Boronia crenulata es un arbusto pequeño y perennifolio del suroeste de Australia Occidental, de la familia de las rutáceas, la misma de los naranjos y los limoneros. Forma matas menudas y densamente ramificadas, con hojas diminutas de borde ligeramente festoneado (de ahí el epíteto crenulata) y flores de cuatro pétalos en forma de estrella o de copita, rosadas, que aparecen de forma casi continua a lo largo del año en climas suaves.
Lo que la distingue de otros arbolitos de flor pequeña es la combinación de tres cosas: el aroma, la duración de la floración y la exigencia de sustrato. Toda la planta es aromática cuando se roza, un rasgo típico de las rutáceas, que tienen glándulas de esencia en las hojas. La floración se prolonga muchísimo, no en oleadas cortas. Y a cambio de eso reclama un suelo ligero, ácido y libre de cal, condición que en buena parte de España obliga a cultivarla en maceta.
Cómo reconocerla
Es un arbusto bajo y compacto, de porte redondeado, que rara vez pasa de la altura de una planta de macizo. Las ramas son finas y muy divididas, con entrenudos cortos, lo que da un aspecto tupido y menudo.
Las hojas son pequeñas, opuestas, de un verde vivo, con el margen ligeramente ondulado o crenado. Al frotarlas desprenden olor. Las flores nacen en las axilas de las hojas, solitarias o en grupitos, y tienen cuatro pétalos, algo que ya sirve para separarla de la mayoría de arbustos de flor rosa del jardín, que suelen tener cinco. El color va del rosa claro al rosa fuerte según la selección. En el centro se ven los estambres, cortos, y el ovario destacado.
La selección conocida como Shark Bay, que a menudo se trata como subespecie, es la que más se ha extendido en vivero. Debe su nombre a un enclave costero al norte de Perth.
Dónde plantarla
Admite sol y semisombra. En la costa mediterránea y en el sur peninsular conviene la semisombra, o al menos una posición protegida del sol de la tarde en julio y agosto, porque el follaje es fino y se quema. En el norte atlántico y en zonas de verano suave tolera bien el pleno sol.
El punto crítico es el suelo. Necesita un sustrato ácido, ligero, muy bien drenado y sin caliza. En terrenos calizos, que son la mayoría de los del interior y del levante español, la planta amarillea por clorosis férrica y termina por perderse. En esas zonas la solución práctica es la maceta con sustrato para plantas acidófilas, tipo el que se usa para camelias o azaleas, y riego con agua de lluvia o agua de baja dureza.
Tampoco le va bien un suelo pesado ni un rincón donde se encharque. Las raíces son finas y superficiales, y el exceso de humedad estancada es una de las causas más frecuentes de fracaso.
Riego y sustrato
Riego moderado y, sobre todo, regular. Es una planta que no perdona ni el encharcamiento ni el secado completo del cepellón. Si se seca del todo una sola vez, es habitual que ramas enteras se pierdan y no rebroten.
La estrategia que funciona es mantener el sustrato fresco pero nunca empapado, comprobando con el dedo antes de regar. Una capa de acolchado de corteza de pino o de acículas ayuda a estabilizar la humedad y, de paso, a acidificar ligeramente.
El agua del grifo con mucha cal es un problema añadido en gran parte del país. Si el agua disponible es dura, conviene alternar con agua de lluvia siempre que se pueda. En abonado, poco y de tipo acidófilo, en primavera y a comienzos de verano. Las plantas australianas suelen agradecer un régimen de fertilización contenido.
Poda
La poda ligera y frecuente es lo que mantiene la mata compacta y prolonga la vida útil de la planta. Después de una oleada intensa de floración conviene despuntar los extremos de las ramas, sin bajar a madera vieja y sin hojas, porque el rebrote desde madera desnuda es malo.
Es una especie que se considera de vida relativamente corta en cultivo. Con recortes suaves y regulares se retrasa el envejecimiento, pero conviene asumir que no es un arbusto para décadas y tener planteles jóvenes de repuesto si se quiere mantener el efecto en un macizo.
Plagas y problemas frecuentes
Más que plagas, los problemas típicos son de cultivo:
- Amarilleo entre los nervios. Casi siempre clorosis por cal en el suelo o en el agua de riego.
- Muerte súbita de ramas o de la planta entera. Suele responder a asfixia radicular por exceso de riego o mal drenaje, o al contrario, a un secado total del cepellón.
- Pérdida de vigor con los años. Envejecimiento natural, agravado si no se han hecho recortes de mantenimiento.
En cuanto a fauna, pueden aparecer pulgón en los brotes tiernos y araña roja en ambientes muy secos y calurosos, como en la mayoría de arbustos de hoja pequeña. Ninguna de las dos suele ser grave si la planta está bien situada.
Multiplicación
La ficha recoge la semilla como forma de propagación. En la práctica, la reproducción por semilla en el género Boronia es lenta e irregular, y en vivero se recurre sobre todo al esqueje semileñoso tomado a finales de verano, con hormona de enraizamiento, en sustrato muy poroso y con humedad ambiental alta.
El esqueje tiene además la ventaja de mantener el color de flor de la selección elegida, cosa que la semilla no garantiza.
Usos en el jardín
Funciona muy bien en maceta y jardinera, que es como más se ve en España, precisamente porque permite controlar el sustrato y el agua. En terraza o en patio, cerca de un sitio de paso, se aprovecha el aroma del follaje.
En suelo, si el terreno es ácido, encaja en un macizo bajo junto a otras acidófilas de porte pequeño, en el borde de un arriate o en un jardín de rocalla con buen drenaje. También sirve como planta de primer plano delante de arbustos más grandes.
La floración larga la hace útil en zonas de clima suave donde interese tener color casi todo el año, algo que en el litoral mediterráneo y en Canarias es viable, y en el interior no.
En resumen
Boronia crenulata es un arbusto pequeño, aromático y de flor rosa persistente, originario del suroeste australiano y emparentado con los cítricos. Da mucho color durante mucho tiempo y ocupa poco espacio, lo que la hace interesante para macetas, jardineras y primeros planos de macizo.
La condición para que salga bien es respetar el sustrato: ácido, ligero, drenado y sin cal, con riego regular que no encharque ni deje secar el cepellón. En la mayor parte de España eso significa maceta con sustrato para acidófilas y agua blanda. Con recortes suaves después de florecer se mantiene compacta, aunque conviene asumir que no es una planta de larga vida y prever reposiciones.