Temperatura media y alta
Pleno sol
Sustrato profundo, fresco y permeable
Riego moderado
Hoja caduca
Flor: finales de la primavera y verano
Frutos: granadas en otoño

El granado (Punica granatum) es un arbolillo caducifolio de la familia de las litráceas, cultivado en la cuenca mediterránea desde hace milenios por sus frutos y, cada vez más, por lo que aporta como planta de jardín. Su patria original está en la franja que va de Irán al norte de la India, y de allí pasó a Oriente Próximo, al norte de África y a la península, donde lleva tanto tiempo asentado que se comporta como una especie propia del paisaje agrícola del sureste.

Lo que lo distingue de otros frutales ornamentales es que da espectáculo en tres momentos distintos. Brota en primavera con un tono bronceado que va virando a verde lustroso, florece de finales de primavera y a lo largo del verano con flores de un rojo anaranjado muy saturado y cáliz carnoso, y cierra el año con las granadas maduras colgando sobre un follaje que amarillea antes de caer. A esto se suma lo que de verdad decide su uso en España: aguanta el calor, tolera el suelo calizo, resiste la sequía una vez arraigado y admite podarse casi como uno quiera.

Cómo reconocerlo

El granado tiende a crecer como arbusto de varios pies, muy ramificado desde la base, y solo se convierte en arbolito de tronco único si se le conduce a propósito. Es de porte medio, en el orden de tres a cinco metros cuando está bien instalado, con ramas finas, algo angulosas y rematadas a menudo en una punta espinosa. Esa espina, discreta pero real, conviene tenerla presente al elegir su sitio junto a un paso estrecho.

Las hojas son opuestas o casi, oblongas, enteras, pequeñas y de superficie brillante, con nervio central claro. La brotación primaveral tiene un color cobrizo característico que ayuda a identificarlo antes de que aparezca ninguna flor. La flor es inconfundible: un cáliz tubular grueso, coriáceo, de la misma tonalidad rojiza que los pétalos, rematado en varios lóbulos carnosos. Ese cáliz es el que persiste luego en el extremo del fruto formando la corona.

La granada es un fruto botánicamente peculiar, una baya de corteza dura llamada balausta, con el interior compartimentado por membranas y relleno de granos jugosos que envuelven cada semilla. Se distinguen dos grandes tipos según la dureza de esa semilla, lo que en el campo se llama piñón blando y piñón duro, y es el criterio que más pesa a la hora de elegir variedad para comer en fresco.

Dónde plantarlo

Pleno sol, sin discusión. A media sombra vegeta, pero florece poco y cuaja peor, y el fruto no llega a coger color ni azúcar. Prospera en toda la mitad sur y en el litoral mediterráneo, desde Cataluña hasta Andalucía, con el sureste alicantino y murciano como zona de referencia. También va bien en el valle del Ebro y en zonas interiores cálidas, siempre que el invierno no traiga heladas fuertes y prolongadas.

Su punto débil no es el frío del invierno, que soporta razonablemente al estar sin hoja, sino las heladas tardías de primavera, que queman la brotación tierna y pueden llevarse por delante la floración de ese año. En zonas donde eso ocurra con frecuencia, conviene buscarle una pared orientada al sur o un rincón resguardado del aire frío. En el norte húmedo y atlántico se cultiva sin problema como ornamental, aunque el fruto rara vez madura bien por falta de calor acumulado en verano.

Es tolerante con la salinidad moderada del suelo y del agua de riego, cosa que se agradece en huertas costeras y en zonas con agua de pozo dura. Lo que no acepta es el encharcamiento prolongado.

Suelo y riego

Se adapta a suelos muy diversos, incluidos los calizos y los pobres, pero da lo mejor de sí en terreno profundo, fresco y permeable. En suelos compactos y arcillosos conviene plantar sobre un ligero caballón y mejorar el drenaje antes que confiar en que la planta se apañe.

El riego moderado que indica la ficha significa algo muy concreto: regularidad. El granado sobrevive con muy poca agua, pero si se quiere fruta hay que evitar los altibajos. El problema clásico es el agrietado del fruto, que aparece cuando a un periodo seco le sigue un riego abundante o una tormenta de finales de verano; la corteza no acompaña el crecimiento súbito del interior y se abre. La forma de reducirlo es mantener la humedad del suelo estable durante todo el verano en lugar de alternar sequía y remojones.

Un acolchado de corteza o de restos vegetales en la zona de raíces ayuda mucho a suavizar esas oscilaciones y a rebajar el número de riegos en julio y agosto.

