Temperatura alta
Sol directo o mucha luz
Sustrato humífero pero arenoso
Riego regular (nulo en invierno)
Hoja perenne
Flor: verano

El aloe vera es una planta suculenta que forma rosetas de hojas gruesas, carnosas y dentadas, sin tronco visible o con un tallo muy corto. Su nombre botánico aceptado es Aloe vera, y Aloe barbadensis Miller, con el que se comercializa a menudo, es un sinónimo de la misma especie. Pertenece a las asfodeláceas, no a los cactus, aunque comparta con ellos la estrategia de almacenar agua.

Es una de las plantas cultivadas más antiguas y también una de las más fáciles de matar, por una razón concreta: casi todo el mundo la riega de más. Está adaptada a climas áridos y cálidos, probablemente de la península arábiga, y en España se cultiva sin problemas al aire libre en Canarias, en el litoral mediterráneo y en el sur, mientras que en el resto del país es planta de maceta con refugio invernal.

Cómo reconocerlo

Forma una roseta densa de hojas erguidas o algo abiertas, lanceoladas, muy gruesas y triangulares en sección, de un verde grisáceo que se vuelve más azulado a pleno sol. El borde lleva unos dientes blanquecinos y relativamente blandos, espaciados, que no pinchan como una espina verdadera. Las plantas jóvenes suelen mostrar manchas blancas en la hoja que se pierden con la edad.

Al cortar una hoja aparecen dos cosas distintas. Justo bajo la piel exuda un líquido amarillo, el acíbar, de olor fuerte y sabor amarguísimo. En el centro está el gel transparente y mucilaginoso que ocupa la mayor parte del interior. No son lo mismo, y conviene saberlo.

Cuando la planta llega a adulta emite en verano un tallo floral alto, sin hojas, rematado en un racimo de flores tubulares colgantes de color amarillo. Es una floración vistosa que en ejemplares de maceta no siempre llega a producirse.

Se confunde a menudo con el agave, con el que no tiene parentesco. El agave tiene hojas mucho más rígidas y fibrosas, que no se cortan como mantequilla, y termina cada hoja en una espina dura y punzante. El aloe tiene hojas quebradizas y jugosas y solo dientes blandos en el margen.

Una advertencia sobre el acíbar

El líquido amarillo que sale al cortar la hoja es fuertemente purgante e irritante. No es el gel transparente y no debe manipularse a la ligera ni ingerirse. Esta ficha trata el cultivo de la planta y no entra en usos medicinales ni alimentarios, que están sujetos a normativa específica y no son cuestión de jardinería.

Al cortar hojas conviene lavarse después las manos y evitar tocarse los ojos. Con mascotas en casa, mejor mantener la planta fuera de su alcance.

Dónde cultivarlo

Quiere sol directo o muchísima luz. En interior, la única posición que funciona es junto a la ventana más luminosa de la casa. Con poca luz la roseta se abre, las hojas se alargan y se vuelven delgadas y de un verde pálido, y la planta pierde por completo su forma compacta.

Al pasarla de interior al exterior en primavera hay que hacerlo de forma gradual. El sol pleno de golpe le produce quemaduras, manchas pardas y secas que no se recuperan. Una o dos semanas a media sombra antes de exponerla resuelven el problema.

No es resistente al frío. Las heladas ligeras le dañan las hojas y las fuertes matan la planta. En zonas de interior se cultiva en maceta y se resguarda de octubre a abril en un lugar fresco, muy luminoso y seco: un porche cerrado, una galería o una habitación fría son mejores que el salón con calefacción.

Sustrato y riego

El sustrato debe ser humífero pero muy arenoso, es decir con algo de materia orgánica y mucha capacidad de drenaje. Una mezcla que funciona bien es sustrato para cactáceas con un añadido de arena gruesa o de picón. En maceta, mejor ancha y poco profunda que estrecha y honda, porque las raíces del aloe son superficiales y extendidas.

La maceta debe tener agujeros de drenaje. Sin excepciones. Y el plato se vacía siempre después de regar.

El riego es el punto crítico. Durante el crecimiento, en primavera y verano, se riega en abundancia pero solo cuando el sustrato esté completamente seco, empapando y dejando escurrir. En invierno se suspende prácticamente del todo: con frío y poca luz la planta no consume agua y cada riego es una invitación a la podredumbre.

La combinación de sustrato húmedo y temperatura baja es lo que mata a la mayoría de los aloes de maceta. Se manifiesta con hojas blandas, translúcidas y un cuello del tallo pardo y esponjoso, y cuando se ve ya no tiene arreglo.

Multiplicación

Es de las plantas más fáciles de multiplicar. La roseta madre emite hijuelos alrededor de la base, que salen con raíces propias. Se separan en primavera o principios de verano, tirando con cuidado o cortando con un cuchillo limpio, se dejan secar la herida uno o dos días a la sombra y se plantan en sustrato arenoso.

Después del trasplante conviene no regar durante una semana, para que las heridas cicatricen. Regar de inmediato es la forma más rápida de perder el hijuelo por podredumbre.

Separar los hijuelos periódicamente tiene además una ventaja para la planta madre: sin ellos alrededor, engorda las hojas y mantiene mejor la forma de roseta.

Plagas y problemas frecuentes

La cochinilla algodonosa se instala en la base de las hojas y entre ellas, donde forma masas blancas algodonosas difíciles de ver hasta que la colonia es grande. Se retira mecánicamente y se revisan también las raíces al trasplantar, porque existe una forma que ataca el sistema radicular.

Existe además un ácaro específico del aloe que provoca deformaciones tumorales en el borde de las hojas y en el tallo floral, con aspecto de excrecencias verrugosas y desordenadas. Es difícil de tratar y lo más práctico es eliminar las partes afectadas y, en casos graves, la planta entera, para que no contagie a otras.

El resto de problemas son de cultivo. Las hojas alargadas y pálidas indican falta de luz; las manchas pardas y secas, una quemadura por exponerla al sol demasiado rápido; las puntas secas y rojizas, sed prolongada o frío; y las hojas blandas y amarillentas, exceso de agua.

Usos en el jardín

Al aire libre, en zonas sin heladas, es una planta excelente para rocallas y jardines de bajo consumo de agua, donde forma con el tiempo manchas amplias por multiplicación de los hijuelos. Aguanta el viento marino y el suelo pobre y pedregoso, lo que la hace muy adecuada en jardines de costa.

En maceta funciona igual de bien en un alféizar soleado, en una terraza y en composiciones con otras suculentas que compartan las mismas necesidades: sol, sustrato drenante y muy poco riego. Combina bien con crasas de porte bajo y con gravas claras, que reflejan luz y mantienen seco el cuello de la planta.

En resumen

El aloe vera es una suculenta de roseta, de hoja gruesa y dentada, que pide sol o mucha luz, un sustrato arenoso que drene de verdad y riegos espaciados dejando secar entre uno y otro. En invierno hay que dejar de regar y, fuera de Canarias, del litoral mediterráneo y del sur, cultivarlo en maceta y resguardarlo del frío.

Se multiplica solo, separando los hijuelos que emite alrededor de la base, y da pocos problemas más allá de la cochinilla algodonosa y del ácaro que le deforma las hojas. Su verdadero enemigo es el exceso de agua, especialmente combinado con frío. Y conviene recordar que el líquido amarillo que exuda la hoja al cortarla es irritante y purgante, y no debe manejarse a la ligera.


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