La mahonia o uva de Oregón (Mahonia aquifolium, hoy incluida por muchos botánicos en el género Berberis como Berberis aquifolium) es un arbusto de hoja perenne originario del oeste de Norteamérica, de las montañas y bosques que van de la Columbia Británica a California. En el jardín cumple una función muy concreta y difícil de cubrir: da color en marzo, en la sombra, cuando casi nada más florece y esa parte del jardín está apagada.
Su hoja compuesta, coriácea y espinosa recuerda a la del acebo, de donde viene el epíteto aquifolium, y se mantiene todo el año cambiando de tono con las estaciones. En primavera produce racimos densos de flores amarillas perfumadas, y en otoño bayas de un azul oscuro cubiertas de pruina, muy parecidas a racimos de uva pequeña.
Cómo reconocerla
Forma una mata erguida y poco ramificada, de porte bajo o medio, que se extiende lateralmente porque emite brotes desde la raíz y acaba formando una mancha densa. Los tallos son rectos y con poca ramificación lateral, un rasgo que condiciona su poda.
La hoja es compuesta imparipinnada, con varios pares de foliolos duros, brillantes, de borde con dientes espinosos que pinchan de verdad al manipular la planta. El color es verde oscuro en verano; en invierno, y sobre todo si le da algo de luz, adquiere tonos bronce, rojizos y purpúreos que le dan un interés añadido en la estación muerta. La brotación de primavera sale también con tintes rojizos.
Florece en marzo y abril con racimos erguidos y apretados de florecillas amarillas de olor dulce, muy visitadas por las abejas en un momento en que hay poco néctar disponible. Los frutos maduran hacia el final del verano y el otoño: bayas globosas de color azul negruzco, cubiertas de una capa cerosa azulada, agrupadas en racimos.
Hay un carácter curioso que ayuda a identificar el género: al cortar un tallo, la madera aparece de un amarillo intenso, debido a los alcaloides que contiene. Esa madera y esa raíz no tienen uso doméstico y no deben emplearse en preparados caseros.
Los frutos
Las bayas son comestibles, muy ácidas y con semillas grandes en proporción, y tradicionalmente se han usado cocidas para hacer confituras y jaleas en Norteamérica, de donde viene el nombre de uva de Oregón. Crudas resultan ásperas y poco agradables, y no son un fruto para comer a puñados del arbusto.
Para las aves, en cambio, son un recurso apreciado, lo que hace de la mahonia una buena planta de jardín naturalizado.
Dónde plantarla
Semisombra o sombra. Es una de las mejores plantas perennes para el lado norte de un muro, para el sotobosque de un jardín arbolado y para esos rincones donde el sol solo asoma un rato. Tolera incluso la sombra bastante cerrada, aunque allí florece menos y pierde los tonos rojizos del invierno.
El sol directo del verano español le quema y le decolora las hojas, sobre todo en el sur y en el Levante. En el norte húmedo admite más luz sin problema.
Es muy resistente al frío, así que su zona natural en España es la mitad norte, la montaña y los jardines de interior con inviernos duros. En el litoral mediterráneo cálido y en el sur se puede cultivar, pero exige sombra y riego de verano, y sufrirá en las olas de calor.
Un apunte de prudencia: en el centro y el norte de Europa la mahonia se ha naturalizado en bosques y márgenes, extendida por las aves que dispersan la semilla. En zonas húmedas conviene no plantarla pegada a masas forestales ni a espacios naturales.
Suelo y riego
Prefiere suelo fértil, fresco y bien drenado, con materia orgánica, aunque es bastante adaptable y tolera terrenos pobres y pedregosos. Va mejor en suelos neutros o algo ácidos; en calizos muy fuertes puede mostrar clorosis, que se atenúa con acolchado orgánico abundante.
El riego es medio, con aportes más frecuentes en verano. No es una planta de secano estricto, y en zonas cálidas el estiaje sin riego le hace perder hojas y le quema los foliolos. Un acolchado permanente al pie resuelve buena parte del problema y le mantiene la raíz fresca.
