El calamondín es el pequeño cítrico de maceta que se vende cargado de naranjitas del tamaño de una nuez. Su nombre botánico ha ido cambiando: primero Citrus mitis, luego × Citrofortunella mitis y × Citrofortunella microcarpa, y hoy muchos autores lo tratan directamente como Citrus × microcarpa. Todos esos nombres designan la misma planta, un híbrido entre un mandarino y un kumquat originario del sudeste asiático, donde es un ingrediente de cocina de primer orden, sobre todo en Filipinas.
Lo que lo distingue del resto de cítricos ornamentales es que florece y fructifica casi sin parar. En la misma planta coinciden flores blancas perfumadas, frutos verdes y frutos naranjas maduros, y estos últimos aguantan meses en la rama sin caerse. A eso se suma un tamaño contenido, que lo hace manejable en terraza y en patio, y una tolerancia al frío algo mayor que la de un limonero o un naranjo.
Cómo reconocerlo
Forma un arbolito o arbusto denso y muy ramificado, de porte redondeado y crecimiento lento, que en maceta se queda en poco más de un metro o metro y medio y en suelo, en clima favorable, alcanza dos o tres metros. Las ramas son finas, sin espinas o con espinas muy pequeñas, mucho menos armadas que las de un limonero.
La hoja es perenne, pequeña, ovalada, de un verde oscuro brillante y con el peciolo estrecho, sin el ala ancha que caracteriza al pomelo o a la naranja amarga. Estrujada desprende el aroma cítrico inconfundible del género.
La flor es blanca, pequeña, de cinco pétalos, muy perfumada, y aparece en tandas repetidas a lo largo de buena parte del año. El fruto es una naranjita de piel fina, muy fácil de desprender, de pulpa jugosa y extremadamente ácida, con pocas semillas. La piel, en cambio, es dulce y aromática. Es comestible y se usa en cocina exprimido, como se usaría un limón, o en mermeladas, pero nadie lo come a gajos.
Dónde plantarlo
Quiere pleno sol. Es el error más frecuente con esta planta: se compra como planta de interior, se pone en un rincón del salón y a los pocos meses pierde hoja, no vuelve a florecer y se llena de araña roja. Puede pasar el invierno dentro de casa en zonas frías, pero necesita la ventana más luminosa que haya y volver a la calle en cuanto pase el riesgo de heladas.
Al aire libre y en suelo se cultiva sin problemas en el litoral mediterráneo y en el sur peninsular, así como en Canarias, donde el invierno no le castiga. Del Levante hacia el interior y en la mitad norte hay que cultivarlo en maceta y refugiarlo en invierno, en un porche cerrado, un invernadero frío o una habitación fresca y clara.
Agradece protección frente al viento seco y frente a las corrientes de aire frío. En terraza, una pared orientada al sur le proporciona calor acumulado que agradece mucho en los meses fríos.
Sustrato y riego
El sustrato debe ser ligero, fresco y de fertilidad media, con muy buen drenaje. En maceta funcionan bien las mezclas específicas para cítricos, o un sustrato universal aligerado con perlita o arena gruesa. Lo que hay que evitar a toda costa es un sustrato que se apelmace y retenga agua en el fondo.
El riego es moderado y constante. Se riega cuando los primeros centímetros del sustrato están secos, empapando bien hasta que salga agua por los agujeros de drenaje, y se vacía el plato. El plato con agua permanente mata más calamondines que el frío: provoca asfixia radicular, la hoja amarillea y cae, y el fruto se desprende sin madurar. En verano en terraza puede necesitar riego diario; en invierno, muy espaciado.
Con agua de grifo dura, muy común en España, aparece antes o después la clorosis férrica: hojas nuevas amarillas con los nervios marcados en verde. Se corrige aportando quelato de hierro y, a más largo plazo, renovando el sustrato y usando agua de lluvia o agua decantada siempre que se pueda.
Abonado
Es una planta que produce flor y fruto casi todo el año, y en maceta agota el sustrato deprisa. Necesita abono específico para cítricos, rico en nitrógeno y con micronutrientes, aplicado de forma regular durante el periodo de crecimiento, de primavera a principios de otoño. En invierno se suspende o se reduce mucho.
Un trasplante cada dos o tres años, subiendo poco de tamaño de maceta y renovando el sustrato, hace más por la planta que cualquier tratamiento.
Poda
No necesita poda estructural. Se limita a despuntar para mantener la forma redondeada, retirar las ramas secas o que se cruzan y aclarar el interior si la mata se cierra demasiado y deja de entrar luz.
El mejor momento es el final del invierno o justo después de una tanda de recolección. Como florece de forma escalonada, cualquier poda se lleva por delante algo de flor o de fruto, así que conviene ser breve. Los frutos maduros pueden dejarse en la rama como adorno, pero si se quiere estimular una nueva floración conviene retirarlos, porque el fruto en planta consume recursos.
Tolera bien el trabajo de forma, hasta el punto de ser una especie muy usada en bonsái de interior luminoso.
Plagas y problemas frecuentes
La araña roja es la plaga estrella en interiores con calefacción y aire seco. Produce un punteado fino y pálido en la hoja, que acaba grisácea, y telarañas muy finas en el envés. La prevención más eficaz es aumentar la humedad ambiental y sacar la planta al exterior.
Las cochinillas, tanto las de escudo como la algodonosa, se instalan en el envés, en las axilas y en el pedúnculo del fruto; segregan melaza sobre la que crece la negrilla, ese hollín negro que ennegrece las hojas. El pulgón ataca la brotación tierna y deforma las hojas nuevas, y la mosca blanca se refugia en el envés.
El otro gran capítulo son los problemas de manejo, que suelen confundirse con enfermedades: caída de hoja por falta de luz, amarilleo generalizado por exceso de riego, clorosis por agua caliza, caída de frutos jóvenes por sequía o por corriente de aire frío. Antes de tratar conviene revisar riego, luz y sustrato.
Un apunte para quien tenga animales en casa: los aceites esenciales de la piel de los cítricos pueden provocar molestias digestivas a perros y gatos si los mordisquean, así que conviene no dejar los frutos caídos a su alcance.
Multiplicación
Las plantas de vivero se producen injertadas sobre patrones de cítrico seleccionados por su resistencia a suelos difíciles y a enfermedades de raíz. Es la vía profesional y la que da plantas más fiables.
En casa funciona el esqueje semileñoso tomado en verano, de un brote del año ya algo endurecido, con hormona de enraizamiento, en sustrato ligero y con humedad ambiental alta. El acodo aéreo también da resultado. La siembra de semilla germina bien pero da plantas muy lentas y de comportamiento variable, y tarda años en florecer.
En resumen
El calamondín es un cítrico híbrido de tamaño pequeño que florece y fructifica prácticamente todo el año, con flores blancas perfumadas y naranjitas de piel fina que aguantan meses en la rama. Es comestible, muy ácido, y se usa exprimido o en mermelada, no en fresco. En el litoral mediterráneo y en Canarias vive al aire libre; en el resto del país se cultiva en maceta y se resguarda en invierno.
Sus tres claves son luz, drenaje y agua. Necesita el máximo sol posible, un sustrato ligero que no se encharque nunca y agua poco caliza, con aporte de hierro si aparece la clorosis. Cumplidas esas condiciones, y con abonado específico durante el crecimiento, es una planta agradecida y de larga vida. Tratado como planta de salón, en cambio, se apaga en una temporada.