Temperatura media y alta
Pleno sol
Suelo profundo, fresco, drenado
Riego regular
Hoja caduca
Flor: julio-septiembre
Cápsulas globosas

Lagerstroemia indica es el árbol de Júpiter, también llamado crespón o lila de las Indias, un arbusto o arbolito caducifolio de la familia de las litráceas que florece cuando casi nada más florece: en pleno julio, agosto y septiembre, con el calor apretando. Pese al epíteto indica, no es una planta de la India, sino del este de Asia, con área natural en China y Corea, desde donde se difundió por todo el mundo de clima templado y cálido.

En España es una de las especies ornamentales más plantadas en calles, medianas y jardines del sur y del levante, y con razón: aguanta el verano mediterráneo sin flaquear, tolera bien la vida en alcorque, florece durante meses y encima ofrece color de otoño y una corteza espectacular en invierno. Es uno de los pocos arbustos que tienen algo que enseñar en las cuatro estaciones.

Cómo reconocerlo

La corteza es su rasgo más característico fuera de la floración. Se desprende en placas y deja al descubierto un tronco liso, moteado en tonos canela, gris y crema, agradable al tacto y muy decorativo cuando la planta pierde la hoja. En ejemplares viejos, con varios troncos limpios de ramas bajas, es de las mejores estructuras invernales que puede tener un jardín pequeño.

Las hojas son simples, opuestas o casi, ovales o elípticas, de un verde oscuro y algo coriáceas, sobre pecíolos muy cortos. En otoño viran a tonos amarillos, anaranjados y rojizos antes de caer, con intensidad variable según el cultivar y el frío del año.

Las flores se agrupan en panículas terminales y cada flor tiene seis pétalos con el borde ondulado y arrugado, como de papel de seda, sobre una uña estrecha. De ahí el nombre de crespón. Los colores van del blanco al rosa, el malva, el fucsia y el rojo intenso, según variedad. La floración va de julio a septiembre y se prolonga porque las panículas se van abriendo escalonadamente. Tras la flor quedan cápsulas globosas leñosas que persisten en la planta durante el invierno.

Dónde plantarlo

Exige pleno sol. Es innegociable: en sombra o en semisombra florece poco o nada y se vuelve propenso al oídio. Cuanto más sol y más calor, mejor floración, y esa es la razón de que funcione tan bien en Sevilla, Córdoba, Murcia o Valencia, donde otras plantas de flor estival lo pasan mal.

La temperatura que prefiere es media o alta. Resiste heladas moderadas, y en el interior peninsular se cultiva sin problema, aunque en zonas de invierno muy duro puede perder ramas y rebrotar desde abajo. En la cornisa cantábrica y en Galicia crece bien pero florece con menos generosidad, porque le faltan las semanas de calor acumulado que necesita.

El suelo ideal es profundo, fresco y bien drenado. Tolera la caliza, que es una gran ventaja en España, y se adapta a suelos de composición variada siempre que tengan fondo suficiente para que la raíz explore. En terrenos superficiales o compactados crece lento y florece mal.

Se planta en otoño o al final del invierno. Si va a formarse como arbolito de varios troncos, la elección se hace desde el primer año seleccionando tres o cuatro ejes y suprimiendo el resto de brotes de la base.

Riego

El riego es regular. Es una planta resistente a la sequía una vez asentada, pero no es un cactus: para florecer bien necesita agua durante la primavera y el principio del verano, que es cuando construye los brotes que darán flor. Un ejemplar en alcorque urbano y sin riego florece, pero mucho menos que uno regado.

Riegos profundos y espaciados durante los meses secos, con un acolchado que reduzca la evaporación, es la pauta adecuada. Lo que sí conviene evitar es el riego por aspersión que moje continuamente el follaje, porque favorece el oídio, que es su principal problema.

El abonado es moderado. Un exceso de nitrógeno produce hoja abundante y poca flor, además de brotes tiernos que el oídio ataca con facilidad. Un aporte equilibrado a la salida del invierno es suficiente.

