Zonas 7-9: soporta hasta -17
Sombra parcial o sombra
Rico, fresco o seco, bien drenado
Riego moderado
Follaje perenne
Floración: primavera
Drupas en los pies femeninos

La aucuba (Aucuba japonica) es un arbusto de hoja perenne originario de Japón, Corea y el este de China, y probablemente el mejor recurso que existe para un problema que casi todos los jardines tienen: la sombra seca, ese rincón al norte de la casa o bajo una copa densa donde apenas llega luz ni agua y nada acaba de arraigar. Ahí la aucuba prospera sin quejarse.

Los cultivares que se venden habitualmente son los variegados, con la hoja salpicada de manchas y motas amarillas sobre verde oscuro. De ahí sus nombres populares, planta de oro o laurel moteado. Ese jaspeado cumple una función práctica muy concreta: ilumina zonas oscuras del jardín donde una planta de verde uniforme quedaría apagada.

Cómo reconocerla

Forma una mata redondeada, densa y de crecimiento moderado, con ramas gruesas, verdes y poco leñosas en su parte joven. El porte es el de un arbusto medio, más ancho que alto en madurez.

La hoja es lo que identifica a la planta: grande, opuesta, elíptica u oblonga, muy coriácea y con un brillo casi charolado, de un verde oscuro intenso, con algunos dientes gruesos y espaciados en la mitad superior del borde. En los cultivares variegados el limbo aparece salpicado de motas amarillas o doradas, más o menos abundantes según la selección.

La floración, en primavera, es discreta: pequeñas flores purpúreas en panículas que apenas destacan sobre el follaje. La aucuba es dioica, con pies masculinos y pies femeninos separados, y solo los femeninos producen fruto, que es una drupa roja brillante del tamaño de una aceituna. Para tener fruto hace falta plantar un pie masculino cerca, cosa que los viveros no siempre aclaran.

Una advertencia sobre los frutos

Los frutos rojos de la aucuba no son comestibles y se les atribuyen molestias digestivas si se ingieren. Son llamativos, están a la altura de la mano de un niño y se parecen a otras bayas comestibles, así que conviene tenerlo presente al elegir dónde plantarla y advertir a quien haya en casa.

Dónde plantarla

Sombra parcial o sombra, sin dudarlo. La aucuba es de las pocas plantas de hoja perenne que aguanta la sombra profunda y seca bajo árboles, compitiendo con raíces establecidas, y también la sombra del lado norte de un edificio, donde el sol no llega en todo el invierno.

Lo que no tolera es el sol directo, y menos el del verano español. Las hojas expuestas se queman, aparecen manchas pardas y negras, y el aspecto de la planta se arruina durante toda la temporada. En zonas de verano cálido conviene incluso evitar el sol de la tarde en emplazamientos aparentemente sombreados.

Ahora bien, con demasiada oscuridad el jaspeado pierde intensidad y las manchas amarillas se van difuminando hacia el verde. El equilibrio está en una sombra luminosa: sin sol directo, pero con claridad.

Es resistente al frío, tolera la contaminación urbana y el aire marino, y en España se cultiva en todo el país. En el sur y en el Levante hay que ser especialmente estricto con la exposición y con el riego de verano.

Suelo y riego

No es exigente. Se adapta a suelos ricos o pobres, frescos o secos, ácidos o calizos, con la única condición de que drenen bien. Un aporte de materia orgánica en la plantación y un acolchado sobre la zona de raíces le vienen bien, sobre todo si va a competir con las raíces de un árbol.

El riego es moderado. Una vez arraigada tolera periodos secos con notable aguante, lo que la hace muy útil bajo arbolado, aunque en verano agradece riegos espaciados que mantengan el suelo algo fresco. En maceta, y ahí la tolerancia a la sequía desaparece, hay que regar con regularidad.

Lo que sí le hace daño es el encharcamiento, que le pudre la raíz. En suelo pesado, mejor plantar algo elevada.