Poda y formación

Lo primero es decidir la forma. Como ejemplar de varios brazos, que es su tendencia natural, se deja crecer y solo se aclara; como arbolito, hay que elegir un tronco desde joven y suprimir el resto. La decisión no es reversible en la práctica, así que conviene tomarla el primer o segundo año.

En cualquiera de las dos formas, el granado emite sierpes, brotes vigorosos que salen desde el pie y desde las raíces. Si no se quitan cada año, el pie único se convierte en una mata en pocas temporadas. Se arrancan mejor que se cortan, y cuanto más tiernos, mejor.

La floración se produce en brotes del año que nacen sobre madera de temporadas anteriores, de modo que una poda invernal severa retrasa y reduce la cosecha. Lo razonable es una intervención ligera al final del invierno: quitar la madera seca, las ramas que se cruzan o rozan, y aclarar el centro para que entre luz y aire. Si el ejemplar es puramente ornamental, admite podas más duras y rebrota con facilidad, incluso desde la base.

Variedades ornamentales y de fruto

Para fruta, la referencia en España es el grupo Mollar de Elche, de grano grande, dulce y semilla blanda, amparado por una denominación de origen protegida en el Campo de Elche. También se cultivan variedades de recolección temprana del grupo valenciano y, en plantaciones más recientes, la americana Wonderful, más ácida, de color intenso y muy usada para zumo.

Para jardín, la selección más útil es el granado enano, la variedad nana, que se queda en una mata baja apta para maceta y para bordura, florece con abundancia y da frutitos decorativos que no se aprovechan en la cocina. Existen además cultivares de flor doble, con pétalos numerosos y a veces jaspeados de blanco, que compensan con floración lo que pierden en fructificación, porque esas flores dobles cuajan mal o no cuajan.

Plagas y problemas frecuentes

El pulgón aparece cada primavera en los brotes tiernos y en los pedúnculos florales; suele bastar con vigilarlo, porque los depredadores naturales lo controlan si no se ha abusado de tratamientos. Las cochinillas, incluida la algodonosa, se instalan en el envés y en las axilas de las ramas, atraen hormigas y ensucian la planta con melaza y negrilla; se combaten mejor en invierno, con el árbol desnudo.

Donde hay frutales de hueso o cítricos cerca, la mosca mediterránea de la fruta puede picar las granadas próximas a la maduración y abrir la puerta a podredumbres. El otro problema recurrente ya se ha mencionado: el agrietado por riego irregular, que no es una enfermedad sino un fallo de manejo.

Conviene una advertencia. El fruto es comestible y de sobra conocido, pero la corteza del tronco y la raíz contienen alcaloides y no son un remedio casero inocuo. No es material para infusiones ni preparados domésticos.

Multiplicación

El granado se multiplica con una facilidad que sorprende. La vía habitual es la estaquilla de madera dura tomada en pleno reposo invernal, de un palmo o algo más, con varias yemas, enterrada casi entera en arena o en tierra ligera y mantenida fresca. El porcentaje de enraizamiento es alto sin necesidad de hormonas.

También funcionan el acodo y, más sencillo todavía, el aprovechamiento de las sierpes que salen del pie con raíz propia, que se separan en invierno y se plantan directamente. La semilla germina bien, pero no reproduce fielmente las características de la variedad, así que se reserva para portainjertos o para experimentar.

Usos en el jardín

Funciona como pequeño árbol aislado en un jardín seco, donde su porte abierto y su floración de verano cubren un hueco difícil de llenar. Alineado y podado forma setos informales impenetrables gracias a las espinas, una solución tradicional de linde en huertas del sur. El granado enano es una de las mejores opciones para maceta grande en terraza soleada, porque florece siendo pequeño y aguanta el calor reflejado por los suelos duros.

Combina bien con plantas de la misma paleta mediterránea, que piden lo mismo en sol y agua: lavandas, romeros, adelfas, olivos. En un jardín de riego abundante y sombra estará siempre a disgusto.

En resumen

El granado es de esos árboles que dan mucho a cambio de poco. Pide sol pleno, un suelo que drene y riegos regulares en verano si se quiere fruta, y a cambio ofrece brotación cobriza, flores rojas durante meses, granadas en otoño y hoja amarilla antes de caer. Tolera la caliza, la sequía una vez arraigado y cierta salinidad, que es justo el trío de condiciones que complica el jardín en buena parte de España.

Los dos puntos que deciden el resultado son el riego estable durante el verano, para evitar que los frutos se agrieten, y la disciplina de quitar las sierpes cada año si se quiere mantener la forma elegida. Con esas dos rutinas cubiertas, es un frutal ornamental longevo, fácil de multiplicar y prácticamente sin exigencias.


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