Temperatura media o alta
Pleno sol o semisombra
Cualquiera, incluso calizo
Riego regular, sin encharcar
Hoja caduca
Flor: marzo-abril
Frutos no comestibles

El peral de flor Pyrus calleryana 'Chanticleer' es un árbol caducifolio de la familia de las rosáceas, seleccionado a partir de una especie originaria de China y del sudeste asiático. No se cultiva por su fruto, que es una perilla dura del tamaño de un guisante y sin interés culinario, sino por su silueta estrecha, su floración blanca de marzo y un color otoñal que llega tarde y dura semanas.

Lo que lo ha convertido en un clásico del arbolado urbano español es una combinación muy concreta: copa cónica y estrecha, que cabe en aceras donde no cabe casi nada; tolerancia al suelo calizo, a la compactación y a la contaminación; y una estructura de ramas mucho más sólida que la de otros cultivares de la misma especie. Ese último punto no es un detalle secundario, es la razón de ser de 'Chanticleer'.

Cómo reconocerlo

Es un árbol de porte medio, en torno a ocho o diez metros de altura, con una copa marcadamente más alta que ancha, cónica cuando es joven y algo más ovalada con los años. Las ramas salen del tronco con ángulos abiertos y bien repartidos a lo largo del eje, lo que da un aspecto ordenado, casi de árbol dibujado, muy reconocible en una alineación.

La hoja es ovada o casi redondeada, de borde finamente aserrado, con el limbo coriáceo y muy lustroso por el haz y un peciolo largo que la hace temblar con el aire. Ese brillo, poco común entre los árboles de calle caducifolios, es un buen carácter de identificación en verano.

Florece en marzo, a veces ya a finales de febrero en el sur, con corimbos de flores blancas de cinco pétalos que cubren la rama antes de que la hoja termine de abrirse. Conviene saber que ese perfume no es agradable: las flores de Pyrus calleryana despiden un olor que a mucha gente le resulta desagradable durante los pocos días que dura la floración, y es un motivo habitual de queja cuando se planta bajo ventanas.

El otoño es su otro momento. La hoja vira a rojo, granate y púrpura, con frecuencia mezclando los tres tonos en el mismo árbol, y lo hace muy tarde, cuando casi todo el arbolado caducifolio ya está desnudo. En zonas de invierno suave la hoja teñida puede aguantar en la rama hasta bien entrado diciembre.

'Chanticleer' frente a otros cultivares

La especie ha dado varios cultivares de uso urbano, y el más extendido durante décadas fue 'Bradford'. El problema de 'Bradford' es estructural: sus ramas nacen muy juntas y con ángulos cerrados sobre un mismo punto del tronco, de modo que al ganar peso y tamaño se desgajan con el viento, la nieve o simplemente con los años.

'Chanticleer', que también se comercializa con el nombre 'Cleveland Select', se seleccionó precisamente para corregir eso. Sus ramas se insertan más separadas entre sí y con ángulos más abiertos, y la copa es más estrecha, lo que reduce la superficie que ofrece al viento. Sigue siendo un árbol al que conviene vigilarle la estructura de joven, pero el salto respecto al cultivar antiguo es evidente.

Dónde plantarlo

Va bien a pleno sol y admite semisombra, aunque a la sombra pierde densidad de floración y el color otoñal queda deslucido. Se comporta con soltura en casi toda España peninsular, tanto en el interior con inviernos fríos como en el litoral mediterráneo. En zonas muy cálidas y secas necesita riego de apoyo los primeros veranos hasta que el sistema radicular se hace.

Es un árbol de calle, y ahí está su mejor uso. Tolera el suelo calizo sin clorosis, aguanta la compactación del alcorque, no se queja de la contaminación y no levanta el pavimento con la facilidad de otras especies. La copa estrecha permite plantarlo en aceras y medianas donde un plátano o un tilo serían inviables.

Hay un aspecto que merece mención. En Norteamérica, donde se plantó de forma masiva, la especie se ha convertido en una invasora agresiva, porque distintos cultivares se polinizan entre sí, dan semilla fértil y las aves la dispersan a campos y bordes de bosque. En España no se ha descrito ese comportamiento y la especie no figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013, pero es un motivo razonable para no plantarla junto a espacios naturales.

