Los bambúes no son árboles ni arbustos: son gramíneas, hierbas de la misma familia que el trigo y el césped, que han desarrollado tallos leñosos y perennes. Ese detalle explica casi todo su comportamiento en el jardín, desde la velocidad a la que crecen hasta la forma en que se extienden por el suelo. El grupo reúne más de mil especies repartidas por Asia, América y África, con portes que van de la mata de medio metro a la caña de veinte.
Antes de comprar un bambú hay una sola pregunta que importa, y es más importante que la altura, el color de la caña o el precio: si es de rizoma trazante o de rizoma cespitoso. Los primeros se extienden por el jardín, por el del vecino y por debajo del pavimento, y son casi imposibles de erradicar. Los segundos forman una mata que engorda despacio y se queda donde se planta. Confundirlos es el error más caro que se puede cometer con esta planta.
Cómo es un bambú
La parte visible es la caña o culmo, un tallo hueco dividido por nudos, del que salen las ramas laterales y las hojas, que son estrechas, lanceoladas y perennes. Bajo tierra está el rizoma, un tallo subterráneo del que brotan las cañas nuevas y las raíces.
Hay un dato que sorprende a quien planta bambú por primera vez: la caña sale del suelo con su diámetro definitivo y alcanza su altura final en una sola temporada de crecimiento, normalmente en primavera. Después ya no engorda ni crece más; solo ramifica y echa hojas. Por eso una plantación joven produce cañas finas los primeros años y va sacando cañas cada vez más gruesas conforme el rizoma acumula reservas.
Otra particularidad es la floración. Muchos bambúes florecen de forma gregaria y muy espaciada en el tiempo: todos los ejemplares de una misma especie, estén donde estén, florecen en el mismo periodo tras décadas de vida vegetativa, y buena parte de ellos muere después. No es algo que se pueda prever ni evitar, y explica por qué a veces desaparecen de golpe plantaciones enteras de una especie concreta.
Trazantes y cespitosos
Los bambúes trazantes tienen rizomas largos que se alejan horizontalmente de la planta madre y emiten cañas nuevas a metros de distancia. Es el caso de la mayoría de los géneros asiáticos de caña gruesa que se plantan como pantalla. Bien manejados dan bosquetes espectaculares; sin control, invaden todo el jardín, atraviesan grietas de pavimento y aparecen en la parcela contigua.
Los bambúes cespitosos tienen rizomas cortos y curvados hacia arriba, de modo que la mata se ensancha unos pocos centímetros al año, como haría cualquier gramínea ornamental. Son la opción segura para jardines pequeños y para quien no quiera vigilar la planta cada primavera.
Si se planta un trazante, la barrera antirrizoma no es opcional. Se instala una lámina rígida especial, enterrada en vertical alrededor de la plantación, hasta una profundidad considerable y dejando unos centímetros por encima del nivel del suelo para poder ver y cortar cualquier rizoma que intente saltarla. Hay que revisarla todos los años.
Por prudencia, ningún bambú trazante debería plantarse junto a un cauce, un lindero de campo o un espacio natural, porque los fragmentos de rizoma se dispersan con el agua y con los movimientos de tierra.
Dónde plantarlo
Admite sol o semisombra. En clima mediterráneo cálido, la semisombra le sienta mejor, porque el sol de agosto combinado con aire seco le enrolla y le tuesta las hojas. Las especies de montaña asiática, más rústicas al frío, son precisamente las que peor llevan el calor seco y agradecen la sombra.
El viento es su otro enemigo. El aire seco y continuo le deshilacha y le quema las hojas, y las cañas altas se vencen. Un emplazamiento resguardado, o una pantalla que corte el viento dominante, mejora mucho el aspecto de la planta.
En España se cultiva bien en el norte húmedo, en jardines de interior con riego y en el litoral con sombra y agua. En zonas áridas del sureste es una planta cara de mantener, porque su consumo de agua en verano es alto y no se puede recortar sin que la planta se resienta de inmediato.
Suelo y riego
Quiere suelo rico, fresco y bien drenado, con abundante materia orgánica. Prefiere terrenos ligeramente ácidos o neutros, aunque tolera cierta caliza. En suelo compactado crece mal y produce cañas raquíticas.
El riego es abundante, y no hay atajo posible. El bambú tiene raíces superficiales y una masa foliar muy grande, y en cuanto le falta agua responde enrollando las hojas, que es su señal de alarma. En verano, y sobre todo durante la salida de cañas nuevas en primavera, necesita agua sin interrupción. Un buen acolchado de materia orgánica es casi obligatorio: reduce la evaporación, mantiene fresco el rizoma y aporta nutrientes al descomponerse.
