Zonas 8-11: soporta hasta -10º
Pleno sol o sombra parcial
Sustrato rico, húmedo, bien drenado
Riego medio, más abundante en verano
Follaje perenne
Flor: julio a octubre
Cápsulas con una semilla

La hierbaluisa (Aloysia citriodora, citada también como Aloysia triphylla y, en libros más antiguos, como Lippia citriodora) es un arbusto de la familia de las verbenáceas que se cultiva por el olor de sus hojas. Basta rozarlas para que suelten un aroma a limón muy limpio, más fino que el de la corteza del limonero y sin el fondo resinoso de la citronela. Procede del cono sur americano, y allí se la llama cedrón; el nombre español de hierbaluisa se debe a María Luisa de Parma, consorte de Carlos IV, en cuyo honor la bautizó el botánico Antonio Palau y Verdera cuando la describió en 1784.

En el jardín no destaca por la flor, que es pequeña y de color blanco sucio o lila muy pálido, sino por el follaje y por la facilidad con que se instala en clima mediterráneo. Es un arbusto de porte abierto y ramas largas, algo desgarbado si se le deja a su aire, que responde muy bien a la poda dura y que se cultiva igual en el suelo del jardín que en una maceta grande de terraza. Aguanta el calor seco del verano peninsular sin quejarse y, según la ficha de cultivo, resiste hasta unos diez grados bajo cero, lo que la sitúa cómoda en casi todo el litoral y buena parte del interior templado.

Cómo reconocerla

La hoja es la clave. Son hojas estrechas y lanceoladas, de punta afilada, ásperas al tacto por el haz y con el nervio central bien marcado por el envés. Se disponen en verticilos, normalmente de tres en tres alrededor del tallo, un detalle que la separa de otras aromáticas de hoja parecida donde las hojas van opuestas o alternas. El borde es entero o apenas ondulado y el color, un verde medio mate.

El olor confirma la identificación mejor que cualquier otro carácter: es intenso, cítrico y persiste en los dedos. Las ramas jóvenes son verdes y angulosas, y con los años la base se lignifica y forma un tronco corto y agrietado. Las flores salen en panículas terminales y laxas durante el verano y el principio del otoño, de julio a octubre, y el fruto es una cápsula diminuta con una sola semilla que rara vez tiene interés en cultivo.

Conviene no confundirla con el melisa o toronjil (Melissa officinalis), que es una herbácea de hoja ancha y dentada, ni con la citronela, que es una gramínea de macolla. Las tres huelen a limón, pero solo la hierbaluisa es un arbusto de hoja estrecha y verticilada.

Dónde y cómo plantarla

Pide pleno sol, o como mucho una sombra parcial durante las horas centrales en el sur peninsular. A menos luz la planta se estira, los entrenudos se alargan y la hoja pierde aroma, que es justo lo que se busca de ella. En el litoral mediterráneo, en Andalucía, en Levante y en las islas se comporta como un arbusto de exterior sin más cuidado que el riego; en el interior con heladas fuertes se planta al abrigo de un muro orientado al sur y se acolcha la base en invierno.

El momento de plantar es la primavera, cuando ya no hay riesgo de helada tardía y el suelo se ha templado. Un hoyo del doble del cepellón, con el suelo original mejorado con compost maduro, es suficiente. Si el jardín tiene un suelo pesado que encharca, lo sensato es plantarla algo elevada sobre un caballón o directamente en maceta, porque el exceso de agua en invierno la mata antes que el frío.

En maceta funciona muy bien, y es la solución habitual en terrazas del norte y del interior, donde se puede meter a resguardo los meses malos. Un contenedor de treinta o cuarenta centímetros de diámetro le da margen para varios años. Conviene un tiesto de barro, que transpira, y renovar los primeros centímetros de sustrato cada primavera.

Riego y sustrato

El sustrato ideal es rico en materia orgánica, fresco y bien drenado. La hierbaluisa no es una planta de secano estricto como el romero: agradece la humedad regular y en verano el riego debe ser más abundante, sobre todo si está en maceta y a pleno sol. Pero el drenaje no es negociable. Un suelo que se queda embarrado tras cada riego provoca podredumbre de raíz, y la planta lo avisa amarilleando la hoja de abajo hacia arriba.

La pauta práctica en el jardín es regar en profundidad y espaciado: mejor un riego largo cada cuatro o cinco días en verano que un pulverizado diario. En maceta hay que ajustar más, porque el volumen de tierra es pequeño y el calor lo seca rápido; ahí sí puede hacer falta regar a diario en julio y agosto. En invierno, con la planta parada o defoliada, el riego se reduce casi a cero.

