Temperatura media y alta
Sol o semisombra
Humífero, fresco, bien drenado
Riego moderado
Hoja perenne
Flor: femeninas y masculinas
Granos muy tóxicos

Cycas revoluta es la cica, una planta originaria del sur de Japón que en jardinería se maneja como arbusto de follaje y que a menudo se confunde con una palmera. No lo es. Las cicadáceas son un grupo antiquísimo de plantas con semilla, mucho más próximo a las coníferas que a las palmeras, y no producen flores ni frutos verdaderos: forman conos y semillas desnudas.

Lo que la hace tan usada en el litoral mediterráneo español es la combinación de un porte escultórico, muy simétrico, con una resistencia notable al calor, al viento y al abandono. Crece muy despacio, mantiene la forma durante décadas y funciona igual de bien en un macetón de terraza que plantada en el suelo. El precio de esa lentitud es que un ejemplar grande cuesta caro y que, si se estropea la corona de hojas, la recuperación tarda una temporada entera.

Aviso importante: toda la planta es tóxica

La cica es muy tóxica por ingestión en todas sus partes, y las semillas son la parte más peligrosa. Contiene compuestos, entre ellos la cicasina, que afectan gravemente al hígado y al sistema nervioso.

Es un problema real, no teórico, sobre todo con perros, que muerden las semillas rojizas caídas o los cogollos tiernos. Los casos de intoxicación en perros por cica están bien documentados y son graves. Si hay animales o niños pequeños, conviene recoger las semillas en cuanto caen y valorar si la planta debe estar a su alcance. Ante la sospecha de ingestión, hay que acudir a un veterinario o a un servicio médico de inmediato; este artículo no da ninguna indicación de tratamiento.

También conviene manejar las hojas con guantes: los foliolos terminan en punta rígida y pinchan con facilidad.

Cómo reconocerla

Forma un tronco grueso, cilíndrico y cubierto por las bases persistentes de las hojas viejas, que le dan un aspecto rugoso muy característico. De ese tronco sale una corona de hojas dispuestas en roseta.

Las hojas son pinnadas, rígidas, de un verde oscuro brillante, con numerosos foliolos estrechos insertados en el raquis. Los foliolos tienen el borde revuelto hacia abajo, que es lo que da el epíteto revoluta, y un nervio central marcado. Las hojas nuevas brotan todas a la vez, enrolladas como báculos, en una única emisión anual llamada flujo, y se despliegan tiernas y blandas antes de endurecer.

La planta es dioica: hay pies masculinos y pies femeninos. El masculino forma un cono alargado y erecto en el centro de la corona. El femenino forma una estructura globosa, lanuda y dorada, compuesta de megasporofilos, entre los que aparecen las semillas, grandes y de color naranja rojizo al madurar.

Dónde y cómo plantarla

Sol o semisombra. A pleno sol el follaje es más compacto y las hojas más cortas; en semisombra crece con hojas más largas y de verde más oscuro. En el interior peninsular, con sol intenso y aire seco, un poco de sombra en las horas centrales del verano le sienta bien.

Es planta de clima templado a cálido. Se comporta perfectamente en toda la costa mediterránea, en Andalucía, en el litoral atlántico sur y en Canarias. Tolera heladas ligeras, pero el frío intenso y prolongado le quema las hojas, y en zonas de interior frío hay que cultivarla en maceta para poder protegerla.

El sustrato debe ser humífero, fresco y sobre todo muy bien drenado. Una mezcla de tierra de jardín con arena gruesa o grava y materia orgánica funciona bien. En suelos pesados hay que plantarla algo elevada, sobre un montículo, para que el cuello no se quede en agua.

Riego

Riego moderado y espaciado. Es una planta que soporta mucho mejor la sequía que el exceso de agua. La causa más habitual de muerte de una cica es la podredumbre del tronco por riego excesivo o por drenaje deficiente, y cuando el tronco empieza a reblandecerse ya no hay marcha atrás.

El criterio práctico es dejar secar el sustrato entre riegos. En verano, un riego generoso cada una o dos semanas en suelo, y algo más frecuente en maceta. En invierno, muy poco o nada.

Abonado ligero en primavera, coincidiendo con la emisión de hojas nuevas, con un fertilizante equilibrado. Un aporte extra de magnesio y hierro ayuda cuando las hojas amarillean, algo frecuente en agua dura y suelo calizo.

Poda y mantenimiento

La cica no se poda, se limpia. Se retiran las hojas viejas cuando se secan o se doblan, cortando cerca del tronco y dejando la base, que pasará a formar parte del revestimiento del tallo.

Hay una regla que conviene respetar: no quitar hojas verdes. La planta emite un solo flujo de hojas al año, y si se despoja de follaje sano se queda sin capacidad de fotosíntesis hasta la brotación siguiente. Un error clásico es cortar toda la corona para dejar la planta limpia y luego preguntarse por qué no rebrota bien.

Durante el despliegue de las hojas nuevas conviene no tocarlas ni regar por encima: son blandas y se deforman de manera permanente si se doblan.

Plagas y problemas frecuentes

  • Cochinilla algodonosa y cochinilla de las cicas. Es la plaga más importante. Se instala en el envés de los foliolos y en la base de las hojas, forma costras blancas y debilita la planta hasta secarla si no se trata.
  • Mariposa de la cica. Las orugas de un pequeño licénido asiático, Chilades pandava, atacan los brotes tiernos durante el flujo y pueden dejar la emisión anual entera reducida a nervios. Está presente en zonas de la costa mediterránea española y es hoy uno de los problemas más molestos de la especie.
  • Podredumbre. Por exceso de agua o mal drenaje, ya comentada.
  • Clorosis. Amarilleo en agua dura y suelo calizo, corregible con quelatos.

La vigilancia debe concentrarse en el momento de la brotación, que es cuando la planta es vulnerable y cuando una intervención a tiempo salva las hojas de todo el año.

Multiplicación

Por semilla y por hijuelos. La semilla es de germinación lenta, con periodos de varios meses, y requiere pies masculinos y femeninos, además de polinización manual en muchos casos.

Lo práctico en el jardín son los hijuelos que la planta madura emite en la base del tronco, unos bulbos que se separan con cuidado, se dejan cicatrizar unos días a la sombra y se plantan en sustrato muy arenoso. Enraizan bien, aunque sin prisa. Al manipularlos conviene usar guantes, por la toxicidad.

Usos en el jardín

Es una planta de forma, no de flor. Funciona muy bien como ejemplar aislado en un punto que se quiera destacar, en un macetón grande a la entrada de la casa, en jardines de estilo mediterráneo, exótico o japonés, y en composiciones con grava y piedra donde el volumen de la corona contrasta con el suelo.

En maceta es de las plantas más agradecidas que existen para una terraza soleada, porque su lentitud de crecimiento significa que no se queda pequeña en el tiesto ni hay que trasplantarla a menudo. También se cultiva en interior muy iluminado, aunque ahí crece aún más despacio y hay que vigilar la cochinilla.

En resumen

La cica es una planta escultórica, longeva y de crecimiento muy lento, que en el clima cálido español da un resultado excelente a cambio de muy poco cuidado: sol o semisombra, sustrato drenado, riego moderado, un abonado en primavera y la limpieza de las hojas viejas sin tocar las verdes.

Dos advertencias mandan sobre todo lo demás. Es muy tóxica por ingestión, especialmente las semillas y especialmente para los perros, por lo que hay que recoger las semillas caídas y valorar dónde se coloca. Y el exceso de riego la mata: si el tronco se ablanda, la planta se ha perdido. Con eso claro, es un arbusto de estructura que dura décadas.


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