Los manzanos de flor son Malus floribunda y el conjunto de híbridos ornamentales que se agrupan bajo el nombre de Malus híbridos, todos ellos de la familia de las rosáceas. Se plantan por dos temporadas: la floración de primavera, que cubre el árbol entero de flores rosadas o blancas, y la fructificación de otoño e invierno, con manzanitas amarillas, anaranjadas o rojas colgando de las ramas desnudas.
Su virtud práctica es el tamaño. Son árboles pequeños, de copa redondeada, que caben en un jardín de casa sin dominarlo, y eso los convierte en una de las opciones más razonables cuando se quiere flor de primavera en una parcela urbana. En Malus floribunda el detalle que la distingue es el contraste del capullo, de un rosa intenso, con la flor ya abierta, casi blanca, de modo que durante unos días el árbol muestra las dos cosas a la vez.
Cómo reconocerlos
El porte habitual es el de un arbolito de tronco corto y copa redondeada o extendida, con ramas finas y ramificación densa. La mayoría de los híbridos de jardín se quedan en un tamaño pequeño, del orden de cuatro a seis metros, y los hay de copa estrecha, llorona o casi arbustiva.
La hoja es alterna, ovalada y con el borde aserrado, verde en el tipo y purpúrea o bronceada en los híbridos seleccionados por follaje oscuro. En otoño amarillea o toma tonos anaranjados según el cultivar.
La flor sale en primavera, antes o a la vez que la hoja, en ramilletes a lo largo de las ramas del año anterior. Tiene cinco pétalos, como corresponde a una rosácea, y el color va del blanco puro al rosa fuerte y al carmín, con formas simples o dobles según la variedad.
El fruto es una manzana en miniatura, de uno a tres centímetros, que persiste en la rama mucho después de la caída de la hoja. En algunos cultivares se mantiene hasta bien entrado el invierno y es entonces cuando el árbol da su segundo momento, con los frutos rojos o amarillos sobre la madera desnuda. Los pájaros los aprovechan y son un reclamo de fauna en el jardín.
Dónde plantarlos en España
Son árboles de clima templado, cómodos en el norte peninsular, en el interior con inviernos marcados y en zonas de media montaña. Necesitan un invierno frío de verdad para florecer bien, porque las yemas de flor requieren acumular horas de frío. En el litoral mediterráneo cálido y en el sur la floración es más floja e irregular por esa razón.
La exposición correcta es sol pleno, o semisombra ligera. A la sombra florecen mal, se ahílan y son mucho más propensos a enfermedades de hoja.
El aire es un factor que se suele pasar por alto. Una copa densa y mal ventilada, plantada en un rincón cerrado, acumula humedad en la hoja y multiplica los problemas de hongos. Un sitio abierto, aireado y soleado hace más por la sanidad del árbol que cualquier tratamiento.
Riego y sustrato
Aceptan casi cualquier suelo, incluida la caliza, que es una ventaja notable frente a los caducifolios de otoño rojo. Lo que piden es que drene: en terreno encharcado la raíz se asfixia y el árbol se debilita.
El riego debe ser generoso durante la época de crecimiento, sobre todo entre la floración y el cuajado, y en los veranos secos del interior. Un manzano de flor con estrés hídrico en junio suelta fruto y prepara mal la floración del año siguiente, porque las yemas de flor se forman en verano.
El acolchado sobre el alcorque ayuda a mantener la humedad y a evitar que crezca hierba justo bajo la copa, que compite por el agua superficial. En suelos pobres, una aportación de compost maduro en superficie cada primavera es suficiente. Conviene evitar el abonado nitrogenado fuerte: da brotes largos y blandos que son un imán para el pulgón y para el fuego bacteriano.
Poda
La poda es ligera y tiene dos objetivos: mantener la copa aireada y no comerse la floración.
La flor se produce sobre madera de dos o más años, en ramilletes cortos, así que podar fuerte el crecimiento del año elimina la floración siguiente. La regla es aclarar en lugar de recortar: se quitan ramas enteras que se cruzan, que van hacia el interior o que están secas, y se dejan intactas las ramas cortas donde está la flor.