Al ser una gramínea, agradece abonos ricos en nitrógeno, del tipo de los que se usan en césped, aplicados en primavera y a comienzos del verano.
Poda y mantenimiento
El mantenimiento anual es un aclareo: se cortan a ras de suelo las cañas más viejas, las secas y las que estén amontonadas o mal orientadas, para que entre luz en el interior de la mata y las nuevas tengan sitio. Una plantación aclarada tiene mucho mejor aspecto que una cerrada y da cañas más gruesas.
Para despejar la base y lucir las cañas, se retiran las ramas inferiores cortándolas a ras del nudo. Es un trabajo puramente estético que cambia por completo el aspecto de un bosquete.
Si se usa como seto recortado, se despuntan las cañas por encima de un nudo. Hay que saber que ese corte es definitivo: la caña no volverá a crecer en altura, solo ramificará por debajo del corte. Las cañas de bambú viven varios años y se cortan cuando empiezan a amarillear y a perder hoja.
Cultivo en maceta
Es posible y es la forma más segura de tener un bambú trazante sin riesgos, pero exige constancia. La maceta debe ser grande, ancha y con buen drenaje, el riego prácticamente diario en verano y el abonado regular. Cada dos o tres años hay que sacar la planta, dividir el cepellón, que acaba siendo una masa compacta de rizomas, y replantar con sustrato nuevo.
En maceta el rizoma queda expuesto al frío por los laterales, así que en zonas de heladas fuertes conviene proteger el recipiente en invierno.
Multiplicación
La forma normal es la división de la mata a finales del invierno o a comienzos de la primavera, antes de que empiecen a salir los brotes. Se separa una porción con rizoma, raíces y al menos dos o tres cañas, se corta la parte aérea a la mitad para reducir la transpiración y se replanta de inmediato en suelo bien preparado y húmedo.
El trasplante es delicado y la planta tarda una temporada en recuperarse. La semilla no es una vía práctica, porque los bambúes florecen tan rara vez que apenas hay disponible.
Plagas y problemas frecuentes
Existen ácaros específicos del bambú que provocan manchas alargadas y pálidas en el haz de la hoja, con pequeñas telas en el envés. Se favorecen con el calor seco y son el problema más habitual en clima mediterráneo. También aparecen pulgones y cochinillas, sobre todo en matas cerradas y poco aireadas, que ensucian el follaje con melaza y negrilla.
La mayoría de los síntomas, sin embargo, son de manejo. Hojas enrolladas y amarillas indican sed; hojas pálidas y crecimiento pobre, falta de nitrógeno; bordes tostados, viento seco o exceso de sol. La caída parcial de hoja en primavera, coincidiendo con la salida de las cañas nuevas, es normal y no debe alarmar.
Un apunte: los brotes tiernos de algunas especies se consumen cocinados en la cocina asiática, pero en crudo contienen compuestos cianogénicos y no son un alimento que se pueda probar sin conocer la especie y su preparación.
Usos en el jardín
El uso más frecuente es la pantalla visual: una hilera de bambú tapa una medianera o una vista molesta con hoja perenne durante todo el año y en poco tiempo. Como bosquete, plantado en masa y aclarado para que se vean las cañas, crea un ambiente muy particular, con sombra en movimiento y sonido de hojas.
Las especies bajas sirven de tapizante en zonas de sombra y para fijar taludes, y las de porte medio funcionan muy bien en maceta grande en terrazas y patios de estilo contemporáneo o japonés. Junto al agua, en la orilla de un estanque, dan un resultado excelente, siempre con la barrera puesta si la especie lo requiere.
En resumen
El bambú es una gramínea leñosa de hoja perenne que da pantalla, sombra y movimiento como pocas plantas, y lo hace deprisa. Pide suelo rico y fresco, riego abundante sin interrupciones en verano, abonado nitrogenado, resguardo del viento y un aclareo anual de cañas viejas.
La decisión que de verdad importa se toma antes de plantar: si el bambú elegido es de rizoma trazante, hay que instalar una barrera antirrizoma y revisarla cada año, o cultivarlo en maceta. Si se prefiere no vigilar nada, hay que buscar una especie de rizoma cespitoso. Ese es el punto en el que se decide si el bambú será el mejor acierto del jardín o un problema para años.