La poda, y el error de desmocharlo

El árbol de Júpiter florece sobre brotes del año. Eso significa que se poda en invierno, con la planta desnuda, y que la poda estimula la floración en lugar de sacrificarla. Hasta ahí, la regla es fácil.

El problema es cómo se aplica. Es muy habitual ver ejemplares desmochados, cortados año tras año por el mismo punto, que acaban con unos muñones engrosados de los que salen decenas de varas finas. Ese sistema da flores, sí, pero destroza la silueta, arruina la corteza (que es medio valor de la planta), produce ramas débiles que se doblan bajo el peso de las panículas y acorta la vida del ejemplar. No es la poda que necesita.

Lo correcto es una poda de aclareo: se eliminan las ramas secas, las que se cruzan y los chupones de la base, se acortan ligeramente los brotes del año anterior y se mantiene una estructura de ramas principales que crezca y engrose con el tiempo. Un ejemplar bien conducido durante diez años es un arbolito de tronco desnudo y copa aireada, no un candelabro de nudos.

Retirar las panículas marchitas durante el verano prolonga la floración y evita que la planta gaste en formar cápsulas.

Plagas y problemas frecuentes

El oídio es el problema clásico de esta especie. Se manifiesta como un polvo blanco harinoso en hojas y brotes tiernos, que deforma el crecimiento y estropea los botones florales antes de que abran. Es más grave en ambientes con noches húmedas y días cálidos, en plantas en sombra o mal ventiladas y en las que han recibido demasiado nitrógeno. Las medidas que más ayudan son plantar a pleno sol, aclarar la copa para que circule el aire y no mojar el follaje.

El pulgón es el otro huésped habitual del verano. Su melaza cubre las hojas y sobre ella crece la negrilla, ese hollín negro que ensucia el follaje y todo lo que hay debajo, incluidos coches y mobiliario, una queja frecuente donde se planta en alineaciones de calle.

Existen cultivares seleccionados por su tolerancia al oídio, obtenidos del cruce con Lagerstroemia fauriei, que además suelen tener una corteza especialmente vistosa. Si el jardín está en una zona húmeda o el problema se repite cada año, buscar uno de esos híbridos en vivero resuelve mucho más que cualquier tratamiento.

Multiplicación

Es de las plantas leñosas más fáciles de multiplicar. El esqueje leñoso de invierno, con trozos de rama bien agostada del año, clavados en un sustrato drenante en un lugar resguardado, enraíza con una tasa alta y sin necesidad de instalaciones. El esqueje semileñoso de verano, en ambiente húmedo y con calor de fondo, también funciona muy bien y es más rápido.

La semilla germina sin dificultad, pero los cultivares de color no se reproducen fielmente por esa vía; sirve para obtener planta de vivero genérica o portainjertos, no para clonar una variedad concreta.

Usos en el jardín

Funciona como ejemplar aislado en jardines pequeños, como arbolito de patio, en alineaciones de calle y en grandes macetas de terraza. En el sur de España es una de las mejores opciones para dar color en la peor época del año, cuando el arriate mediterráneo está de capa caída.

Combina bien con plantas de estructura mediterránea, como el mirto, la lavanda o el lentisco, y su corteza gana mucho si se le da un fondo oscuro de perennes. Las variedades enanas, de menos de un metro y medio, sirven para maceta y para arriates estrechos donde no cabe un arbolito.

En resumen

El árbol de Júpiter es probablemente el mejor arbusto de flor de verano para el clima español cálido: pleno sol, suelo profundo y drenado, riego regular en primavera y verano, y una poda de aclareo en invierno sobre la que la planta responde floreciendo en los brotes nuevos. Da flor durante tres meses, color otoñal y una corteza notable en invierno.

Los dos puntos donde se falla habitualmente son el desmoche anual, que destruye la forma y la corteza sin necesidad ninguna, y el oídio, que se previene con sol, aire y contención en el abonado nitrogenado, o directamente eligiendo un cultivar tolerante. Con eso resuelto, es una planta de mantenimiento bajo y de resultados muy vistosos.


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