Loropetalum chinense var. rubrum es la versión de follaje púrpura y flor rosa de una hamamelidácea originaria del este de Asia, presente de forma natural en China, Japón y el Himalaya. La especie tipo tiene la hoja verde y la flor blanca o crema; la variedad rubrum, seleccionada y difundida a partir de material chino en las últimas décadas, es la que se ha impuesto en los viveros europeos porque combina dos cosas poco frecuentes en un mismo arbusto perenne: hoja de color bronce a púrpura oscuro durante todo el año y una floración en fucsia intenso que contrasta con ella.
Su flor es la de la familia del hamamelis: en lugar de pétalos anchos, cuatro tiras estrechas y retorcidas, agrupadas en pequeños ramilletes que salen a lo largo de las ramas. De lejos el arbusto parece cubierto de flecos de color. La ficha de cultivo sitúa esa floración entre octubre y abril, un rango largo que refleja bien su comportamiento: el grueso llega al final del invierno y en primavera, con rebrotes de flor repartidos durante los meses templados.
Cómo reconocerlo
Es un arbusto perenne de ramas horizontales y algo arqueadas, que crece formando capas superpuestas más que una bola compacta. Esa estructura en estratos es uno de sus atractivos y conviene no destruirla a base de tijera de setos.
Las hojas son pequeñas, ovales, alternas, algo ásperas, con el borde entero y la nervadura marcada. En la variedad rubrum nacen de un rojo vinoso brillante y maduran hacia un púrpura oscuro, más intenso cuanto más sol reciben. Es un follaje que aporta color estructural al jardín los doce meses del año, algo que muy pocas plantas hacen.
Las flores son ramilletes de tiras estrechas de color rosa fuerte a fucsia, sin apenas perfume. El fruto es una cápsula pequeña y leñosa, sin ningún valor ornamental, como recoge la propia ficha de la planta.
Dónde plantarlo
Acepta sombra parcial o pleno sol, y aquí hay que decidir según lo que se busque. A pleno sol el follaje alcanza su color púrpura más intenso y la floración es más abundante; en sombra parcial la hoja tiende a un tono más verdoso y bronce, y la planta produce menos flor pero sufre menos en verano. En el sur de España, la combinación práctica es sol de mañana y sombra en las horas centrales del verano.
Le convienen las temperaturas medias o altas. Resiste heladas moderadas, pero no es una planta para inviernos duros de meseta o de montaña, donde el follaje se quema y la floración de final de invierno se pierde. En el litoral mediterráneo, en Andalucía, en el sur de Galicia y en zonas templadas del norte se comporta bien.
Es sensible al viento seco y frío, que le deshidrata la hoja, así que un emplazamiento resguardado por un muro o por otra vegetación mejora mucho el resultado.
El suelo debe ser ácido
Como la mayoría de las hamamelidáceas, Loropetalum pide suelo ácido, rico y bien drenado. En terrenos calizos, que son los de buena parte de España, desarrolla clorosis: la hoja pierde color, aparecen zonas amarillentas entre los nervios y la planta se estanca. Es un problema de pH, no de falta de abono, y añadir fertilizante no lo resuelve.
En la España caliza, las dos salidas son cultivarlo en maceta con sustrato de plantas acidófilas, el mismo de camelias y azaleas, o preparar un macizo con sustrato ácido y mantenerlo con acolchado de corteza de pino y riego con agua poco dura. La maceta es la opción más segura y además permite moverlo a resguardo si el invierno se pone feo.
El drenaje es tan importante como la acidez. Es una planta de raíces finas que no tolera el agua estancada, y en suelos pesados conviene plantar sobre caballón o mejorar el hoyo con material drenante.
Riego y abonado
El riego es medio: sustrato fresco de forma regular, sin llegar a saturarlo y sin permitir que se seque del todo. En verano y en maceta hay que ser constante, porque un cepellón seco se traduce en caída de hoja y en pérdida de la floración del invierno siguiente.