Tolera bastante bien la sequía cuando está a la sombra y establecida, que es una de las razones por las que se recomienda para sombra seca bajo arbolado.
Poda
La mahonia tiene un defecto conocido: con los años los tallos se alargan, se quedan desnudos por la base y toda la hoja se concentra arriba. La solución no es recortar la parte alta, que agrava el problema, sino renovar por la base.
Cada año se cortan a ras de suelo uno o dos de los tallos más viejos y peor vestidos. La planta responde emitiendo brotes nuevos desde la cepa y desde la raíz, y en tres o cuatro años la mata queda completamente renovada sin haber perdido nunca su volumen. Es la forma de mantenerla densa indefinidamente.
El momento adecuado es justo después de la floración, en primavera, para no sacrificar los racimos amarillos ni los frutos. Conviene trabajar con guantes gruesos: los dientes de la hoja son espinas de verdad.
Multiplicación
La vía más cómoda es aprovechar los brotes de raíz, que salen alrededor de la mata con raíces propias. Se separan a finales del invierno y se plantan directamente. Es rápido, seguro y da plantas de tamaño aprovechable desde el primer año.
También funciona el esqueje semileñoso tomado a finales de verano o en otoño, con hormona de enraizamiento y en ambiente húmedo y sombreado. La semilla germina si se limpia bien la pulpa y se somete a un periodo de frío húmedo, sembrando en otoño al aire libre, aunque las plantas tardan varios años en florecer.
Variedades
Se encuentran con facilidad selecciones de porte compacto y floración especialmente abundante, pensadas para masas bajas y para tapizar la sombra, que resuelven el problema del arbusto que se alarga demasiado. También hay cultivares elegidos por el color invernal del follaje, con tonos purpúreos y bronce mucho más intensos que los de la forma tipo, que dan un efecto muy notable en enero y febrero.
Conviene no confundirla con otras mahonias de jardín, de hoja mucho mayor y racimos largos y erguidos, que florecen en pleno invierno y forman arbustos bastante más altos. Son plantas distintas, aunque compartan familia y exigencias generales.
Plagas y problemas frecuentes
El problema más habitual es el oídio, ese polvillo blanco sobre las hojas, favorecido por la sombra cerrada, la falta de ventilación y las matas demasiado densas. Se previene aclarando la planta y evitando mojar el follaje al regar.
También aparece una roya propia de la mahonia, que produce manchas anaranjadas o purpúreas en el haz y pústulas en el envés, y provoca defoliación parcial en temporadas húmedas. Se retiran y destruyen las hojas afectadas y se mejora la aireación.
Con menor importancia se ven pulgones en la brotación y cochinillas en tallos viejos. Los foliolos quemados y decolorados casi siempre significan exceso de sol, y el amarilleo entre nervios, caliza en el suelo o en el agua de riego.
Usos en el jardín
Es una planta de sombra estructural: masas bajas bajo arbolado, borduras al pie de un muro orientado al norte, relleno perenne en macizos de sombra junto a hostas, helechos, hortensias y aucubas. Aporta al conjunto lo que a esas plantas les falta, que es una floración temprana y color en invierno.
Por sus hojas espinosas sirve además como seto bajo defensivo, plantado en línea al pie de una valla o bajo una ventana, donde forma una barrera incómoda de atravesar sin necesidad de recorte regular.
Su valor para la fauna es alto: néctar en marzo para las abejas, cuando apenas hay otra cosa, y frutos en otoño para las aves.
En resumen
La mahonia es un arbusto perenne de sombra, muy resistente al frío, que florece en marzo con racimos amarillos perfumados, da bayas azules en otoño y tiñe su follaje espinoso de bronce y púrpura en invierno. Quiere semisombra o sombra, suelo fresco y fértil, riego medio con más aporte en verano y acolchado al pie.
La clave de su mantenimiento es una sola: podar cada año uno o dos tallos viejos a ras de suelo, en cuanto termine la floración, para que se renueve desde la base y no se quede desnuda por abajo. Se multiplica sin esfuerzo separando los brotes de raíz, y conviene manejarla con guantes, porque las hojas pinchan como las del acebo.