Abelia floribunda es la abelia de flor grande y rosa fuerte, la excepción dentro de un género en el que casi todas las especies dan florecillas blancas o rosa pálido. Sus flores son tubos colgantes de tres o cuatro centímetros, de un rosa magenta encendido, que cuelgan a lo largo de ramas arqueadas durante el verano y buena parte del otoño. Nada más verla en flor se distingue de la abelia común de jardín.
Es un arbusto de hoja perenne o semiperenne, según lo duro que sea el invierno, y a diferencia del resto de las abelias no procede de Asia sino de México, de donde llegó a Europa a mediados del siglo XIX. Esa procedencia explica su punto flaco: es más sensible al frío que las abelias híbridas que se plantan por millares en parques españoles, y necesita un emplazamiento pensado.
Cómo reconocerla
Forma una mata de porte medio, redondeada y algo desmadejada, con ramas largas y arqueadas que se vencen bajo el peso de la floración. Los brotes jóvenes tienen un tono rojizo que contrasta con el follaje y que se aprecia bien en primavera.
La hoja es pequeña, ovada, opuesta, de un verde oscuro brillante y textura algo coriácea, con el borde entero o levemente dentado. Es perenne en clima suave y semiperenne allí donde el invierno aprieta, con una defoliación parcial que la planta recupera en primavera.
La flor es lo que la define: un tubo estrecho y alargado, colgante, de color rosa intenso a magenta, solitario o en grupos pequeños en el extremo de las ramillas. Es mucho mayor que la de cualquier otra abelia de jardín y atrae abejas y mariposas sin descanso. Tras la caída de la corola quedan los sépalos, que persisten un tiempo y siguen dando color a la mata.
Abelia floribunda y abelia común
Conviene no confundirla con la abelia de jardín por excelencia, Abelia × grandiflora, un híbrido de origen asiático que se planta masivamente en setos, medianas y rotondas. Aquella tiene flores mucho más pequeñas, blanquecinas o rosa muy pálido, y sépalos rojizos que la adornan hasta el invierno; es más rústica al frío y más tolerante con el descuido.
Abelia floribunda ofrece a cambio un color que la híbrida no tiene, y una floración de tubos largos y colgantes muy vistosa de cerca. Si el criterio es resistencia y seto uniforme, la elección es la híbrida. Si el criterio es la flor, es esta.
Dónde plantarla
Pleno sol. A la sombra pierde compacidad, se alarga y florece la mitad. Necesita además calor de verano para dar el máximo, con lo que su zona natural en España es el litoral mediterráneo, el sur peninsular, las zonas costeras del suroeste y Canarias, donde se comporta como un arbusto perenne sin más cuidados.
En el interior y en la mitad norte hay que buscarle abrigo: un rincón resguardado, a pie de un muro orientado al sur que acumule calor durante el día y le proteja del viento frío de la noche. Ahí puede pasar el invierno con una defoliación parcial y rebrotar en primavera. En zonas de heladas fuertes y prolongadas no es la planta adecuada, o hay que cultivarla en maceta y refugiarla.
Agradece la protección del viento, que le desordena las ramas arqueadas y le seca el follaje.
Suelo y riego
Pide suelo rico y bien drenado, con materia orgánica y sin tendencia a compactarse. Se comporta mejor en tierras neutras o ligeramente ácidas; en suelos muy calizos puede mostrar cierta clorosis, que se corrige con aportes de materia orgánica y, si hace falta, de quelato de hierro.
El riego es moderado y regular. No es una planta de secano: durante el verano, y especialmente mientras está en flor, necesita que el suelo no llegue a secarse del todo, porque la floración se resiente en cuanto pasa sed. Al mismo tiempo, el encharcamiento le pudre las raíces, así que la clave está en regar bien y espaciado en lugar de poco y a diario.
Un acolchado orgánico al pie mantiene la humedad, protege el cuello del frío en invierno y reduce el número de riegos en agosto.
Poda
Es una planta de ramas arqueadas y su gracia está precisamente en ese porte, así que las podas de recorte en bola la estropean. Lo correcto es una poda de aclareo: eliminar cada año algunas de las ramas más viejas cortándolas a ras de la base, para que la mata se renueve desde abajo y mantenga ramas jóvenes, que son las que mejor florecen.
El momento se decide en función del clima. Lo más seguro es intervenir al terminar la floración principal, dejándole tiempo para emitir y madurar la brotación antes del frío. En zonas donde el invierno le queme parte de las ramas, se espera al final del invierno para ver qué madera ha sobrevivido y se limpia entonces lo seco.
Tras un invierno duro puede rebrotar desde la base aunque haya perdido toda la parte aérea, siempre que las raíces no se hayan helado. Conviene no darla por muerta antes de mayo.
Multiplicación
La vía práctica es el esqueje semileñoso, tomado en verano o a comienzos del otoño de brotes del año ya algo endurecidos. Se cortan trozos de unos diez centímetros, se les quitan las hojas de la mitad inferior, se aplica hormona de enraizamiento y se plantan en una mezcla ligera de turba y arena, en ambiente húmedo y a la sombra.
También funciona el acodo aprovechando las ramas arqueadas: se dobla una hasta el suelo, se entierra un tramo sujetándolo con una piedra o un alambre y se separa cuando haya emitido raíces, normalmente al año siguiente. Es la forma más segura para quien no tenga instalación de propagación.
Plagas y problemas frecuentes
Es un arbusto sano y con pocos enemigos. El pulgón puede acumularse en la brotación de primavera, sin más consecuencias que una deformación pasajera de los brotes tiernos. Las cochinillas aparecen en matas viejas y muy cerradas, y son un aviso de que hace falta aclarar el interior para que entre luz y aire.
Los problemas serios rara vez son de plaga. El más común es la asfixia radicular en suelo pesado y mal drenado, que se manifiesta con hojas amarillas, marchitez pese al riego y muerte de ramas. El segundo es el daño por frío, que se ve en marzo con ramas secas de la punta hacia abajo.
Usos en el jardín
Funciona muy bien como arbusto suelto en un macizo mixto, donde sus ramas arqueadas necesitan sitio para expresarse. Combina con plantas de floración estival de la misma exigencia de sol y agua moderada: lantanas, salvias arbustivas, plumbago, agapantos.
Es también una buena planta para maceta grande en terraza soleada, con la ventaja añadida de poder resguardarla en invierno si el clima lo pide. Y por su valor para los polinizadores merece un sitio cerca de una zona de estar, donde se pueda ver de cerca el trasiego de abejas y mariposas durante el verano.
No es planta de seto recortado. Para eso está la abelia híbrida.
En resumen
La Abelia floribunda aporta lo que ninguna otra abelia: flores tubulares grandes, colgantes y de un rosa intenso, durante todo el verano y hasta el otoño, sobre una mata de hoja perenne y brillante. Pide sol pleno, suelo rico y con drenaje, riego moderado pero constante en verano y algo de calor.
Su límite es el frío. En el litoral mediterráneo, en el sur y en Canarias se cultiva sin precauciones; en el interior necesita un rincón abrigado a pie de muro o directamente maceta y refugio invernal. Se poda por aclareo tras la floración, respetando el porte arqueado, y se multiplica sin dificultad por esqueje semileñoso o por acodo de una rama tumbada.