Temperatura media
Semisombra
Suelo rico, profundo y bien drenado
Riego moderado
Hoja caduca
Flor: mayo-septiembre

Paeonia lactiflora es la peonía de la que descienden casi todas las peonías de jardín que se venden hoy: la peonía china o peonía de flor de leche, originaria del este de Asia, de Siberia, Mongolia, el norte de China y Corea. De ella salen las variedades clásicas de flor doble y perfumada que se cultivan desde hace siglos en China y que llegaron a Europa a comienzos del siglo XIX, donde los obtentores franceses fijaron la mayoría de los cultivares que siguen en catálogo.

Conviene aclarar de entrada un punto que causa confusión constante: esta peonía es una herbácea vivaz, no un arbusto. Cada otoño desaparece por completo bajo tierra y cada primavera rebrota desde una cepa carnosa. La peonía leñosa, la que forma un armazón de ramas que permanece en invierno, es otra planta (Paeonia suffruticosa y sus híbridos), y se cultiva y se poda de forma distinta. Confundir las dos lleva a podar en invierno una mata que no tiene nada que podar, o a cortar a ras una peonía arbustiva y arruinarla.

Cómo reconocerla

De la cepa salen en primavera unos brotes rojizos muy característicos, que se desenrollan en tallos herbáceos erguidos con hojas grandes, compuestas y divididas en foliolos lanceolados, de un verde oscuro con reflejos algo azulados. El follaje por sí solo ya es decorativo y se mantiene limpio toda la temporada si la planta está sana.

Las flores son grandes, de hasta quince o veinte centímetros en las variedades dobles, y van del blanco puro al rosa en todos sus tonos y al granate. Las hay simples, con una corona de estambres dorados en el centro, semidobles, en forma de anémona, japonesas y completamente dobles. Muchas son intensamente perfumadas, y ese es un criterio que merece la pena preguntar en vivero, porque no todas lo son.

El género florece escalonadamente según variedad y clima, y la ficha de cultivo recoge un rango amplio, de mayo a septiembre. En la mayor parte de España, Paeonia lactiflora abre en mayo y junio, con las variedades tempranas y tardías repartidas en esas pocas semanas; en zonas frescas de montaña el ciclo se retrasa.

El frío invernal es una condición, no un inconveniente

Las peonías herbáceas necesitan un periodo de frío invernal para romper la latencia de las yemas y florecer bien. Sin suficientes horas de frío, la planta brota débil, produce botones que no llegan a abrir o directamente no florece.

Esto define su geografía en España. Va muy bien en la meseta norte, en Castilla y León, en Aragón, en La Rioja, en el norte peninsular y en zonas de montaña, donde el invierno es frío y el verano no resulta asfixiante. En Andalucía baja, en el litoral mediterráneo cálido y en Canarias el resultado es pobre o nulo, y no hay técnica de cultivo que compense la falta de frío.

La exposición recomendada es semisombra. Con sol de mañana y sombra durante las horas centrales, la flor dura bastante más y no se decolora, algo que en el clima español importa mucho más que en el norte de Europa, donde estas plantas se cultivan a pleno sol sin problema.

La plantación, que es donde se falla

La peonía herbácea se planta en otoño, a partir de raíces desnudas con yemas visibles. Y aquí está el detalle que decide si florecerá o no durante los años siguientes: las yemas deben quedar a muy poca profundidad, apenas tres a cinco centímetros bajo la superficie del suelo.

Plantar demasiado hondo es, con diferencia, la causa más común de una peonía que crece con vigor, produce un follaje espléndido y no da una sola flor año tras año. Si eso ocurre, lo primero que hay que comprobar es la profundidad de la cepa, y la solución es levantarla en otoño y replantarla más superficial.

El suelo debe ser rico, profundo y bien drenado. Es una planta longeva que puede permanecer treinta o cuarenta años en el mismo sitio, así que merece la pena preparar bien el hoyo, incorporando compost y mejorando el drenaje si el terreno es pesado. Tolera bien la caliza y prefiere reacción neutra o ligeramente alcalina.

Y una advertencia relacionada: no le gusta que la muevan. Un trasplante suele costar dos o tres años de floración, así que la ubicación hay que pensarla despacio.

