Magnolia grandiflora es la magnolia de hoja perenne, la del sureste de Estados Unidos, y la única del género que en España se comporta como árbol de follaje permanente. Da flores blancas enormes, de aroma dulce y penetrante, entre finales de primavera y el final del verano, abiertas de una en una a lo largo de meses en lugar de todas a la vez.
El resto del año lo que se ve es la hoja, y la hoja sola ya justifica el árbol: grande, gruesa, coriácea, de un verde oscuro lacado por el haz, con el envés cubierto en muchos ejemplares de un fieltro pardo herrumbroso que contrasta cuando el viento las mueve. Es un árbol de silueta compacta y aspecto pesado, muy distinto de las magnolias caducas de flor rosa que se plantan por su floración de febrero.
Cómo reconocerla
Forma un árbol de copa densa, piramidal u ovalada, con las ramas bajas a menudo llegando hasta el suelo si se le deja. En España se ven ejemplares antiguos de porte considerable en jardines históricos del norte y en plazas de Andalucía, aunque el crecimiento es lento y un ejemplar joven tarda en hacerse.
La flor es inconfundible: solitaria, terminal, de tépalos gruesos y cerosos de color crema o blanco puro, con un centro de estambres y carpelos apiñados. El perfume es fuerte, dulce, con un fondo cítrico, y se percibe a varios metros en las noches templadas de junio.
Después de la flor viene un fruto agregado con forma de piña ovoide, que al madurar se abre y deja colgando de un hilo unas semillas de arilo rojo brillante. Es uno de los detalles ornamentales de septiembre y octubre, y también un reclamo para los pájaros.
La corteza es gris y lisa, y las ramas son gruesas y poco numerosas, lo que da al árbol un aspecto macizo incluso cuando es joven.
Dónde plantarla en España
Se comporta muy bien en la cornisa cantábrica, en Galicia y en el norte peninsular en general, donde la humedad ambiental y los veranos suaves le sientan de maravilla. También funciona en Andalucía y en el litoral mediterráneo si dispone de riego, porque el calor lo aguanta bien, y de hecho florece más largo donde el verano es cálido.
Lo que peor lleva son las heladas fuertes y prolongadas del interior continental, sobre todo cuando vienen acompañadas de viento seco: quema los bordes de la hoja y deja el árbol con aspecto pardo hasta la brotación siguiente. En esas zonas conviene elegir un cultivar de los reconocidos como más resistentes al frío y darle una posición abrigada, a resguardo del viento del norte.
Admite sol pleno y semisombra. A pleno sol la copa es más densa y florece más; en sombra parcial la hoja es más grande y el árbol se estira. En el sur, algo de protección del sol de la tarde en verano evita quemaduras en las hojas jóvenes.
Riego y sustrato
Pide suelo profundo, fértil, fresco y bien drenado, de reacción neutra o ligeramente ácida. En terreno calizo con pH alto amarillea entre nervios, se estanca y no florece bien. No es tan estricta como un liquidámbar o una camelia, pero en caliza franca hay que asumir aportes de quelatos de hierro y un resultado mediocre.
El riego es moderado y regular. Los primeros años de plantación necesita agua constante en verano; después se defiende mejor, aunque nunca es un árbol de secano. El acolchado orgánico es especialmente útil aquí, porque la raíz es superficial y agradece que el suelo no se caliente ni se seque.
El encharcamiento le sienta mal. En suelos pesados hay que asegurar el drenaje del hoyo de plantación y no dejar que se forme una cubeta de agua alrededor del cuello.
Plantación
Se planta en primavera, o en otoño en climas suaves, siempre con cepellón. Las raíces son carnosas y frágiles, y la magnolia trasplanta mal: hay que manipular el cepellón con cuidado y no deshacerlo.
El hoyo debe ser amplio y la tierra de alrededor descompactada. El cuello va al nivel del terreno, nunca enterrado. Un tutor bajo los primeros años ayuda si el sitio es ventoso, pero conviene retirarlo pronto.
Hay que preverle sitio. La copa se hace ancha y las ramas bajas ocupan mucho suelo, así que plantarla a menos de unos metros de un muro o de un paso obliga después a podas que estropean el árbol. Tampoco es planta para pegar a la fachada: la hoja perenne y grande genera una sombra muy densa todo el año.
