Zonas 7-10: soporta hasta -15º
Pleno sol o semisombra
Humífero, fresco, bien drenado
Riego regular moderado
Follaje perenne
Floración: junio-agosto
Bayas rojas esféricas

Nandina domestica es un arbusto perenne originario del este de Asia, de China y Japón, que en español recibe el nombre engañoso de bambú sagrado o bambú celestial. No tiene nada que ver con los bambúes: pertenece a la familia de las berberidáceas, la misma del agracejo y de la mahonia. El nombre viene del parecido superficial de sus tallos, erguidos, delgados y sin ramificar, con las cañas de un bambú pequeño.

Su valor en el jardín está en el follaje. Las hojas son grandes y muy divididas, con foliolos estrechos y puntiagudos que dan una textura fina y ligera, y cambian de color a lo largo del año: brotan con tonos rojizos o cobrizos en primavera, pasan al verde en verano y se tiñen de rojo, granate y bronce con el frío del otoño y el invierno. A eso se suman panículas de flores blancas en verano y racimos de bayas rojas brillantes que persisten meses. Esas bayas son tóxicas por ingestión, y conviene saberlo antes de plantarla, especialmente si hay niños o animales.

Cómo reconocerla

La planta forma una mata de cañas erguidas que no se ramifican, cada una coronada por hojas en la parte alta. Esa arquitectura tan particular es lo que le da su aire oriental y también lo que determina cómo se poda: no es un arbusto de recortar con tijera de setos.

Las hojas son compuestas dos o tres veces, con numerosos foliolos lanceolados de punta afilada, dispuestos en un plano y sostenidos por pecíolos que ensanchan en la base para abrazar el tallo. En invierno, sobre todo en ejemplares a pleno sol y en zonas frías, el follaje adquiere tonos rojos intensos que son uno de los mejores recursos de color de la estación fría.

Las flores son pequeñas, blancas o crema, agrupadas en panículas terminales muy ramificadas, y aparecen de junio a agosto. Tras ellas se forman bayas esféricas de un rojo brillante que maduran en otoño y aguantan en la planta buena parte del invierno.

Cuidado con los frutos

Los frutos de la nandina contienen compuestos cianogénicos y son tóxicos si se ingieren. Es una advertencia que rara vez aparece en las etiquetas de vivero y que merece la pena tener presente: son bayas rojas, brillantes y a la altura de la mano de un niño, exactamente el perfil de fruto que atrae a los más pequeños.

La consecuencia práctica es doble. En jardines con niños o con perros que mordisquean, conviene plantarla fuera de las zonas de juego, o elegir alguno de los cultivares enanos de follaje que apenas florecen y prácticamente no fructifican. Y las ramas cortadas con fruto, que se usan mucho en decoración de invierno, deben quedar fuera del alcance.

Dónde plantarla

Acepta pleno sol o semisombra. Con sol directo la coloración otoñal e invernal del follaje es mucho más intensa, que es una de las razones para cultivarla; en semisombra la mata se mantiene más verde y con aspecto más fresco en verano, lo que en el sur de España tiene su ventaja.

Es una planta muy rústica: la ficha de cultivo la sitúa en zonas 7 a 10, con resistencia hasta unos quince grados bajo cero, de modo que puede plantarse en casi toda España, incluida la meseta y las zonas de montaña media. En el litoral cálido crece igual de bien, aunque el color rojo invernal será menos marcado por falta de frío.

El suelo ideal es humífero, fresco y bien drenado: rico en materia orgánica, capaz de mantener humedad y sin agua estancada. Prefiere reacción neutra o ligeramente ácida; en suelos muy calizos puede mostrar clorosis, corregible con acolchado orgánico y materia orgánica ácida.

Es una planta muy adecuada para maceta y para patios estrechos, porque su porte vertical ocupa poco espacio en planta y su raíz no es agresiva.

