Los Pieris son arbustos perennes de la familia de las ericáceas, la misma de azaleas, rododendros y brezos, y comparten con ellos la condición que lo determina todo: necesitan suelo ácido. Las dos especies que se cultivan habitualmente son Pieris japonica, procedente del este de Asia, y Pieris formosa, del Himalaya y el sur de China, además de numerosos híbridos y selecciones de ambas.
Su interés es doble y por eso se plantan tanto donde el terreno lo permite. Por un lado la floración: racimos colgantes de flores blancas o rosadas en forma de urna, muy parecidas a las del brezo, que se abren a mediados de primavera y duran semanas. Por otro los brotes nuevos, que en muchas variedades salen de un rojo intenso o cobrizo y van pasando a bronce y luego a verde oscuro, de modo que en abril y mayo la planta tiene a la vez flores blancas y follaje encendido. Fuera de esas semanas es un arbusto de hoja perenne compacto y limpio, con buena presencia el resto del año.
Toda la planta es tóxica por ingestión. Las ericáceas de este grupo contienen grayanotoxinas, presentes en hojas, flores y néctar. No es una planta para plantar donde haya niños pequeños o animales que mordisqueen el follaje, y sus hojas no deben usarse para nada. Basta con conocerlo y situarla con criterio; no hay riesgo por tocarla o por trabajar con ella con normalidad.
Cómo reconocerlo
El porte es redondeado y denso, más bien lento de crecimiento, con ramas que se van poblando desde la base. La mayoría de las variedades de jardín se quedan en un arbusto de tamaño medio, y hay selecciones enanas pensadas para maceta y para primer plano de macizo.
Las hojas son alternas, lanceoladas, coriáceas y de borde finamente aserrado, agrupadas en el extremo de las ramas en forma de roseta. Las flores nacen en panículas colgantes formadas en el otoño anterior, un detalle importante: los racimos ya están visibles en invierno, todavía cerrados, y se abren cuando llega el calor. Después de la floración quedan pequeñas cápsulas globosas que muchos jardineros retiran para que la planta no gaste en semilla.
La diferencia práctica entre las dos especies está en el tamaño y el color del brote. Pieris formosa y sus híbridos suelen ser más grandes y tienen brotes de un rojo más vivo; Pieris japonica es en general más compacto y con más variedades de follaje variegado y de flor rosada.
Dónde y cómo plantarlo
Sombra parcial es la exposición ideal, tal como indica la ficha. Aguanta más sol en climas frescos y húmedos, y en el sur necesita sombra clara de forma obligada, porque el sol directo del verano le quema el follaje. La sombra ligera de árboles caducos de raíz profunda es el emplazamiento perfecto: luz en invierno y primavera, sombra en verano.
El suelo tiene que ser ácido, suelto, profundo, rico en materia orgánica y bien drenado. En España eso lo limita a las zonas de suelo silíceo: la cornisa cantábrica, Galicia, buena parte del noroeste y áreas de sierra con suelos ácidos son su terreno natural. En el resto del país, y muy especialmente en el arco mediterráneo y el valle del Ebro, el suelo es calizo y el Pieris plantado directamente en tierra amarillea, se detiene y acaba muriendo.
Donde el suelo no acompaña, la solución realista es el cultivo en maceta grande con sustrato para plantas acidófilas, regado con agua de lluvia o con agua de baja dureza. Los intentos de acidificar un bancal en terreno calizo funcionan solo mientras se mantiene el tratamiento, porque la caliza del subsuelo y la del agua de riego vuelven a subir el pH sin remedio.
También hay que resguardarlo del viento seco y frío, que le reseca el follaje perenne en invierno, y tener en cuenta que las heladas tardías queman los brotes rojos recién salidos. En zonas de primaveras irregulares conviene situarlo donde no reciba el sol de primera hora tras una helada.
Riego y sustrato
Quiere humedad constante y moderada, sin encharcamiento. Sus raíces son finas, superficiales y muy sensibles tanto a la sequía como a la falta de aire, un equilibrio que en la práctica se consigue con dos cosas: un sustrato esponjoso y un buen acolchado.