Poda
Casi no necesita poda, y responde mal a la que se le hace. Los cortes en madera gruesa cicatrizan lentamente y dejan heridas que se pudren, así que la regla es intervenir poco y pronto.
Lo razonable es retirar madera seca, ramas rotas y chupones, y decidir en el árbol joven si se quiere el tronco limpio de ramas bajas o la copa hasta el suelo. Esa decisión hay que tomarla cuando las ramas son finas, porque quitarlas después deja cicatrices grandes en el tronco.
Se poda después de la floración o a final del invierno. Podar en pleno invierno frío expone los cortes a las heladas.
Variedades y cultivares
Los cultivares se diferencian sobre todo en tres cosas: la resistencia al frío, el tamaño final y la cantidad de fieltro herrumbroso del envés de la hoja.
- Las selecciones clásicas de porte grande son las que se ven en jardines históricos, con la hoja muy oscura y el envés más o menos pardo.
- Hay cultivares compactos, de copa estrecha y hoja más pequeña, que empiezan a florecer jóvenes y que son la opción sensata para un jardín pequeño, para un patio o para cultivo en contenedor grande.
- Algunas selecciones se han elegido por florecer antes en la vida del árbol, un dato importante porque un ejemplar de semilla puede tardar bastantes años en dar la primera flor.
Al comprar conviene fijarse en la etiqueta del cultivar y no solo en la especie, porque la diferencia entre un ejemplar que se queda en unos pocos metros y uno que acaba dominando el jardín está justamente ahí.
Problemas frecuentes
- Clorosis férrica. Hoja amarillenta con nervios verdes en suelo calizo. Es el problema más común en el interior y el levante.
- Cochinilla y negrilla. La cochinilla se instala en el envés y en las ramas, segrega melaza y sobre ella crece un hongo negro que ensucia el haz. Se combate atacando la cochinilla, no el hongo.
- Quemaduras por helada y viento. Bordes de hoja pardos tras un invierno duro. El árbol se recupera con la brotación de primavera; las hojas dañadas no se recuperan y se caen solas.
- Falta de floración en ejemplares jóvenes. Normal. Es cuestión de edad, no de cultivo, salvo que se sume sombra excesiva o exceso de nitrógeno.
- Caída constante de hojas viejas. Es fisiológico. La magnolia perenne renueva hoja durante todo el año, y las hojas son grandes y duras, así que hay que contar con recogerlas.
Multiplicación
Por semilla se puede, extrayendo las semillas del fruto maduro, limpiando el arilo carnoso y estratificándolas en frío durante el invierno. Es lento y las plantas resultantes tardan muchos años en florecer, así que solo tiene interés para producir portainjertos.
Los cultivares se propagan por esqueje semileñoso en verano bajo nebulización o por injerto, y ambas cosas son trabajo de vivero. Para un jardín particular, comprar la planta etiquetada es lo práctico.
Usos en el jardín
Su papel más agradecido es el de ejemplar aislado en césped o en pradera, con las ramas bajas conservadas hasta el suelo. Así forma una masa verde oscura, compacta y elegante que funciona todo el año, no solo en la temporada de flor.
Los cultivares compactos permiten usarla en jardines pequeños, en patios andaluces y en macetones de terraza. También se emplea en espaldera contra un muro orientado al sur o al oeste, una solución tradicional que aprovecha el calor acumulado del muro y hace que la flor quede a la vista.
Como pantalla de privacidad perenne es eficaz y sólida, aunque lenta. Y en alineación de calle se ve en muchas ciudades españolas, siempre que el alcorque sea generoso y haya riego.
En resumen
La magnolia de hoja perenne es un árbol de estructura, no de temporada. Da presencia todo el año con la hoja lacada y el porte compacto, y añade en verano unas flores blancas y perfumadas que se abren escalonadamente durante meses. Crece despacio, pide poca poda y dura mucho.
Necesita suelo profundo, fresco y no calizo, riego regular y sitio de sobra para la copa y las ramas bajas. Se planta con cepellón y se poda lo mínimo, porque las heridas grandes no cicatrizan bien. En zonas de helada fuerte hay que elegir cultivar resistente y una posición abrigada, y en cualquier jardín pequeño la solución correcta es un cultivar compacto en vez del tipo.