Temperatura media o alta
Pleno sol o sombra ligera
Suelo rico, ácido y bien drenado
Riego regular
Hoja perenne
Flor: mayo-octubre

Mandevilla sanderi es la trepadora que en España se vende y se conoce como dipladenia, una apocinácea originaria del sudeste de Brasil que se ha convertido en una de las plantas de terraza más vendidas del verano. Su atractivo es evidente: flores grandes en forma de trompeta, de cinco lóbulos, en rojo, rosa, blanco o crema, que se suceden de mayo a octubre sin apenas descanso, sobre un follaje perenne verde oscuro y brillante.

Dos advertencias antes de seguir. La primera es de manejo: como toda la familia, segrega un látex blanco al cortarla, irritante para la piel y los ojos, y la planta es tóxica por ingestión, así que conviene podarla con guantes, lavarse tras manipularla y ponerla fuera del alcance de niños pequeños y de mascotas que roan. La segunda es de clima: no resiste las heladas, y eso condiciona por completo cómo se cultiva en España.

Qué es exactamente y cómo reconocerla

Los nombres comerciales son un lío. Durante años, el género Dipladenia se mantuvo separado de Mandevilla, y en el comercio todavía se usan los dos: en general, se llama dipladenia a las plantas de porte más compacto y arbustivo, con hoja más pequeña y brillante, y mandevilla a las trepadoras de crecimiento largo y hoja mayor. Botánicamente están todas en Mandevilla.

La hoja es simple, opuesta, oval o elíptica, coriácea, de un verde oscuro muy lustroso, con el nervio central hundido. Los tallos son volubles: se enrollan alrededor de cualquier soporte fino, y no tienen zarcillos ni raíces adventicias, así que trepan pero no se agarran a un muro liso.

La flor mide varios centímetros, tiene forma de embudo abierto en cinco lóbulos y la garganta más clara o amarillenta. No es perfumada, o lo es muy levemente. Aparece de forma continua durante toda la temporada cálida sobre los brotes nuevos, que es un dato clave para entender cómo se poda.

Dónde ponerla en España

Quiere pleno sol o sombra ligera y temperatura media o alta. La luz determina la floración: en sombra da hoja abundante y muy poca flor. En el sur peninsular, con veranos de más de cuarenta grados, agradece protección del sol de las horas centrales, porque la flor se quema y dura menos.

El frío es su límite real. No tolera heladas, y en la mayor parte de España se cultiva como planta de temporada en maceta o jardinera, que se disfruta de primavera a otoño y se resguarda en invierno en una galería, un invernadero frío o una habitación luminosa a más de diez grados. En el litoral mediterráneo cálido, en el sur de Andalucía, en Baleares y en Canarias puede permanecer fuera todo el año y comportarse como una trepadora perenne de verdad, cubriendo pérgolas y barandillas.

También agradece protección del viento fuerte, que rompe los tallos volubles y deshidrata la flor.

Sustrato y riego

El sustrato debe ser rico, ácido y bien drenado. Una mezcla de turba o fibra de coco con compost y perlita, o directamente un sustrato para plantas acidófilas aligerado, cumple perfectamente. En suelo calizo directo del jardín tiende a la clorosis, con hoja amarilla entre nervios verdes.

El riego es regular durante la temporada de crecimiento: el sustrato debe mantenerse fresco, sin encharcar y sin dejar que se seque por completo. En maceta al sol y en pleno agosto puede pedir agua a diario. El error más frecuente es el contrario, el exceso: la dipladenia tiene raíces algo tuberosas que almacenan agua y que se pudren con facilidad si el sustrato queda saturado, y en invierno, con la planta parada y en interior, el riego debe reducirse mucho.

Un plato con agua permanente bajo la maceta es la forma más rápida de perderla. Si se ve amarilleo generalizado con sustrato húmedo, hay que sospechar de la raíz antes que de la nutrición.

El abonado, con fertilizante rico en potasio para plantas de flor, cada una o dos semanas durante la floración, marca una diferencia grande en la cantidad de flor. Se suspende en invierno.

Poda y guiado

Como florece sobre brotes del año, la poda no compromete la flor sino que la multiplica. El recorte principal se hace al final del invierno o al comienzo de la primavera, antes de que arranque el crecimiento, acortando de forma generosa los tallos del año anterior y eliminando los secos y los débiles. Una planta que se deja sin podar acaba con largos tallos desnudos y la flor solo en las puntas.

Durante la temporada, despuntar los brotes que se estiran demasiado provoca ramificación y más puntos de floración. Retirar las flores marchitas mantiene el aspecto y evita que la planta gaste en fruto.

Para guiarla hacen falta soportes finos alrededor de los cuales el tallo pueda enrollarse: un aro de alambre, una celosía, cañas o un cable tenso. No se sujeta sola a una pared lisa, así que en pérgolas y muros hay que darle estructura.

Toda poda debe hacerse con guantes por el látex, y conviene no manipularse los ojos mientras se trabaja con ella.

Multiplicación

Se multiplica por esqueje de tallo en primavera o principio de verano. Se toman trozos de brote joven con dos o tres nudos, se corta bajo un nudo, se deja que el látex deje de fluir, se retira la hoja inferior y se planta en un sustrato ligero y húmedo. Con hormona de enraizamiento, calor de fondo y ambiente cerrado, el porcentaje de éxito es bueno; sin esas condiciones, bastante irregular.

La semilla es poco práctica en cultivo doméstico: los híbridos comerciales no la producen con facilidad y la descendencia no mantiene las características de la planta madre.

Plagas y problemas frecuentes

La araña roja es su plaga estrella, favorecida por el calor y el aire seco, muy típica de terrazas resguardadas y de plantas invernadas dentro de casa. Punteado amarillo mate en el haz y telas finas en el envés son el aviso. Aumentar la humedad ambiental y mojar el envés la frena.

La cochinilla algodonosa se refugia en las axilas y en el envés, y la mosca blanca aparece en verano en cultivo protegido. Ambas dejan melaza y negrilla. El pulgón ataca los brotes tiernos y los botones florales.

Entre los problemas no parasitarios, los tres frecuentes son: no florece (falta de luz, exceso de nitrógeno o ausencia de poda), hoja amarilla con sustrato húmedo (asfixia radicular) y caída brusca de hoja (golpe de frío o cambio drástico de ubicación).

Usos en el jardín y en la terraza

Su uso más extendido es la maceta o jardinera de terraza y balcón, sola o combinada con plantas de temporada, guiada sobre un aro o dejada colgar desde una jardinera alta. En esa función es difícil de superar: florece cinco meses seguidos con poco mantenimiento.

En el litoral cálido y en Canarias se usa además para cubrir pérgolas, barandillas y celosías, donde alcanza volúmenes considerables. Las variedades compactas, que apenas trepan, funcionan como planta de macizo estival en clima cálido, tratadas como planta de temporada.

En resumen

La dipladenia da una de las floraciones más largas y llamativas que se pueden tener en una terraza española: de mayo a octubre, con sol, sustrato ácido y drenante, riego regular sin encharcar y abonado con potasio durante la floración. La poda se hace a finales de invierno y estimula la flor, porque nace en los brotes nuevos.

Su límite es el frío: salvo en el litoral cálido, en Baleares y en Canarias, hay que resguardarla en invierno o asumir que se cultiva como planta de temporada. Y conviene no olvidar el látex: irrita la piel y los ojos, y la planta es tóxica si se ingiere, de modo que guantes al podar y ubicación pensada si hay niños o animales cerca.


Contenidos relacionados