Poda

Responde muy bien a la poda y rebrota incluso de madera vieja, lo que permite recuperar ejemplares desmadejados o demasiado grandes. La poda se hace al final del invierno o a comienzos de la primavera, antes de la brotación.

Como las hojas son grandes, conviene cortar rama por rama, en la axila de una hoja o de un par de yemas, en lugar de recortar con tijera de setos: si se corta a media hoja, el limbo se seca por el corte y la planta queda con un aspecto lamentable durante meses.

Si hay pies femeninos con fruto, hay que tener en cuenta que las drupas permanecen mucho tiempo en la planta y que una poda de invierno se las lleva por delante. Se puede retrasar la intervención hasta que hayan caído.

Multiplicación

Es una de las plantas más agradecidas de esquejar. El esqueje semileñoso, tomado a finales de verano o en otoño de brotes del año, con dos o tres pares de hojas y recortando estas a la mitad, enraíza con facilidad en una mezcla ligera de turba y arena, a la sombra y con humedad constante.

Se puede intentar incluso el enraizamiento en un vaso con agua, cambiándola con frecuencia, aunque las raíces así formadas son más frágiles al trasplantar. Multiplicando por esqueje se reproduce fielmente el jaspeado del cultivar y se conserva el sexo de la planta madre, que es lo que interesa si se busca fruto.

Variedades

Entre los cultivares variegados, los más difundidos son los de hoja densamente moteada de amarillo sobre fondo verde oscuro, con manchas pequeñas y numerosas repartidas por todo el limbo, muy eficaces para iluminar un rincón sombrío. Hay selecciones femeninas, que fructifican si tienen un macho cerca, y selecciones masculinas de jaspeado igualmente vistoso.

Existen también formas con una mancha central amarilla amplia y el borde verde, de efecto muy distinto y algo más delicadas, y cultivares de hoja verde uniforme, de porte compacto, pensados para setos bajos de sombra donde el jaspeado resultaría excesivo.

Al comprar conviene preguntar el sexo del ejemplar. Sin esa información, las probabilidades de tener fruto quedan al azar.

Plagas y problemas frecuentes

La plaga habitual es la cochinilla, que se instala en el envés y en las axilas y produce melaza y negrilla, especialmente en plantas muy cerradas y en interiores. Se combate mejorando la ventilación, aclarando la mata y retirándola mecánicamente.

El síntoma más frecuente de todos, sin embargo, son las manchas negras en las hojas, y en la mayoría de los casos no son una enfermedad sino una quemadura de sol o un daño por frío intenso combinado con viento. Las hojas afectadas no se recuperan y se retiran; la solución es cambiar la planta de sitio o darle abrigo.

El amarilleo generalizado con suelo húmedo apunta a exceso de agua o a mal drenaje, y la pérdida de jaspeado, a falta de luz.

Usos en el jardín

Su papel natural es el de arbusto de relleno en zonas de sombra: bajo árboles establecidos, en el lado norte de un muro, en patios interiores, en jardines urbanos estrechos y sombríos. Se asocia bien con helechos, hostas, hortensias, acantos y hiedras, que comparten emplazamiento.

Es también una buena planta de maceta grande para un patio sombrío y una de las plantas de interior más resistentes que existen, capaz de aguantar poca luz, aire seco y riego irregular durante mucho tiempo sin protestar.

Plantada en línea forma un seto informal de hoja perenne en situaciones donde otros setos no salen adelante por falta de luz.

En resumen

La aucuba japonesa variegada es la respuesta a la sombra difícil: hoja perenne, grande y charolada, salpicada de amarillo, que ilumina rincones oscuros donde poco más prospera. Tolera la sombra profunda, la sequía relativa una vez arraigada, la contaminación, el aire marino y el frío, y se poda y se esqueja con facilidad.

Sus dos límites son claros: el sol directo, que le quema las hojas y le deja manchas negras irreversibles, y el encharcamiento, que le pudre las raíces. Para tener frutos rojos hay que plantar un pie masculino junto a uno femenino, y conviene recordar que esas drupas no son comestibles.


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