Temperatura media
Sol o semisombra
Cualquier suelo, bien drenado
Riego moderado
Hoja caduca
Flores: Marzo
Frutos: Julio

Prunus cerasifera «Pissardii» es el ciruelo rojo, el arbolito de hoja púrpura que se ve en calles, plazas y jardines de casi toda España. Es una selección de hoja oscura del ciruelo mirabolano, una rosácea de porte pequeño, y se planta por dos motivos que se dan en momentos distintos del año.

El primero es la floración de marzo: flores pequeñas, de cinco pétalos, blancas o de un rosa muy pálido, que cubren la rama todavía desnuda y salen antes que la hoja. El segundo, y el que de verdad explica su éxito, es el color del follaje: la hoja brota granate y se mantiene de un púrpura oscuro toda la temporada, sin perder intensidad, algo que muy pocos árboles pequeños hacen.

Cómo reconocerlo

Es un arbolito de tronco corto y copa redondeada y densa, que se queda en un tamaño manejable, del orden de cinco a ocho metros según el suelo y el pie sobre el que esté injertado. Crece deprisa al principio y luego se estabiliza.

La hoja es alterna, ovalada, con el borde finamente aserrado, de un rojo oscuro que va virando a púrpura casi negro con el verano. Es su seña de identidad y lo que lo hace reconocible a distancia en cualquier calle.

La flor sale en marzo, a veces antes en el litoral, sobre madera del año anterior. Es muy abundante durante una o dos semanas, y coincide en el calendario con los almendros, con los que se confunde de lejos: el ciruelo rojo se distingue porque, cuando la flor cae, brota granate y no verde.

El fruto es una ciruelita esférica, roja u oscura, que madura en julio. La producción varía mucho de un año a otro y de un ejemplar a otro, y en muchos árboles de calle apenas se nota. Conviene recordar que en todos los Prunus las hojas y las semillas contienen compuestos cianogénicos, así que ni las hojas ni los huesos se ingieren.

Dónde plantarlo en España

Se adapta a casi todo el país. Aguanta el frío del interior, el calor del verano continental y el clima mediterráneo del litoral, y esa versatilidad es la razón de que esté tan extendido.

Pide sol o semisombra. A pleno sol el color púrpura es más intenso y la floración más densa; en sombra parcial la hoja tiende a verdear y el árbol se estira. Si el motivo de plantarlo es el color, hay que darle sol.

Es un árbol de tamaño pequeño, adecuado para jardines de casa, patios grandes y alcorques urbanos, y no tiene raíces especialmente agresivas. Sí conviene tener en cuenta la caída de fruta en julio si el árbol queda sobre un pavimento claro o una zona de paso, porque la ciruela aplastada mancha.

Riego y sustrato

Le vale cualquier tipo de suelo, incluido el calizo, siempre que drene. Es una de sus ventajas frente a los caducifolios de otoño rojo, que exigen suelo ácido. El encharcamiento es lo único que no tolera: en terrenos pesados y mal drenados aparece podredumbre de raíz y el árbol decae.

El riego es moderado. Los primeros años necesita agua regular en verano; después se defiende bien en la mayor parte de España con riegos de apoyo en los meses secos. No conviene ni el riego diario ni el abonado nitrogenado fuerte: producen brotes largos y blandos, muy atractivos para el pulgón y más expuestos a enfermedades.

Un acolchado sobre el alcorque mantiene la humedad y evita que crezca hierba justo bajo la copa, que compite por el agua superficial. Es especialmente útil en alcorques urbanos pequeños.

Poda

La poda debe ser ligera y bien elegida en el tiempo, porque los Prunus son sensibles a las heridas de corte.

Lo básico es aclarar la copa para que entre luz y aire, retirar madera seca y ramas cruzadas, y no recortar en cabeza, porque eso elimina la madera donde se forma la flor y arruina la floración del año siguiente. La flor sale en ramillos cortos de madera de dos o más años.

El momento correcto no es el invierno profundo, sino el final del verano o el principio del otoño, con tiempo seco y con el árbol todavía activo. Podar en invierno húmedo abre la puerta a la gomosis, al chancro y al hongo del plateado, que son los problemas serios de este grupo. Herramienta limpia y desinfectada entre árboles.

Los chupones que salen del pie, por debajo del injerto, hay que quitarlos siempre. Se reconocen porque tienen la hoja verde y no púrpura: pertenecen al portainjertos, y si se dejan acaban dominando y el árbol pierde el color por el que se plantó.

Plagas y enfermedades

Es un árbol de vida relativamente corta en condiciones urbanas, y buena parte de eso se explica por este apartado.

  • Pulgón. Muy frecuente en primavera. Enrolla y deforma la hoja joven y produce melaza pegajosa que gotea sobre lo que haya debajo. Rara vez compromete al árbol, pero es molesto si está sobre una terraza o un aparcamiento.
  • Gomosis. Exudados de resina ambarina en tronco y ramas. Es una respuesta a heridas, a podas mal hechas o mal programadas y a estrés. Indica que algo va mal, más que ser una enfermedad en sí.
  • Plateado. Hongo que entra por heridas de poda y da a la hoja un brillo plateado antes de secar la rama. Se previene podando en seco y a final de verano.
  • Monilia. Seca flores y brotes de golpe en primaveras húmedas, y momifica los frutos. Se retiran y destruyen las partes afectadas.
  • Cochinilla y barrenadores. Aparecen sobre todo en ejemplares ya debilitados por sequía o por daños en el tronco.

La mayoría de estos problemas se previenen con lo mismo: no dañar el tronco con desbrozadoras ni con ataduras, podar poco y en el momento adecuado, y no someter al árbol a sequía prolongada en alcorques pequeños.

Multiplicación

«Pissardii» es un cultivar y no se reproduce fiel por semilla: de un hueso sale un ciruelo mirabolano de hoja verde. La propagación se hace por injerto sobre pie de ciruelo, que es como se producen en vivero, y también por esqueje semileñoso en verano bajo nebulización.

Ese detalle del injerto es el que explica los chupones verdes de la base y por qué hay que retirarlos sin falta. Al comprar conviene fijarse en que el punto de injerto esté sano y en que el árbol tenga un tronco bien formado, sin heridas.

Usos en el jardín

Su papel más común es el de árbol pequeño de calle y de jardín urbano, en alineación o en alcorque, donde el tamaño contenido y la tolerancia al suelo lo hacen práctico.

En jardín particular funciona como pieza aislada en césped, donde el follaje oscuro contrasta con el verde, y como punto de color en un macizo. Ese contraste es su mejor uso y también su mayor riesgo: un ciruelo rojo destaca mucho, y varios repartidos por un jardín pequeño lo vuelven inquieto. Uno bien situado rinde más que tres.

Combina bien con floración blanca, con gramíneas de tono claro y con follajes plateados o glaucos, que hacen contraste. Bajo la copa se pueden plantar bulbos de primavera, que florecen antes de que la hoja cierre la luz.

En resumen

El ciruelo rojo es de los árboles pequeños más útiles y más fáciles que se pueden plantar en España: acepta cualquier suelo bien drenado, incluida la caliza, tolera el frío y el calor, se queda en un tamaño de jardín de casa y ofrece floración temprana en marzo más un follaje púrpura que dura toda la temporada.

Lo que hay que hacer bien es la poda: ligera, de aclareo, a final de verano y con tiempo seco, nunca en invierno húmedo, porque las heridas de corte son la vía de entrada de la gomosis y del plateado. Y quitar siempre los chupones verdes que salen del pie, o el portainjertos acaba comiéndose el cultivar.


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