Riego y abonado

El riego es moderado. Necesita humedad constante durante la primavera, que es cuando construye los tallos y los botones, y en verano, tras la floración, riegos espaciados que mantengan el follaje activo hasta que se seque de forma natural en otoño. El encharcamiento es peligroso, porque la cepa carnosa se pudre con facilidad.

El abonado se hace con un fertilizante bajo en nitrógeno y con potasio y fósforo suficientes, aplicado al brotar y de nuevo después de la floración. El exceso de nitrógeno produce tallos largos y blandos que se tumban con la lluvia y aumenta el riesgo de botritis.

Las variedades de flor doble muy grande suelen necesitar tutores o aros de sujeción colocados al principio de la primavera, antes de que los tallos crezcan, porque el peso de las flores mojadas las derriba.

Cuidados durante y después de la floración

Retirar las flores marchitas en cuanto se ajan evita que la planta gaste en semilla y reduce mucho el riesgo de botritis, porque los pétalos podridos son el foco de infección habitual. Si se cortan flores para casa, conviene no llevarse más de un tercio de los tallos de la mata, porque cada tallo cortado es follaje que la planta deja de tener para acumular reservas.

En otoño, cuando el follaje amarillea y se seca, se corta a ras de suelo y se retira del jardín, no se deja como acolchado: en esos restos inverna el hongo de la botritis. Es una operación pequeña que evita la mayoría de los problemas del año siguiente.

Las hormigas que se ven recorriendo los botones cerrados no hacen ningún daño. Acuden al néctar que estos segregan y desaparecen solas cuando la flor abre; no hay que tratarlas.

Multiplicación

Se multiplica por división de la cepa en otoño, que es la única vía práctica para conservar una variedad. Se levanta la mata, se lava la tierra para ver bien las yemas y se corta en porciones que lleven cada una entre tres y cinco yemas junto con raíz suficiente. Las divisiones muy pequeñas tardan años en florecer.

La operación conviene hacerla solo cuando hay motivo, porque la planta se resiente y tarda un par de temporadas en volver a dar flor en cantidad. Una mata sana puede quedarse décadas sin dividir.

La semilla germina con dificultad, requiere periodos alternos de calor y frío y tarda muchos años en dar flor, además de no reproducir las variedades. Es cosa de obtentores, no de jardín doméstico.

Plagas y problemas frecuentes

El problema característico es la botritis, un hongo que ataca sobre todo en primaveras húmedas: los brotes jóvenes se ennegrecen y se doblan, los botones se pudren antes de abrir y aparecen manchas pardas en tallos y hojas. Se combate con prevención más que con tratamientos: buena ventilación entre matas, no mojar el follaje al regar, retirar flores marchitas y eliminar todo el follaje seco en otoño.

El oídio puede aparecer al final del verano y afea el follaje sin mayores consecuencias. Los nematodos y las podredumbres de raíz se dan en suelos encharcados o mal drenados.

El diagnóstico más frecuente, sin embargo, no es una enfermedad: es la ausencia de floración, y sus causas habituales son plantación demasiado profunda, falta de horas de frío en invierno, sombra excesiva, exceso de nitrógeno, división reciente o corte del follaje demasiado pronto el año anterior.

Usos en el jardín

Es una vivaz de arriate clásico, magnífica en macizos mixtos junto a rosales, iris, salvias y gramíneas, y una de las mejores plantas para flor cortada de jardín. Su follaje se mantiene decorativo mucho después de que pase la flor, así que no deja un hueco en el macizo como otras vivaces de floración corta.

Existen cultivares muy consolidados que se encuentran sin dificultad en España, como los clásicos de flor doble rosa o blanca de origen francés del siglo XIX, todavía entre los más plantados por su perfume y su resistencia. También se cultiva en maceta grande, aunque conviene un contenedor profundo y consciente de que la planta vivirá ahí muchos años.

En resumen

La peonía china es una vivaz longeva y de muy poco mantenimiento una vez instalada, capaz de dar flores enormes y perfumadas durante décadas en el mismo sitio. Pide invierno frío, semisombra, suelo rico y bien drenado, riego moderado y, sobre todo, una plantación superficial con las yemas a pocos centímetros de la superficie.

Sus dos fallos típicos son la plantación demasiado profunda, que impide la floración durante años, y la botritis en primaveras húmedas, que se previene con higiene y ventilación más que con productos. Y hay que recordar que es una herbácea, no un arbusto: desaparece en invierno, se corta a ras en otoño y no se poda como una planta leñosa.


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