Temperatura alta y media
Ambiente luminoso sin sol directo
Suelo fértil, drenado, húmedo
Riego regular
Hoja perenne
Flor: verano-otoño
Semillas minúsculas

Las acalifas de flor son plantas de la familia de las euforbiáceas cultivadas por unas inflorescencias muy peculiares: espigas colgantes, densamente cubiertas de estigmas rojos, que parecen cordones de felpa. De ahí sus nombres populares, rabo de gato o cola de gato, y el de planta chenille con que se conocen en el mundo anglosajón.

Bajo esa idea se venden en realidad dos plantas muy distintas. Acalypha hispida es un arbusto grande, de origen tropical asiático, con espigas rojas que pueden colgar más de un palmo y que se cultiva como ejemplar de maceta. Acalypha pendula y Acalypha reptans, nombres que el comercio usa a menudo para la misma planta, son formas rastreras y de espiga corta, mucho más pequeñas, pensadas para cesta colgante y para tapizar.

Cómo reconocerlas

Acalypha hispida forma un arbusto erguido y ramificado, de hoja perenne, con hojas grandes, ovadas y acuminadas, de borde dentado, verde medio y superficie algo áspera y con nervadura marcada. La planta es dioica, es decir que hay pies masculinos y femeninos, y en el comercio solo se venden pies femeninos, porque son los únicos que producen la espiga vistosa. Esas espigas nacen en las axilas de las hojas, cuelgan, y su color va del rojo carmín al granate.

Las formas rastreras tienen hojas mucho menores, redondeadas y dentadas, y tallos que se extienden por el suelo o caen por el borde de la maceta, enraizando en los nudos cuando tocan tierra. Sus espigas son cortas, de dos a cinco centímetros, erguidas o algo curvadas, de un rojo intenso, y se producen de manera continuada mientras el calor acompaña.

La distinción entre A. pendula y A. reptans es confusa incluso en la literatura botánica, y muchos autores las consideran la misma especie. A efectos de cultivo, da lo mismo: se tratan igual.

Una advertencia previa

Pertenecen a las euforbiáceas, una familia en la que abundan las especies de savia irritante. Conviene manipularlas con guantes al podar y al esquejar, lavarse las manos después y evitar tocarse los ojos. No son plantas para dejar al alcance de niños pequeños ni de mascotas que muerdan hojas o inflorescencias, y ninguna parte de la planta tiene uso alimentario.

Dónde cultivarlas

Son plantas de clima tropical y ese dato lo condiciona todo. Necesitan calor y humedad ambiental, y no toleran las heladas. Al aire libre y todo el año solo se cultivan sin precauciones en Canarias y en enclaves costeros del sur y del Levante libres de heladas. En el resto de España son plantas de interior luminoso, de invernadero o de terraza en verano con refugio en invierno.

La luz debe ser abundante pero indirecta. El sol directo del mediodía, sobre todo a través de un cristal, quema las hojas y decolora las espigas. Un lugar muy claro cerca de una ventana orientada al este, o filtrado por un visillo, es lo ideal. Con poca luz la planta se alarga, deja de florecer y pierde las hojas de abajo.

El enemigo doméstico es el aire seco de la calefacción. En invierno, dentro de casa, conviene alejarlas de los radiadores, agruparlas con otras plantas y colocarlas sobre una bandeja con grava húmeda, cuidando que la maceta no toque el agua.

Sustrato y riego

El sustrato debe ser fértil, con materia orgánica, húmedo pero drenante. Una mezcla de sustrato universal de calidad con perlita o arena gruesa, en proporción de tres a uno, funciona bien. La maceta tiene que drenar sin discusión y el plato se vacía siempre después de regar.

El riego es regular y frecuente durante el crecimiento. El sustrato debe mantenerse fresco de manera constante, sin llegar nunca a secarse por completo y sin quedar empapado. En invierno, con menos luz y menos calor, se reduce bastante, pero no se suspende como se haría con una crasa.