El agua de riego importa por la misma razón que el suelo. El uso continuado de agua dura sube el pH del sustrato, y en dos o tres temporadas la planta empieza a mostrar clorosis aunque se plantara en un buen sustrato ácido. Recoger agua de lluvia para las acidófilas del jardín es la solución más cómoda a medio plazo.
El abonado se hace con producto para plantas acidófilas, a la salida del invierno y a mitad de la primavera. No es una planta glotona, y los excesos producen brotes largos y blandos que rompen la silueta en capas.
Poda
Florece sobre madera formada la temporada anterior, así que la poda se hace justo después de la floración principal, en primavera, para no cortar los brotes que darán la flor siguiente. Rebrota bien y tolera podas de cierta entidad, lo que permite recuperar ejemplares desordenados.
El criterio importante es respetar el hábito en capas. Recortarlo como una bola o como un seto formal le quita la gracia y produce un follaje denso por fuera y hueco por dentro. Lo que funciona es aclarar, acortar ramas concretas hasta una bifurcación y eliminar las que rompen la silueta, dejando que las horizontales se desplieguen.
En cultivo en maceta conviene además renovar la parte superior del sustrato cada primavera y trasplantar cada dos o tres años, cuando la raíz llena el contenedor.
Multiplicación
El esqueje semileñoso tomado en verano es la vía habitual. Se cortan brotes del año de unos diez centímetros, se les quitan las hojas inferiores, se plantan en un sustrato ácido y ligero y se mantienen en ambiente cerrado y húmedo, a la sombra. Enraízan en unas semanas con calor de fondo.
El acodo bajo, doblando una rama lateral hasta el suelo y enterrando un tramo, también funciona bien y aprovecha el hábito naturalmente horizontal de la planta. La semilla no interesa para las variedades de color, que no se reproducen fielmente por esa vía.
Plagas y problemas frecuentes
Es un arbusto sano, sin plagas específicas de importancia. Puede recibir cochinillas y, en ambientes muy húmedos y cerrados, algún hongo foliar, pero nada característico ni grave.
Prácticamente todos los problemas que se le atribuyen tienen la misma causa: el pH del sustrato o del agua. Hoja pálida, crecimiento detenido, floración escasa y aspecto general apagado son, casi siempre, clorosis por cal. La segunda causa en frecuencia es la falta de luz, que apaga el color púrpura del follaje y reduce la flor.
Usos en el jardín y variedades
Es una planta de contraste. Su valor está en poner una masa oscura permanente junto a follajes verdes, dorados o plateados, y por eso funciona tan bien en arriates mixtos, delante de coníferas verdes o como fondo de plantas de flor clara. Las selecciones de porte bajo sirven de tapizante alto y de borde de camino; las de porte mayor, como arbusto de estructura o seto informal.
En maceta grande es una de las mejores perennes de color para terrazas de clima templado, y admite también trabajos de guiado sobre muro y cultivo en bonsái. Los viveros ofrecen cultivares con distintos matices de púrpura, distintas intensidades de rosa en la flor y portes que van desde los treinta centímetros hasta arbustos de dos metros, así que conviene fijarse en el tamaño adulto antes de comprar.
En resumen
Loropetalum chinense var. rubrum aporta algo poco común: color de follaje durante todo el año más una floración en fucsia que llega cuando el jardín está vacío, entre el final del otoño y la primavera. Pide sol o sombra parcial según lo que se prefiera, temperaturas suaves, resguardo del viento frío y riego medio y constante.
Su condición innegociable es el sustrato ácido y el agua poco caliza, y de ahí que en gran parte de España el cultivo en maceta con tierra de acidófilas sea el planteamiento más sensato. La poda se hace después de la floración y respetando el porte en capas, que es lo que le da carácter. Con esas dos cosas claras, es un arbusto de mantenimiento bajo y de mucho rendimiento visual.