El madroño (Arbutus unedo) es un arbusto grande o arbolillo de hoja perenne, propio del matorral mediterráneo y presente de forma silvestre en casi toda España, desde Cataluña y el Levante hasta Andalucía, Extremadura, Galicia y la cornisa cantábrica. Pertenece a las ericáceas, la familia de brezos, madroños y rododendros, y es una de las pocas de ese grupo que tolera bien el suelo calizo, lo que amplía muchísimo sus posibilidades de uso.
Su rasgo más llamativo, y el que lo convierte en una planta de jardín de primer orden, es que florece y fructifica a la vez. El fruto tarda un año entero en madurar, de modo que en otoño coinciden en la misma rama los racimos de flores blancas nuevas y los madroños rojos del año anterior. Ningún otro arbusto del matorral peninsular ofrece esa escena en noviembre.
Cómo reconocerlo
Forma una mata densa y redondeada que con los años puede convertirse en un arbolillo de tronco sinuoso, de porte medio, rara vez de gran altura. La corteza es pardo rojiza, fina, y se desprende en tiras y placas dejando ver una madera lisa y clara por debajo; en ejemplares viejos es uno de sus mayores atractivos.
La hoja es perenne, alterna, lanceolada u obovada, coriácea, de un verde oscuro muy brillante por el haz y más pálido por el envés, con el borde claramente aserrado y el peciolo a menudo rojizo. Es una hoja dura, que aguanta el sol y el viento sin quemarse.
La flor es la típica de las ericáceas: una campanita en forma de urna, blanca o crema, a veces con tintes rosados, agrupada en panículas colgantes en el extremo de las ramas. Aparece de octubre a diciembre y es una fuente de néctar muy valorada por las abejas en una época en que apenas queda floración en el campo.
El fruto es una baya globosa, cubierta de pequeñas papilas rugosas, que pasa del verde al amarillo y luego a un rojo anaranjado intenso. Su epíteto latino, unedo, se ha interpretado tradicionalmente como una advertencia sobre lo empalagoso que resulta comer más de uno.
El fruto
El madroño es comestible cuando está completamente maduro, momento en el que se desprende con un simple roce y la pulpa está blanda, harinosa y dulzona. Verde o a medio madurar resulta áspero e insípido. Tradicionalmente se ha usado para mermeladas y para aguardientes, especialmente en Portugal y en el suroeste peninsular.
Conviene tener en cuenta que en el árbol los frutos siguen fermentando ligeramente una vez pasados de punto, así que lo sensato es recogerlos maduros y no sobremaduros, y no comerlos en gran cantidad. Es fruta de picar, no de plato.
Dónde plantarlo
Va bien a pleno sol y también en sombra parcial, y esa flexibilidad es una de sus virtudes. A pleno sol forma matas más compactas y fructifica mejor; a media sombra crece más suelto y con hoja más grande. En el sotobosque de un pinar o bajo la copa ligera de una encina se comporta con naturalidad, que es donde vive en el monte.
Se cultiva en toda España peninsular y en Baleares. Aguanta el calor y la sequía estival una vez arraigado, y también el viento marino, lo que lo hace útil en jardines de costa. Su límite está en las heladas fuertes y prolongadas del interior más frío, donde puede sufrir daños en la hoja y en la brotación.
Es una especie del matorral mediterráneo con capacidad de rebrotar de cepa tras el fuego, gracias a una base leñosa engrosada, y eso mismo explica su facilidad para recuperarse de una poda severa o de un daño por frío.
Suelo y riego
Acepta casi cualquier suelo con tal de que sea suelto, profundo y bien drenado. A diferencia de la mayoría de las ericáceas, no exige un pH ácido y vive sin clorosis en terrenos calizos, aunque en suelos ácidos y sueltos crece con más soltura.
Lo que no tolera es el suelo pesado, compactado y encharcado, donde las raíces se asfixian y aparecen podredumbres. Si el terreno es arcilloso conviene plantar en caballón o mejorar el drenaje antes de plantar.
El riego es moderado y regular durante los primeros años, hasta que la planta arraiga. Después se defiende sola en clima mediterráneo, aunque un riego de apoyo en los meses más secos mejora el desarrollo y la fructificación. Crece despacio, y conviene saberlo: no es una planta para tapar un hueco en dos temporadas.
Poda
Necesita poca poda y lo mejor es dejarle su forma natural, que ya es densa y equilibrada. La intervención habitual se limita a retirar madera seca, ramas cruzadas y algún brote mal orientado.
Si se quiere conducirlo como arbolillo, para lucir la corteza, se eligen uno o varios troncos desde joven y se van levantando las ramas bajas poco a poco a lo largo de varios años. Es un trabajo lento, pero el resultado, un tronco retorcido y rojizo con la copa densa arriba, compensa.
El momento adecuado es el final del invierno, cuando ya se han recogido los frutos y antes de la brotación de primavera. Podar en otoño elimina la floración y los frutos que están madurando, que son los del año anterior.
Multiplicación
Por semilla es la vía más practicable. Se extrae la pulpa de frutos bien maduros, se lava bien la semilla, que es muy pequeña, y se siembra en superficie o apenas cubierta, en sustrato ligero. Un periodo de frío húmedo previo mejora la germinación. Las plantitas son lentas y delicadas los primeros meses.
El esqueje semileñoso de verano funciona, pero con porcentajes bajos y tiempos largos, y suele necesitar hormona de enraizamiento y calor de fondo. Las variedades seleccionadas se multiplican así o por acodo, para mantener sus características.
Plagas y problemas frecuentes
Es un arbusto sano. Puede recibir cochinillas en ramillas y envés, sobre todo en ejemplares muy cerrados o en ambientes poco ventilados, y algún pulgón en la brotación tierna, sin mayor importancia.
El problema serio son las podredumbres de raíz en suelos mal drenados, que provocan un decaimiento general, hojas mates y muerte de ramas desde la punta. No tienen solución una vez avanzadas, así que todo se juega en la elección del sitio y en la preparación del hoyo de plantación.
Usos en el jardín
Es una de las mejores especies para jardín mediterráneo de bajo mantenimiento. Funciona como ejemplar aislado, en grupo, como fondo perenne de un macizo y, plantado en línea, como seto informal denso que no necesita recorte. Combina con lentiscos, coscojas, durillos, mirtos y jaras, con los que comparte exigencias.
Tiene además un valor ecológico alto: sus flores alimentan a las abejas en pleno otoño y sus frutos, a mirlos, zorzales y otros pájaros durante el invierno. En jardines naturalizados y en setos mixtos es una pieza fundamental.
Aguanta bien la maceta grande durante años, gracias a su crecimiento lento, lo que lo hace viable en patios y terrazas.
En resumen
El madroño es un arbusto perenne autóctono que da hoja lustrosa todo el año, corteza rojiza que se desprende en tiras, campanillas blancas en otoño y frutos rojos comestibles que maduran a la vez que llega la floración siguiente. Vive a pleno sol o a media sombra, tolera el calor, la sequía una vez arraigado y, cosa rara en su familia, el suelo calizo.
Sus dos condiciones son un suelo que drene bien y paciencia, porque crece despacio. A cambio no necesita casi poda, apenas tiene plagas, aguanta el viento marino, sirve de seto informal y alimenta abejas en noviembre y pájaros en enero. Pocas plantas dan tanto por tan poco en un jardín mediterráneo.