El plumbago o jazmín azul (Plumbago auriculata, que durante mucho tiempo se llamó Plumbago capensis) es un arbusto sarmentoso sudafricano cultivado por una cosa que en jardinería es rara: el azul celeste de sus flores, un color que casi ninguna planta de exterior da con esa limpieza. Las flores se agrupan en cabezuelas terminales, tienen forma de trompeta con cinco lóbulos planos y recuerdan a las de un flox.
La otra clave es la duración de la floración. En clima mediterráneo florece de la primavera al otoño, sin apenas parar, y en zonas cálidas casi todo el año. Sus tallos son largos, flexibles y algo apoyantes, lo que le da un porte ambiguo: si se deja libre forma una mata desordenada y amplia, y si se guía sobre una reja, una pérgola o un muro se comporta como una trepadora apoyante, aunque no trepa por sí sola porque no tiene zarcillos ni raíces adventicias. Hay que atarla.
Cómo reconocerlo
Los tallos son delgados, verdes cuando jóvenes y algo leñosos en la base, largos y arqueados. Las hojas son alternas, ovaladas y de un verde claro mate, con dos pequeñas expansiones en la base del pecíolo que le dan el nombre de la especie.
Las flores tienen un tubo estrecho y largo que se abre en cinco lóbulos, de un azul celeste pálido, y se agrupan en inflorescencias densas en el extremo de los brotes del año. Existe también una forma de flor blanca y selecciones de azul más saturado.
Un detalle práctico y muy reconocible: el cáliz está cubierto de pelos glandulares pegajosos, y por eso las flores y los frutos se enganchan en la ropa, en el pelo y en el pelaje de los animales. Es su mecanismo de dispersión, y explica por qué después de podarlo se acaba con la camiseta llena de restos adheridos.
La savia contiene plumbagina, una sustancia que puede resultar irritante para la piel en personas sensibles. No es una planta peligrosa, pero en podas largas conviene usar guantes y no frotarse los ojos con las manos manchadas.
Dónde y cómo plantarlo
Pleno sol o sombra parcial. A pleno sol florece de forma mucho más abundante; en sombra parcial mantiene un follaje más fresco en verano y florece algo menos. En sombra plena hace ramas largas y desnudas con poquísima flor.
El sustrato debe ser normal, ligero y bien drenado. No es exigente en fertilidad y tolera suelos calizos, algo que en buena parte de España resulta determinante. Los suelos compactos y encharcadizos son su único veto.
El frío marca su distribución. Según la ficha se sitúa en zonas 9 a 11 y aguanta hasta unos siete grados bajo cero. En la práctica, en el litoral mediterráneo, en Andalucía, en Canarias y en zonas resguardadas se comporta como perenne y florece casi sin interrupción. En zonas de heladas moderadas pierde la parte aérea en invierno y rebrota desde la base en primavera, lo que no impide tenerlo, solo cambia su papel: se convierte en una planta que empieza de cero cada año.
Es muy resistente al ambiente marino, así que es una opción excelente en jardines de costa, sobre muros y vallas donde el viento salado castiga a otras trepadoras.
Al plantarlo hay que prever soporte si se quiere en vertical, y espacio si se deja libre, porque se extiende bastante a lo ancho.
Riego y sustrato
La ficha indica riegos profundos, y es la pauta correcta. Mejor mojar bien y espaciar que regar poco y a menudo: así la raíz baja, la planta gana resistencia al verano y se evita mantener el cuello húmedo.
Durante los dos primeros años necesita riegos regulares. Después es bastante resistente a la sequía, aunque con riego moderado en verano la floración es mucho más generosa y continua. Un plumbago sin nada de agua en agosto sobrevive, pero se para y pierde flor.
En invierno hay que reducir el riego al mínimo, sobre todo donde haga frío. En maceta, un platillo con agua permanente es un error que acaba en podredumbre de raíz.
Un abonado equilibrado en primavera y algún aporte durante el verano mantienen la floración. Los excesos de nitrógeno producen mucha rama y poca flor, un fallo bastante común con esta especie.
Poda
Este es el punto que decide el resultado. Florece sobre los brotes del año, así que una poda fuerte a finales de invierno, antes de que arranque el crecimiento, no solo no perjudica la floración: la mejora.
La pauta habitual es acortar de forma severa todos los tallos a finales de invierno, dejando una estructura corta y ordenada, y despejar el interior de ramas secas o débiles. La planta rebrota con vigor y florece sobre esos brotes nuevos.
Durante la temporada conviene ir recortando los extremos que ya han florecido para provocar nuevas ramificaciones y encadenar oleadas de flor. En las plantas guiadas sobre una reja, la poda se combina con el atado de los tallos nuevos, que hay que ir colocando mientras están flexibles.
Donde el frío quema la parte aérea, se espera a la primavera para cortar lo dañado, cuando se ve qué rebrota y qué no. Cortar en pleno invierno lo único que hace es dejar la planta más expuesta.
Plagas y problemas frecuentes
Es una planta sana. El problema más habitual en verano seco y caluroso es la araña roja, que deja las hojas moteadas, mates y a veces con una fina telaraña en el envés. Aumentar la humedad ambiental y evitar el estrés hídrico es la mejor prevención.
También pueden aparecer cochinillas en la base de los tallos y pulgones en los brotes tiernos de primavera. En sitios cerrados y húmedos, con mala ventilación, es posible que salga oídio en las hojas.
La falta de floración casi siempre responde a poca luz, exceso de nitrógeno o falta de poda de invierno. El amarilleo generalizado con caída de hoja suele ser exceso de agua o suelo compactado.
Multiplicación
Se multiplica con facilidad por esqueje de tallo semileñoso en primavera o verano, tomando trozos de unos diez centímetros, retirando las hojas inferiores y colocándolos en sustrato ligero y húmedo, en sombra. Enraízan bien y en pocas semanas.
El acodo de un tallo largo tumbado y sujeto contra el suelo es todavía más simple: la planta emite raíces en el punto de contacto y luego se separa. También produce a veces rebrotes de raíz que pueden separarse en primavera con un trozo de raíz propio.
La siembra es posible pero innecesaria, porque las vías vegetativas son rápidas y aseguran el color de la flor.
Usos en el jardín
Su mejor papel es cubrir superficies verticales de tamaño medio: muros, vallas, barandillas y celosías, siempre con ataduras. También funciona en talud, como cubierta amplia que tapa un terreno en pendiente, y en seto informal de floración larga.
En maceta grande da muy buen resultado en terrazas y patios, y permite resguardarlo en invierno donde el frío aprieta. Combina especialmente bien con floraciones cálidas, amarillas o naranjas, y con follajes grises de plantas mediterráneas, que refuerzan el efecto del azul.
En resumen
El plumbago es un arbusto sarmentoso sudafricano de floración azul celeste que se prolonga de la primavera al otoño, resistente a la sequía, al suelo calizo y al ambiente marino. Necesita sol, sustrato ligero y bien drenado y riegos profundos y espaciados.
Su rendimiento depende de dos cosas: una poda severa a finales de invierno, porque florece sobre los brotes del año, y un soporte al que atarlo si se quiere en vertical, ya que no trepa por sí solo. En zonas de heladas moderadas pierde la parte aérea y rebrota desde la base en primavera.