'Casque Rouge' es la robinia de flor rosa, un cultivar del grupo de la falsa acacia (Robinia pseudoacacia) que se planta por una sola razón, muy buena: florece en abril y mayo con racimos colgantes de color rosa malva, en un momento del año y con un color que casi ningún otro árbol de porte medio ofrece. Se comercializa injertada sobre pie de falsa acacia, casi siempre a una altura fija, de modo que llega al jardín ya con la copa formada.
El género pertenece a las leguminosas y procede del este de Norteamérica. Eso explica dos rasgos que condicionan todo lo demás: fija nitrógeno y por tanto se conforma con suelos pobres donde otros árboles no arrancan, y rebrota de raíz con enorme facilidad, lo que en el jardín equivocado se convierte en un problema difícil de deshacer.
Cómo reconocerla
Es un árbol caducifolio de porte medio, de copa abierta e irregular y ramas quebradizas. La hoja es compuesta, imparipinnada, con numerosos foliolos ovales de color verde claro y algo glauco por el envés; en la base de cada hoja, en el ramillo, la especie lleva un par de espinas cortas y duras que son restos de las estípulas, muy características al tacto en la madera joven.
La corteza del tronco adulto es gruesa, de un pardo grisáceo, y se agrieta en surcos profundos que se entrecruzan formando un dibujo reticulado inconfundible. La brotación es tardía, más que la de casi todos los caducifolios del jardín, y en la hoja se aprecia el movimiento de los foliolos, que se pliegan por la noche.
La flor es lo que separa a 'Casque Rouge' de la especie común. En lugar de racimos blancos, produce racimos de flores rosadas de tipo papilionado, colgantes, agrupados a lo largo de las ramas del año anterior, con un perfume suave y menos intenso que el de la robinia blanca. Tras la floración aparecen legumbres aplanadas, pardas al madurar, que quedan un tiempo en la rama.
Un aviso antes de plantarla
Robinia pseudoacacia es una de las especies leñosas exóticas con mayor capacidad de naturalizarse en Europa. Coloniza márgenes de carreteras, riberas alteradas, cortafuegos y terrenos removidos, y una vez instalada resulta muy difícil de erradicar, porque cada trozo de raíz que queda en el suelo emite un brote nuevo. Su condición de planta invasora está reconocida a nivel europeo y también en distintas comunidades autónomas españolas, con normativa y campañas de control propias.
Antes de plantarla conviene consultar la normativa vigente en la comunidad autónoma y, en cualquier caso, no llevarla nunca a las cercanías de un río, un arroyo, un lindero de monte o cualquier espacio natural. En un jardín urbano cerrado y con pavimento alrededor el riesgo es mucho menor, pero el criterio de prudencia sigue valiendo.
Hay además una advertencia de toxicidad que no se puede pasar por alto. La corteza, las hojas y las semillas de la robinia son tóxicas por ingestión, tanto para las personas como para el ganado, y los caballos son especialmente sensibles. No es un árbol para plantar en un cercado con animales ni donde niños pequeños puedan roer la corteza o abrir las vainas. Las flores no se recolectan para cocinar salvo que se tenga certeza absoluta de lo que se hace.
Dónde plantarla
Pleno sol y espacio. A la sombra se ahíla, florece mal y las ramas se alargan hasta romperse. Es resistente al frío, tolera el calor y la sequía estival una vez arraigada, y se comporta bien en casi toda España, incluidos interiores con inviernos duros.
Lo que sí exige es reparo del viento. La madera de robinia es muy dura y duradera una vez cortada, pero en el árbol vivo las ramas son frágiles y se desgajan en los temporales, sobre todo cuando la copa está cargada de hoja. Un emplazamiento expuesto a viento fuerte le pasará factura cada pocos años.
No conviene plantarla junto a un césped fino, un macizo cuidado o un pavimento delicado. Cualquier herida en las raíces, y una labor de azada la produce, dispara la emisión de brotes que aparecen a varios metros del tronco.
Suelo y riego
Prefiere suelo pobre, suelto y bien drenado, y ahí es donde mejor se comporta y donde menos se dispara en crecimiento. En terrenos fértiles y regados crece demasiado deprisa, produce madera blanda y aumenta el número de brotes de raíz. Es indiferente al pH y tolera bien la caliza.
El riego debe ser escaso. Se acompaña los dos primeros veranos para que arraigue y a partir de ahí se deja prácticamente sola. Abonar no tiene sentido: al fijar nitrógeno se fabrica su propio abono, y añadir más solo agrava los defectos.
Lo único que no soporta es el suelo encharcado, donde las raíces se asfixian y el árbol declina con rapidez.
Poda y control de los brotes
Al estar injertada, 'Casque Rouge' requiere una vigilancia constante del punto de injerto. Todo lo que brote por debajo de él, en el tronco o desde el suelo, pertenece al patrón, es decir a la falsa acacia común de flor blanca, y si se deja acaba dominando y sustituyendo a la variedad rosa. Esos brotes se eliminan en cuanto se ven, arrancándolos en verde mejor que cortándolos.
La poda de copa se hace en reposo invernal y con moderación. La robinia responde a los cortes con brotación vigorosa y desordenada, así que las podas drásticas empeoran la estructura en lugar de arreglarla. Basta con retirar la madera seca, las ramas cruzadas y las que hayan quedado mal insertadas tras un desgaje.
Los brotes de raíz que aparezcan lejos del tronco se cortan a ras o se arrancan. Segar por encima de ellos no los elimina, solo los multiplica.
Plagas y problemas frecuentes
La robinia sufre en Europa varios minadores específicos de la hoja, insectos llegados desde su área de origen que dibujan galerías y manchas pardas en el limbo desde mediados de verano. El aspecto empeora bastante en agosto y septiembre, pero el árbol no corre peligro y no justifica tratamientos.
Aparecen también agallas y enrollamientos del borde de la hoja provocados por pequeños dípteros, con el mismo criterio: son antiestéticos y poco más. El problema real, y el que de verdad limita la vida del árbol en el jardín, sigue siendo la fragilidad mecánica de las ramas y las heridas que dejan al romperse, por las que entran pudriciones de madera.
Usos en el jardín
Es un árbol de floración, y se planta como ejemplar aislado en un césped o en una zona de grava donde se pueda ver el racimo colgante desde cierta distancia. Funciona bien en jardines de suelo pobre, en taludes secos y en terrenos removidos donde hace falta cubierta rápida y hay poco que perder.
Combina con arbustos de floración blanca o azul de la misma época, que refuerzan el rosa sin competir con él. No es planta de alineación estrecha ni de alcorque pequeño, porque la copa es irregular y las raíces superficiales dan problemas al pavimento.
En resumen
'Casque Rouge' ofrece una floración rosa en abril y mayo difícil de igualar en un árbol de porte medio, y lo hace en las condiciones más ingratas: suelo pobre, poco riego, calor de verano y caliza. Pide sol, sitio abierto y resguardo del viento, y a cambio no necesita casi ningún cuidado más allá de una poda ligera en invierno.
La contrapartida hay que tenerla clara antes de comprar. Se trata de un cultivar injertado, con lo que hay que eliminar cada año todo lo que brote del patrón; sus ramas son quebradizas; corteza, hojas y semillas son tóxicas por ingestión; y la especie de la que procede está considerada invasora en Europa, con normativa autonómica que conviene consultar. Lejos de riberas y espacios naturales, y con un jardinero dispuesto a controlar los brotes de raíz, es un árbol muy agradecido. En cualquier otro contexto, mejor buscar otra cosa.