Tolera bien los suelos calizos habituales en media España, que es una ventaja frente a otras aromáticas ornamentales. Un aporte de compost en superficie a la salida del invierno cubre sus necesidades de abonado; si se cultiva en maceta y se cosecha hoja con frecuencia, un abono equilibrado cada tres o cuatro semanas en primavera y verano mantiene el vigor.

La poda, que es lo que decide la planta

Sin poda, la hierbaluisa se convierte en un manojo de varas largas peladas por abajo y con hoja solo en las puntas. Con poda, se mantiene compacta y produce mucha más hoja tierna, que es la que interesa. La operación principal se hace a finales del invierno, antes de que arranque el brote, y no hay que tener mano blanda: se rebajan las ramas a un tercio o la mitad de su longitud, dejando siempre varias yemas en la madera vieja.

Durante la temporada, cada corte de hoja funciona como un despunte y ramifica la planta. Recolectar es podar. Si la planta se ha quedado leñosa y desnuda por la base tras varios años sin atender, admite un rebaje severo casi a ras de suelo en primavera; suele rebrotar con fuerza desde la cepa.

Una observación que sorprende a quien la planta por primera vez: aunque en las fichas figure como follaje perenne, en los inviernos fríos del interior peninsular pierde toda la hoja y parece muerta durante semanas. No lo está. Rebrota tarde, a menudo bien entrada la primavera, y no conviene arrancarla ni podarla a fondo hasta ver el primer brote.

Multiplicación

Se multiplica por esqueje con mucha facilidad, que es como se propaga casi siempre. Se toman en verano trozos de rama semileñosa de diez a quince centímetros, se les quitan las hojas de la mitad inferior y se clavan en un sustrato ligero de turba y arena o perlita, manteniéndolo húmedo y a la sombra. Enraízan en unas pocas semanas con calor. Los esquejes tiernos de primavera también funcionan, aunque se marchitan con más facilidad si el ambiente está seco.

El acodo bajo, doblando una rama larga hasta el suelo y enterrando un tramo, es otra vía sencilla y prácticamente sin riesgo. La semilla se usa poco: germina de forma irregular y la planta tarda mucho más en dar volumen.

Plagas y problemas frecuentes

En verano seco y caluroso, la araña roja es su enemigo más constante, sobre todo en maceta y en balcones protegidos de la lluvia. Se reconoce por el punteado amarillento del haz y las telarañas finísimas en el envés y en las axilas. Aumentar la humedad ambiental y mojar el envés de las hojas al atardecer la frena bastante.

La mosca blanca y el pulgón aparecen en los brotes tiernos de primavera y son fáciles de detectar por la melaza pegajosa y la negrilla que crece sobre ella. Los problemas de raíz, en cambio, casi siempre se deben al riego y no a un patógeno: hojas mustias con el sustrato húmedo es el cuadro típico del encharcamiento.

Si la planta se cultiva para cosechar hoja, cualquier tratamiento debe elegirse pensando en ese destino, y lo razonable es resolver los ataques leves por medios físicos, retirando brotes afectados y lavando con agua a presión moderada.

Usos en el jardín y en la cocina

Encaja bien en un cuadro de aromáticas junto a romero, salvia y lavanda, aunque pide algo más de agua que ellas y conviene no ponerla en el extremo más seco del arriate. Como planta de maceta en terraza es de las más agradecidas, porque se roza al pasar y perfuma. También funciona en el borde de un huerto, donde su floración de verano atrae abejas.

Sus hojas son un aromatizante tradicional en España y en América del Sur, empleado en infusiones y para dar olor cítrico a postres, macedonias y bebidas frías. Se usan frescas, que es cuando el aroma está más completo, o secas a la sombra en un lugar aireado y guardadas en tarro hermético, donde conservan bien el olor durante meses. La recolección mejor es antes de la floración plena, en las horas de la mañana.

En resumen

La hierbaluisa es un arbusto fácil para quien viva en la mitad sur o en el litoral: sol directo, suelo rico y bien drenado, riego regular con refuerzo en verano y una poda fuerte a finales del invierno. Con eso se mantiene densa y da hoja aromática durante toda la temporada cálida. En zonas frías se comporta como una planta que desaparece en invierno y rebrota tarde, y ahí la maceta con posibilidad de resguardo es la vía más cómoda.

Los dos errores que más la penalizan son el exceso de agua sobre suelo pesado y la falta de poda. El primero pudre la raíz sin remedio; el segundo la deja convertida en un esqueleto de varas con cuatro hojas arriba. Resueltos esos dos puntos, es una planta de mantenimiento mínimo que se multiplica sola por esqueje y que ocupa un sitio útil tanto en el jardín de aromáticas como en un tiesto junto a la puerta.


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