El momento es el final del invierno, antes de la brotación, salvo en zonas donde el fuego bacteriano sea un problema conocido, donde es preferible podar en pleno reposo y con tiempo seco. Las herramientas deben desinfectarse entre árboles.
Los chupones que salen del pie por debajo del punto de injerto hay que quitarlos siempre, y a mano si es posible: pertenecen al portainjertos y no al cultivar.
Plagas y enfermedades
Son rosáceas, y comparten los problemas del manzano de fruta. Este es el apartado que hay que leer antes de decidirse.
- Fuego bacteriano (Erwinia amylovora). Es lo más grave. Provoca que brotes, flores y hojas se ennegrezcan de golpe, con aspecto de quemados, y que la punta del brote se curve en gancho. Está sujeto a control oficial en España como organismo de cuarentena, así que ante una sospecha lo correcto es avisar al servicio de sanidad vegetal de la comunidad autónoma y no manipular el árbol por cuenta propia.
- Moteado (Venturia inaequalis). Manchas pardo oliváceas en hoja y fruto, con defoliación temprana en primaveras húmedas. Es el problema más habitual en el norte peninsular. Se combate eligiendo cultivares resistentes y retirando la hoja caída, donde el hongo pasa el invierno.
- Oídio. Polvo blanco en brotes y hojas jóvenes, frecuente en primaveras secas y templadas. Se poda y se destruye el material afectado.
- Pulgón. Coloniza los brotes tiernos en primavera y deforma las hojas. Rara vez compromete al árbol y suele resolverlo la fauna auxiliar.
- Roya del peral y del enebro. Manchas anaranjadas en el haz. Aparece donde hay enebros o sabinas cerca, porque el hongo alterna entre los dos huéspedes.
La conclusión práctica es que la elección del cultivar importa más que ninguna otra decisión. Los híbridos modernos seleccionados por resistencia a moteado y a fuego bacteriano dan mucho menos trabajo que los antiguos, y la diferencia se nota desde el primer año.
Multiplicación
Los manzanos de flor no se reproducen fieles por semilla: de la pepita de un híbrido sale un árbol distinto. La multiplicación comercial se hace por injerto sobre portainjertos de manzano, que además determina el tamaño final del árbol.
Ese dato es útil al comprar. Un mismo cultivar sobre un portainjertos enanizante se queda pequeño y empieza a florecer antes, y sobre uno vigoroso hace un árbol mayor y más longevo. En un jardín pequeño conviene preguntar por el pie, no solo por la variedad.
Usos en el jardín
Funcionan como árbol pequeño aislado en césped, donde la floración se ve entera, y en alineaciones cortas de camino o de entrada, que es uno de sus mejores papeles. También se usan en grupos de tres, mezclando cultivares de floración blanca y rosa.
Las formas lloronas y las de copa estrecha resuelven jardines urbanos muy pequeños y patios, y algunos cultivares compactos se cultivan en contenedor grande. En un jardín pensado para fauna son de los árboles más útiles: flor temprana para los polinizadores y fruto persistente para los pájaros en invierno.
Combinan bien con bulbos de primavera plantados bajo la copa, que florecen antes de que la hoja del árbol cierre la luz. Lo que no conviene es plantarlos junto a una zona de paso donde la caída del fruto ensucie el pavimento.
En resumen
El manzano de flor es una de las mejores opciones para un jardín de tamaño normal en la mitad norte de España: floración abundante en primavera, fruto decorativo en otoño e invierno, tamaño contenido, tolerancia a la caliza y utilidad para la fauna. Pide sol, un invierno con frío suficiente y riego generoso en la temporada de crecimiento.
Su punto débil son las enfermedades propias de las rosáceas, con el fuego bacteriano como riesgo serio y el moteado como molestia frecuente. Se manejan eligiendo un cultivar resistente, plantando en sitio soleado y aireado, aclarando la copa en lugar de recortarla y retirando la hoja caída. Con eso hecho, el árbol da dos temporadas de interés al año durante décadas.