Riego

El riego es regular y moderado. La nandina resiste bastante bien periodos secos una vez establecida, pero responde mucho mejor con humedad constante en el suelo: más color, follaje más denso y mejor fructificación. En el interior peninsular necesita riegos de verano; en el norte húmedo, casi ninguno.

En maceta hay que vigilar más, porque su sistema de cañas evapora bastante y el sustrato se seca deprisa en verano. Un acolchado de corteza al pie ayuda a estabilizar la humedad y, de paso, a mantener la reacción del suelo del lado ácido.

El abonado es poco exigente: un aporte de compost o de fertilizante equilibrado de liberación lenta a la salida del invierno cubre todo el año.

La poda: cañas, no tijeretazos

Aquí está el error más común. Recortar una nandina como si fuera un seto, cortando todas las cañas a la misma altura, deja una mata de muñones feos que tardan en recomponerse y arruina la elegancia de la planta.

El sistema correcto es el que se emplea con las plantas de caña: al final del invierno se cortan a ras de suelo las cañas más viejas, más altas o desnudas por abajo, una tercera parte del total como mucho, dejando el resto intacto. La planta responde emitiendo brotes nuevos desde la base y se mantiene poblada de arriba abajo. Repitiendo la operación cada año, la mata se renueva sola de forma indefinida.

Si además interesa el fruto, hay que tener en cuenta que la flor se produce en el extremo de las cañas, así que cortar en primavera se lleva la floración de ese año.

Multiplicación

La vía más sencilla es la división de la mata en otoño o a finales de invierno, separando porciones con cañas y raíz. La planta emite rizomas cortos y produce brotes en la periferia que se separan con facilidad.

También se multiplica por esqueje semileñoso en verano, aunque el enraizamiento es lento y conviene usar hormona y calor de fondo. La semilla germina, pero es un proceso largo y la planta tarda años en formar una mata presentable; para los cultivares de follaje no sirve, porque no se reproducen fielmente.

Plagas y problemas frecuentes

Es un arbusto notablemente resistente y sin plagas específicas de peso. Puede recibir cochinillas y pulgón ocasionalmente, sin consecuencias serias.

Los problemas habituales son fisiológicos: hoja pálida y crecimiento pobre por clorosis en suelo calizo, quemaduras de sol en verano cuando se traslada de golpe una planta de sombra a pleno sol, y mata desnuda por abajo con todas las hojas arriba, que es simplemente el resultado de no haber renovado nunca las cañas viejas.

Usos en el jardín y variedades

Funciona muy bien en jardines de inspiración oriental, en patios pequeños, en arriates estrechos junto a muros y como planta de maceta en terrazas. Su porte vertical y su textura fina la hacen ideal para acompañar plantas de hoja grande, como hostas o aspidistras en zonas de sombra, y su color invernal la convierte en una de las pocas perennes que aportan rojo en enero.

El vivero ofrece la especie tipo, que alcanza el par de metros, y una gama amplia de cultivares enanos de sesenta centímetros o menos, seleccionados por el color intenso del follaje. Muchos de ellos apenas florecen y prácticamente no producen fruto, lo que los hace una alternativa razonable en jardines con niños, aunque a cambio se pierda el atractivo de las bayas.

En resumen

La nandina es una perenne muy rústica, de poca agua y poco mantenimiento, que aporta textura fina, color cambiante durante todo el año y estructura vertical en poco espacio. Sol o semisombra, suelo fresco y drenado ligeramente ácido, riego regular moderado y renovación anual de las cañas viejas cortadas a ras es todo lo que necesita.

Antes de plantarla conviene tener presentes dos cosas: que sus bayas rojas son tóxicas por ingestión, con lo que ello implica en jardines con niños o mascotas, y que la poda correcta consiste en eliminar cañas enteras desde la base, no en recortar la silueta. Con eso resuelto, es de las plantas de estructura más útiles y menos problemáticas del catálogo.


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