La fucsia australiana es el nombre que se da en jardinería a las Correa, un género de arbustos perennifolios australianos cuyas flores tubulares y colgantes recuerdan a las de las fucsias, sin tener ningún parentesco con ellas. Las correas son rutáceas, la familia de los cítricos, mientras que las fucsias verdaderas son onagráceas. El parecido es de forma, no de linaje.
Su gran virtud en el jardín español es el calendario: florecen de otoño a primavera, en los meses en que el arbusto mediterráneo típico está parado. A eso se suma una tolerancia notable a la sequía, al sol y al viento de costa, y un follaje perenne que no da problemas el resto del año.
Cómo reconocerla
Arbusto de porte redondeado o extendido, de tamaño pequeño a medio según la especie, con ramillas finas y a menudo cubiertas de pelillos estrellados que le dan un tacto áspero.
Las hojas son opuestas, pequeñas, enteras, coriáceas, de un verde oscuro por el haz y frecuentemente más claras y tomentosas por el envés. Como en todas las rutáceas, tienen glándulas de aceite esencial y desprenden olor al frotarlas.
La flor es inconfundible: un tubo estrecho y colgante de dos a tres centímetros, con los cuatro pétalos soldados y los extremos ligeramente recurvados, del que asoman los estambres. Los colores van del rojo y el rojo con puntas verdes al rosa, el crema y el blanco puro según la especie y el cultivar. La disposición colgante y el largo periodo de floración las hacen muy visibles.
El fruto es un folículo que contiene las semillas.
Especies y cultivares
Las correas de jardín proceden de varias especies y de híbridos entre ellas, porque el género se hibrida con mucha facilidad, lo que explica la enorme variedad comercial:
- Correa reflexa, la más extendida, con flores tubulares rojas de punta verdosa.
- Correa alba, de flores blancas abiertas en estrella y hojas redondeadas, la más tolerante al salitre y muy usada en primera línea de costa.
- Correa pulchella, de porte bajo y compacto y flores en tonos rosa salmón.
- Correa backhouseana, de flores crema verdosas y buen comportamiento en exposiciones duras.
Las especies proceden de hábitats muy diversos, desde bosques de montaña y matorrales secos de eucaliptos hasta acantilados y formaciones costeras, y se distribuyen desde Australia Meridional hasta el este del país y Tasmania. Esa amplitud de origen es la que explica su adaptabilidad en cultivo. El nombre del género recuerda al naturalista portugués José Francisco Correa da Serra.
Dónde y cómo plantarla
Pleno sol o sombra parcial. En el sur peninsular y en el interior seco agradece algo de sombra en las horas centrales del verano; en la costa y en climas suaves va bien a pleno sol.
El sustrato debe estar bien drenado, y puede ser pobre. Prefiere reacción ácida o neutra: en suelos muy calizos y con agua dura tiende a la clorosis, como muchas plantas australianas. En esos casos la maceta con sustrato adecuado y agua blanda es la solución práctica.
Es una planta especialmente indicada para el litoral. Tolera el viento salino y los suelos arenosos, y por eso funciona bien en jardines de primera línea del Mediterráneo y del sur atlántico.
En cuanto al frío, es planta de clima suave, propia de zonas sin heladas fuertes. En el interior con inviernos duros hay que cultivarla en maceta y resguardarla, o buscarle una posición muy protegida.
Riego y abonado
Riego regular y profundo, mejor que frecuente y superficial. Ese es el matiz: no es una planta de secano estricto, agradece que el suelo no se seque del todo, pero necesita que el agua drene y que el cepellón se airee entre riegos.
Una vez asentada, con riegos espaciados pasa el verano mediterráneo sin problema. En maceta hay que ser más constante, sobre todo porque la floración de otoño e invierno coincide con la época en que se tiende a olvidar el riego.
El abonado debe ser mínimo. Como muchas australianas, prefiere fertilizantes de liberación lenta y bajos en fósforo. Un exceso de abono da crecimiento blando y menos flor.
Poda
Recorte ligero al terminar la floración, en primavera. Se despuntan las ramas para mantener la mata compacta y estimular la ramificación, que es donde se producirán las flores de la temporada siguiente.
Como en la mayoría de arbustos de hoja pequeña, no conviene cortar en madera vieja sin hojas, porque el rebrote es malo. Un recorte suave todos los años evita tener que hacer nunca una poda drástica.
Las especies de porte tapizante, como algunas selecciones de Correa pulchella, agradecen un recorte de bordes para que no se abran por el centro.
Plagas y problemas frecuentes
Es un arbusto sano y con pocos enemigos. Los problemas habituales son:
- Podredumbre de raíz en suelos pesados o con riego excesivo. Es el fallo más frecuente.
- Clorosis por cal en el suelo o en el agua de riego, con amarilleo entre nervios.
- Cochinilla ocasional en plantas poco aireadas.
- Pérdida de porte. Matas viejas nunca recortadas que se abren y quedan huecas por dentro.
Multiplicación
Por esqueje semileñoso tomado en verano o a comienzos de otoño, con hormona de enraizamiento y sustrato poroso. Es la vía habitual y la única que reproduce fielmente los cultivares, que en un género tan dado a la hibridación es lo que interesa.
La semilla se puede emplear, pero es lenta y da descendencia variable por la facilidad con que las especies se cruzan entre sí.
Usos en el jardín
Su papel más valioso es el de arbusto de flor de invierno en un jardín de bajo consumo de agua. Puesta junto a lavandas, salvias arbustivas, teucrios y gramíneas, cubre el hueco de floración que esas compañeras dejan de octubre a abril.
Sirve como seto bajo informal, como planta de rocalla y de talud en las formas compactas, y como pieza de maceta en terraza soleada. En jardines costeros es una de las opciones más fiables por su tolerancia al salitre.
Sus flores tubulares y colgantes están adaptadas a la polinización por aves en Australia, y en un jardín español atraen abejas y otros insectos en meses de escasez.
En resumen
Las correas, o fucsias australianas, son arbustos perennifolios de la familia de los cítricos, con flores tubulares colgantes que abren de otoño a primavera. Piden sol o sombra parcial, sustrato drenado y preferiblemente sin exceso de cal, riego regular pero profundo y abonado mínimo y bajo en fósforo.
Son ideales para el litoral, donde toleran el viento salino, y para cualquier jardín mediterráneo que necesite color en invierno sin subir la factura del agua. Se multiplican por esqueje, se recortan suavemente cada primavera tras florecer y no deben plantarse en suelo pesado, que es lo único que de verdad las mata.