El acolchado de corteza de pino, restos de acículas o compost de hoja no es un adorno, es parte del cultivo. Mantiene la humedad, protege las raíces superficiales del calor y ayuda a conservar la acidez del suelo. Se renueva cada año o cada dos.
El agua de riego importa tanto como el sustrato. Regar durante años un acidófilo con agua dura calcárea equivale a echar caliza en el sustrato, y termina en clorosis. Donde el agua corriente es dura, conviene recoger agua de lluvia para estas plantas.
El abonado se hace con fertilizantes para plantas acidófilas, aplicados en primavera y con moderación. Un exceso de sales quema con facilidad esas raíces finas.
Poda
Necesita poca poda y agradece que se le haga poca. Lo habitual es limitarse a retirar las inflorescencias marchitas después de la floración y a cortar las ramas secas o mal orientadas. Con eso mantiene la forma durante años.
Si hace falta reducir su tamaño o densificar la mata, el momento es justo después de florecer, porque las flores del año siguiente se forman en verano y otoño. Podar en invierno significa cortar los racimos ya formados y quedarse sin floración.
Los ejemplares viejos y desgarbados toleran una poda de renovación más fuerte sobre madera vieja, aunque tardan en recuperar el aspecto compacto. Es preferible una renovación gradual de unas pocas ramas al año.
Plagas y problemas frecuentes
La clorosis férrica es el problema número uno, y casi siempre es un problema de diagnóstico equivocado: la hoja amarillea con los nervios verdes y se interpreta como falta de abono, cuando lo que hay es un pH demasiado alto en el sustrato o en el agua. Los quelatos de hierro alivian el síntoma; la solución de fondo es corregir el sustrato y el agua.
Entre las plagas, la más característica del género son las chinches de encaje, insectos pequeños que pican el envés de la hoja y dejan la superficie con un moteado claro y punteado oscuro por debajo. Aparecen sobre todo en plantas estresadas por el sol y la sequía, así que la mejor prevención es un emplazamiento correcto.
Las podredumbres de raíz por hongos de suelo son la otra causa frecuente de muerte súbita, con la planta que se marchita entera pese a tener el sustrato húmedo. Se asocian a suelos pesados y a riegos excesivos, y no tienen tratamiento práctico una vez instaladas.
También pueden aparecer cochinillas y oídio en situaciones de poca ventilación, aunque son problemas menores frente a los anteriores.
Multiplicación
Se multiplica por esqueje semileñoso a finales de verano, tomando brotes del año de unos ocho o diez centímetros con un trozo de madera de la rama anterior. Enraízan lentamente, en sustrato ácido y ligero, con humedad ambiental alta y a la sombra. Conviene tener paciencia, porque el proceso puede llevar varios meses.
El acodo de ramas bajas es una alternativa cómoda para obtener una o dos plantas sin equipo especial. La siembra funciona con semilla fresca sobre sustrato ácido, pero es lenta y, en el caso de las variedades seleccionadas, no reproduce el color de los brotes ni el de las flores.
Usos en el jardín
Su lugar natural es el macizo de acidófilas, junto a rododendros, azaleas, camelias y hortensias, con las que comparte suelo, exposición y riego. En ese contexto aporta lo que las demás no tienen: floración temprana en racimos colgantes y brotes de color.
Las variedades compactas son excelentes en maceta para patios y terrazas sombreadas, que además es la única manera de cultivarlo en media España. También funciona bien en jardines de bosque, bajo la sombra ligera de árboles caducos, y en setos informales bajos en zonas de clima atlántico.
En resumen
El Pieris es un arbusto perenne de sombra parcial que ofrece racimos colgantes de flores blancas o rosadas en abril y mayo y brotes nuevos de color rojo o cobre. Es una planta de suelo ácido sin excepciones, y ese requisito decide dónde se puede cultivar: en tierra, en las zonas de suelo silíceo del norte y del noroeste; en el resto, en maceta con sustrato acidófilo y agua blanda.
Requiere poca poda, humedad constante y protección frente al sol fuerte y al viento seco. Conviene recordar que toda la planta es tóxica por ingestión, un dato a tener en cuenta al elegir su sitio en jardines con niños o con animales.