Agradecen pulverizaciones de agua sobre el follaje cuando el ambiente es seco, evitando mojar las espigas en flor. Mejor con agua de lluvia o descalcificada, porque la cal deja marcas blancas en la hoja.

Abonado

Florecen mucho y durante meses, y en maceta consumen deprisa las reservas del sustrato. Necesitan abono líquido para plantas de flor cada dos semanas durante la primavera y el verano, y suspensión o reducción fuerte en invierno.

Un trasplante anual o bienal a comienzos de primavera, con sustrato nuevo y maceta ligeramente mayor, mantiene el vigor mucho mejor que insistir con el abono en una maceta agotada.

Poda

Acalypha hispida tiene un defecto conocido: con los años se hace alta y desnuda por la base, con toda la hoja concentrada en las puntas. La solución es una poda de renovación al final del invierno o a comienzos de primavera, antes de que arranque el crecimiento, rebajando los tallos con decisión. Rebrota bien y recupera densidad en una temporada.

Durante el crecimiento, los despuntes de las puntas de los brotes favorecen la ramificación y, con ella, el número de espigas. Las inflorescencias marchitas se retiran para que la planta no gaste en semilla.

Las formas rastreras se recortan sin miramientos cuando los tallos se alargan demasiado o se quedan pelados por dentro, y responden emitiendo brotes nuevos desde la base.

Multiplicación

El esqueje de tallo es la vía habitual. Se toman brotes del año en primavera o principios de verano, de unos diez centímetros, se recorta la hoja grande a la mitad para reducir la transpiración, se aplica hormona de enraizamiento y se plantan en mezcla ligera. Lo que marca la diferencia es el calor de fondo: enraízan mucho mejor con el sustrato templado y con la humedad ambiental alta, cubriendo la bandeja con plástico o campana.

Las formas rastreras se multiplican todavía más fácil, porque enraízan solas en los nudos. Basta con separar un trozo de tallo que ya tenga raíces y plantarlo. La semilla es minúscula y no es una vía práctica en casa.

Plagas y problemas frecuentes

La araña roja es el problema número uno en interior con aire seco: punteado pálido en las hojas, envés grisáceo y telarañas finísimas. La mosca blanca se refugia en el envés y levanta el vuelo al mover la planta. Las cochinillas, incluida la algodonosa, se esconden en las axilas y en el reverso de los nervios, y el pulgón aparece en la brotación tierna.

Los problemas de cultivo, sin embargo, son más frecuentes que las plagas. La caída de hojas suele deberse a un golpe de frío, a una corriente de aire o a un cambio brusco de sitio. Las puntas y bordes secos indican aire demasiado seco o agua con exceso de cal. El amarilleo generalizado con sustrato empapado es exceso de riego. Y la falta de floración casi siempre se resume en dos palabras: poca luz.

Usos

Acalypha hispida se cultiva como ejemplar en maceta, sola, en un interior luminoso o en un porche protegido, donde las espigas colgantes lucen mejor si la planta está algo elevada. En jardines sin heladas se puede plantar en suelo, en un rincón resguardado y a media sombra, formando un arbusto de buen tamaño.

Las formas rastreras son excelentes para cesta colgante, para el borde de una jardinera y, en clima cálido, como tapizante de sombra ligera bajo arbustos altos, donde cubren el suelo con rapidez y salpican el verde de espigas rojas durante meses.

En resumen

Las acalifas de flor dan una inflorescencia inconfundible, en forma de cordón rojo felpudo, durante el verano y el otoño. La grande, Acalypha hispida, es un arbusto de maceta; las rastreras que se venden como A. pendula o A. reptans son tapizantes de cesta colgante. Todas piden calor, humedad ambiental, luz abundante sin sol directo, sustrato fértil y drenante, y riego regular sin encharcar.

Fuera de Canarias y de los enclaves costeros sin heladas hay que tratarlas como plantas de interior o de invernadero. Sus dos claves son mantener la humedad del aire lejos de la calefacción, para evitar la araña roja, y podarlas con decisión al final del invierno para que no se queden desnudas por abajo. Al manipularlas conviene usar guantes, por tratarse de euforbiáceas.


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