Melia azedarach, el cinamomo, es un árbol caducifolio asiático de la familia de las meliáceas que en España se ha plantado durante más de un siglo en calles, plazas y paseos, sobre todo en Andalucía, Extremadura, Murcia y el litoral mediterráneo. Aguanta sequía, calor, caliza y ciudad, crece rápido, da sombra pronto y florece en mayo en panículas lilas con un perfume dulce que llena la calle entera.
Antes de nada, la advertencia que condiciona dónde se planta: los frutos son tóxicos por ingestión. Las drupas amarillas que quedan colgando todo el invierno son atractivas y están al alcance de la mano, y en niños y en perros son un riesgo real. Las hojas y la corteza también contienen principios tóxicos. No se debe plantar donde caigan frutos en un patio de colegio, en una zona de juego infantil o donde haya perros que roan lo que encuentran en el suelo. Si alguien ingiere frutos, hay que acudir a un servicio médico o veterinario sin esperar a ver qué pasa.
Cómo reconocerlo
Es un árbol de talla media, de tronco corto y copa amplia y abierta, más ancha que alta en los ejemplares viejos. Crece deprisa y en pocos años ya da sombra, uno de los motivos de su éxito como árbol de calle.
La hoja es la primera pista: muy grande, compuesta, bipinnada o tripinnada, con numerosos folíolos pequeños de borde dentado. Da a la copa un aspecto ligero y plumoso muy distinto del de un plátano o una morera. Brota tarde en primavera y cae pronto en otoño, amarilleando antes.
La flor, en mayo, se agrupa en panículas laxas de color lila o malva pálido, con el tubo estaminal más oscuro en el centro. El aroma es dulce e intenso, y es lo que hace que el árbol se reconozca antes de verlo.
El fruto es el rasgo más constante: una drupa esférica, de un centímetro largo, verde primero y de un amarillo dorado o marfil después, agrupada en racimos colgantes. Se mantiene en el árbol después de la caída de la hoja y durante todo el invierno, lo que le da un aspecto muy particular en la ciudad. El hueso es duro, acanalado y perforado de forma natural, y por eso se ha usado tradicionalmente para ensartar cuentas.
Dónde plantarlo en España
El cinamomo está en su elemento en el clima mediterráneo cálido y en el interior seco del sur y del centro peninsular. Soporta el calor extremo del verano, la sequía estival y el suelo pobre y calizo mejor que casi cualquier otro árbol ornamental de sombra.
El frío sí lo limita. En el interior con heladas fuertes y prolongadas sufre daños en las ramas jóvenes, y en el norte húmedo no encuentra el calor que necesita para lucir. La ficha lo sitúa en temperaturas medias o altas, y es exactamente eso.
Necesita sol, aunque tolera semisombra. Y necesita espacio horizontal: la copa se abre mucho, y un cinamomo plantado en una acera estrecha acaba invadiendo la calzada y obligando a podas repetidas que lo estropean.
La decisión de ubicación debe pesar además la toxicidad del fruto y la suciedad que produce. Las drupas caen durante meses, se pisan, se aplastan y manchan el pavimento y los coches. En un jardín particular, lejos de la zona de estar y sin niños ni perros alrededor, no hay problema; junto a un porche o a un arenero, sí lo hay.
Riego y sustrato
Es uno de los árboles menos exigentes que se pueden plantar. Acepta cualquier sustrato mientras drene, incluidos los calizos, los pobres y los pedregosos, y tolera cierta salinidad, lo que lo hace útil cerca de la costa.
El riego es regular los primeros años, hasta que arraiga, y escaso después. En el sur peninsular un cinamomo adulto sale adelante con riegos de apoyo puntuales en los veranos más duros, y en muchos sitios sin ninguno. Regar en exceso no aporta nada y favorece un crecimiento blando.
Lo que no admite es el encharcamiento. En suelos pesados hay que asegurar drenaje en el hoyo de plantación y no dejar que se acumule agua alrededor del cuello.
Poda
La poda de formación es importante porque la copa sale desordenada por naturaleza, con ramas gruesas mal insertadas y horquillas cerradas. Conviene elegir pronto tres o cuatro ramas principales bien repartidas y eliminar las competencias mientras son finas.
La madera es blanda y quebradiza, y las ramas grandes se rompen con viento fuerte, sobre todo cuando el árbol ha crecido rápido con riego abundante. Revisar la copa y aligerar las ramas más largas cada pocos años reduce el riesgo.
Rebrota con mucha fuerza tras una poda severa, con brotes largos y verticales que a los pocos años vuelven a cerrar la copa. Por eso el desmoche es contraproducente: obliga a repetir la operación cada dos o tres años y deja un árbol con estructura débil. Se poda en invierno, en reposo.
Problemas frecuentes
- Roturas de rama. Es su defecto principal, consecuencia de una madera blanda y de horquillas mal formadas. Se previene con poda de formación temprana.
- Plántulas espontáneas. Los frutos germinan con facilidad y aparecen plantitas por todo el jardín y en los alcorques vecinos. Conviene arrancarlas pronto, y no dejar que se establezcan cerca de zonas naturales.
- Suciedad de fruto. Meses de drupas cayendo sobre el pavimento. Es previsible y es una razón de peso al elegir el sitio.
- Cochinilla y pulgón. Aparecen ocasionalmente, rara vez con importancia.
- Rebrotes de raíz. En ejemplares dañados o podados fuerte pueden salir brotes desde la base y desde raíces superficiales.
Multiplicación
Se multiplica por semilla con enorme facilidad, y de hecho lo hace solo. Los huesos limpios de la pulpa y sembrados en otoño germinan bien en primavera, y las plántulas crecen rápido desde el primer año.
Al manipular los frutos para extraer la semilla conviene usar guantes y lavarse después las manos, y no dejar el material al alcance de niños. Los frutos recogidos no se guardan en un lugar donde puedan confundirse con nada comestible.
También enraíza de esqueje y admite injerto, pero por semilla es tan sencillo que rara vez se recurre a otra cosa.
Usos en el jardín
Su mejor papel es el de árbol de sombra rápida en jardines grandes, fincas y zonas de clima seco donde otras especies no prosperan sin riego. La copa amplia y el follaje ligero dan una sombra fresca y agradable en verano, y en invierno deja pasar el sol.
En jardinería pública se ha usado mucho en paseos y plazas del sur, y ahí sigue siendo eficaz cuando hay espacio para la copa. En jardín particular tiene sentido en el fondo de la parcela, no junto a la casa.
Como árbol ornamental aporta tres momentos: la flor lila y perfumada de mayo, el amarillo de otoño y los racimos dorados que se quedan colgando en las ramas desnudas hasta febrero. Ese último efecto, con el fruto iluminado por el sol bajo del invierno, es la mejor imagen que da la especie.
En resumen
El cinamomo es un árbol de sombra excepcional para el clima seco y caluroso de buena parte de España: crece rápido, aguanta caliza, sequía, salinidad y ciudad, florece con perfume en mayo y mantiene los frutos dorados todo el invierno. Pide poco riego una vez arraigado y prácticamente ningún cuidado.
Tiene tres inconvenientes que hay que asumir al plantarlo, y el primero manda sobre los otros dos. Los frutos son tóxicos por ingestión, así que no es árbol para zonas con niños pequeños o con perros. Además la madera es frágil y pide poda de formación temprana, y las drupas ensucian el suelo durante meses. Elegido el sitio con esas tres cosas en la cabeza, es difícil encontrar un árbol más resistente.