Suelo y riego

Se adapta a cualquier suelo con tal de que no se encharque: arcillosos, calizos, pobres, de relleno urbano. Prefiere los profundos y sueltos, donde crece más rápido y forma mejor copa, pero no los exige.

El riego regular que pide la ficha se refiere sobre todo a los primeros años. Un ejemplar recién plantado necesita agua constante durante dos o tres veranos; después se defiende bien con riegos espaciados y aguanta periodos secos sin daño visible. Lo que no soporta es el suelo permanentemente saturado, que le provoca asfixia radicular y le abre la puerta a las podredumbres del cuello.

Poda

La poda importante es la de formación, en los primeros cinco o seis años. El objetivo es tener un eje central único y bien definido y ramas laterales espaciadas a lo largo de él, eliminando las competencias por el guía y las ramas que salgan muy juntas o con ángulos demasiado cerrados. Esa intervención temprana es lo que evita los desgajes en la madurez.

De adulto necesita poco: retirar madera seca, ramas que se rocen y algún chupón. Conviene no podar en época de riesgo de fuego bacteriano, es decir en primavera con tiempo cálido y húmedo, porque las heridas frescas son la vía de entrada de la bacteria. El invierno, con el árbol en reposo, es el momento seguro. Las herramientas se desinfectan entre árboles.

Plagas y problemas frecuentes

El asunto serio es el fuego bacteriano, causado por Erwinia amylovora, que afecta a las rosáceas leñosas y está sometido a control oficial en España. Los síntomas son brotes que se doblan en forma de báculo, hojas y flores que se ennegrecen como quemadas y quedan adheridas a la rama, y exudados en tiempo húmedo. Pyrus calleryana es más resistente que los perales de fruto, hasta el punto de usarse como patrón por ese motivo, pero no es inmune. Ante una sospecha hay que avisar a los servicios de sanidad vegetal de la comunidad autónoma y no tratar por cuenta propia.

Con menor gravedad aparecen el pulgón en la brotación de primavera y el erinosis del peral, un ácaro microscópico que produce ampollas rojizas y luego negras en la hoja; es antiestético pero no compromete al árbol. En suelos mal drenados el problema no será una plaga sino el agua.

Multiplicación

Los cultivares como 'Chanticleer' no se reproducen por semilla, porque la descendencia no mantiene ni la forma ni la estructura de ramas que justifican su uso. La multiplicación es siempre por injerto sobre patrón franco de Pyrus, trabajo de vivero que exige material certificado, especialmente tratándose de un género bajo vigilancia por fuego bacteriano.

Para el jardinero, esto significa comprar el árbol ya formado y prestar atención a dos cosas al elegirlo: que el eje central esté claro y sin competencia, y que las ramas bajas no salgan todas del mismo punto.

Usos en el jardín

Su lugar natural es la alineación, en calle, paseo o camino de acceso, donde la uniformidad de la copa cónica da un resultado muy limpio. En jardines privados sirve como árbol de sombra ligera para parcelas pequeñas, porque ocupa poco en planta y no invade el espacio de los vecinos.

También funciona como pantalla vertical plantado en línea apretada, y como fondo caducifolio delante de un seto perenne oscuro, donde el color otoñal tardío destaca cuando ya no queda nada más en el jardín. No es un árbol para asociar a espacios naturalizados ni a linderos de campo.

En resumen

'Chanticleer' es la respuesta razonable a un problema muy común: falta sitio, el suelo es calizo y compacto, y se quiere un árbol que florezca y que dé color en otoño. Aporta flor blanca en marzo, hoja lustrosa todo el verano y una hoja otoñal roja que llega cuando el resto ya cayó, todo ello en una copa estrecha que cabe donde otras especies no caben.

A cambio hay que aceptar dos cosas: el olor poco agradable de la floración durante unos días de marzo, y la necesidad de una poda de formación cuidadosa en los primeros años para asegurar la estructura. Conviene además vigilar el fuego bacteriano, no podar en primavera húmeda y evitar plantarlo pegado a espacios naturales, dado el comportamiento invasor que la especie ha mostrado en otros países.


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