego y sustrato
Riego medio y regular durante la temporada de crecimiento y floración. Es más exigente en agua que un arbusto mediterráneo típico, y la floración continua se resiente si pasa sed, pero tampoco quiere el suelo permanentemente húmedo.
En maceta hay que ser más constante, porque el sustrato se seca rápido y la mata es densa. En invierno el riego se reduce mucho, sobre todo en zonas frescas, ya que la planta reduce su actividad y el agua fría en la base es lo que más daño le hace.
Un abonado equilibrado cada pocas semanas durante la primavera y el verano mantiene la floración a buen ritmo. En suelo, un aporte de compost al inicio de la temporada suele bastar.
Poda
Florece sobre los tallos del año, así que la poda no compromete la floración y conviene hacerla con cierta regularidad.
La operación principal es un corte de renovación a finales de invierno o principios de primavera, eliminando los tallos viejos, secos o dañados por el frío desde la base y acortando el conjunto para que la mata rebrote densa. La planta responde muy bien a esta poda y en pocas semanas vuelve a llenarse.
Durante la temporada se van retirando los tallos que se agotan y se recorta lo que sobresalga o moleste. Una mata sin poda tiende a acumular tallos secos por dentro, pierde vigor y florece menos.
En zonas donde el frío quema la parte aérea, hay que esperar a la primavera para cortar, cuando se distingue lo vivo de lo muerto.
Plagas y problemas frecuentes
Tiene pocos enemigos. Los pulgones pueden instalarse en los extremos tiernos, y en verano seco y caluroso, sobre todo en maceta y en ambientes cerrados, puede aparecer araña roja, que da a los tallos un aspecto mate y polvoriento.
Las cochinillas se ven de vez en cuando en la base de la mata, escondidas entre los tallos, y conviene revisarla al hacer la poda de primavera.
El problema más habitual es la podredumbre de la base por exceso de agua o por sustrato compactado, que se manifiesta con tallos que amarillean y se desprenden. La pérdida repentina de una planta bien regada casi siempre tiene ese origen.
Los daños por frío no suelen ser mortales si la base está protegida: un acolchado grueso en invierno ayuda a que rebrote.
Multiplicación
Es muy fácil de multiplicar. Los tallos que tocan el suelo enraízan por sí solos en los nudos, así que basta con sujetar uno contra la tierra, esperar unas semanas y separarlo con sus raíces.
La división de mata en primavera es igual de sencilla: se separa una porción con raíz propia y se replanta directamente. Los esquejes de tallo tomados en primavera o verano, de unos diez centímetros, enraízan bien en sustrato ligero y húmedo.
La siembra carece de interés práctico, porque las vías vegetativas son rápidas y seguras.
Usos en el jardín
Su lugar natural son los bordes elevados: coronaciones de muros, jardineras altas, taludes, rocallas, macetas colgantes y bordes de escalera. También se usa como tapizante en pendientes soleadas, donde cubre bien el terreno y aporta color durante meses.
Combina bien con follajes grises y con plantas suculentas, y funciona especialmente en jardines de estilo mediterráneo y subtropical. En terrazas es una de las plantas de maceta más agradecidas para exposición soleada en clima cálido, con la ventaja de poder resguardarla en invierno.
En resumen
Russelia equisetiformis es un arbusto bajo de tallos colgantes casi sin hojas y flores tubulares rojo coral, que florece desde la primavera hasta el otoño y algo más en las zonas cálidas. Quiere sol, sustrato rico, ligero y bien drenado, y riegos medios y regulares.
Su límite es el frío, que le quema la parte aérea aunque suele rebrotar desde la base, y su enemigo es el encharcamiento. Plantada donde pueda derramarse, sobre un muro o en una jardinera elevada, y renovada con una poda a finales de invierno, es una planta de mantenimiento mínimo y floración muy larga.