Liquidambar styraciflua es el árbol del otoño rojo por antonomasia en los jardines españoles. Originario del este de Norteamérica, se planta casi exclusivamente por el color que toma la hoja entre octubre y diciembre, que va del amarillo al naranja, al escarlata y al granate oscuro, a menudo con varios de esos tonos a la vez en el mismo ejemplar.
La hoja se confunde a diario con la de un arce, y no lo es. La diferencia se resuelve en un segundo: en el liquidámbar las hojas son alternas a lo largo del ramillo, mientras que en todos los arces son opuestas, enfrentadas de dos en dos. Añádase que la hoja del liquidámbar tiene el margen finamente aserrado y que huele a resina al estrujarla, y la identificación queda cerrada.
Cómo reconocerlo
Es un árbol grande, de eje recto y copa piramidal de joven que se va redondeando y anchando con la edad. En jardín español bien plantado alcanza porte considerable, del orden de 20 metros o más en los ejemplares viejos, así que hay que dimensionar el sitio pensando en el árbol adulto y no en el que sale del vivero.
La hoja es palmatilobulada, con cinco o siete lóbulos puntiagudos, brillante por el haz y de un verde intenso en verano. La brotación es tardía, ya con la primavera avanzada.
Un detalle propio de la especie son las ramillas: muchas desarrollan crestas corchosas longitudinales, aladas, que se notan al tacto y que dan carácter al árbol en invierno. La corteza del tronco es gris parda y se agrieta en surcos profundos con los años.
Florece de marzo a mayo, con flores verdosas poco vistosas. El fruto sí se nota: una cápsula esférica erizada de puntas, del tamaño de una nuez, que se seca en el árbol, se abre y acaba cayendo. Es el fruto lo que se pisa y lo que rueda por el suelo, y es un factor a tener en cuenta al elegir dónde plantarlo.
Dónde plantarlo en España
El liquidámbar aguanta el frío sin dificultad, así que el invierno no lo limita en ninguna parte de la península. Lo que decide su éxito es el suelo y el verano.
Va bien en la cornisa cantábrica, en Galicia, en el norte peninsular, en zonas de montaña y en jardines de interior con riego asegurado. En el litoral mediterráneo y en el sur funciona siempre que tenga suelo profundo y agua, aunque el color de otoño tiende a ser menos intenso donde las noches de octubre no refrescan. El contraste entre días soleados y noches frescas es lo que dispara los tonos rojos.
Pide sol pleno o sombra muy ligera. A la sombra crece, pero el color otoñal se apaga y el porte se estira.
Dos avisos de ubicación que ahorran disgustos. El primero es que las raíces son fuertes y bastante superficiales, y con los años levantan solados, aceras y bordillos: no es árbol para plantar a menos de varios metros de un pavimento o de una construcción. El segundo son las cápsulas espinosas, incómodas sobre una terraza, un paso de peatones o la zona de una piscina.
Riego y sustrato
Aquí está la clave del cultivo. El liquidámbar pide suelo profundo, fértil, fresco y de reacción ácida o neutra. En terreno calizo con pH alto entra en clorosis férrica: la hoja amarillea entre nervios que se mantienen verdes, el crecimiento se para y el color de otoño desaparece. Es el fallo más habitual en jardines del interior y del levante, donde la caliza domina.
Antes de plantar conviene medir el pH del suelo. Si sale claramente básico, plantar un liquidámbar es comprometerse a corregir con quelatos de hierro todos los años, y aun así el árbol nunca va a estar bien. Cambiar de especie es la decisión sensata.
El riego es moderado y sobre todo constante. No tolera la sequía prolongada, y tampoco el encharcamiento. En el interior seco necesita riego de apoyo cada verano durante toda su vida, no solo en los años de arraigo. Un acolchado orgánico de varios centímetros sobre el alcorque, sin tocar el tronco, es la mejor inversión: mantiene la humedad, refresca el suelo y acidifica ligeramente al descomponerse.
Plantación
Se planta en otoño en climas suaves y a final de invierno donde hiela con fuerza. El hoyo debe ser amplio, con la tierra circundante bien descompactada, y la profundidad la justa para que el cuello quede al nivel del terreno.
Los ejemplares jóvenes trasplantan mejor que los grandes: la raíz principal es potente y un árbol de mucho porte tarda años en recuperarse. Comprar un ejemplar de tamaño medio en contenedor da mejor resultado a cinco años vista que uno grande a raíz desnuda.
Hay que reservarle espacio en horizontal y en vertical. Plantado en un jardín pequeño acaba dominándolo entero y obligando a podas que estropean la silueta.
Poda
Necesita muy poca. El liquidámbar construye por sí solo un eje recto y una copa regular, y lo mejor que se puede hacer es no intervenir. Las podas de reducción rompen la forma piramidal característica y no vuelve a recuperarse.
La poda se limita a retirar madera seca, ramas rotas y competidores del eje central en el árbol joven, si aparecen dos guías. Se hace en invierno, con el árbol en reposo, y con cortes limpios. Las heridas grandes cicatrizan mal.
Variedades y cultivares
Hay selecciones hechas por el color de otoño, con tonos que van del rojo puro al púrpura casi negro, y son la opción razonable cuando el color es el motivo de plantarlo, porque un ejemplar de semilla puede dar un otoño mediocre y no se sabe hasta que pasan unos años.
Existen también cultivares de porte estrecho y columnar, útiles en jardines donde no cabe una copa ancha, y formas variegadas con la hoja marginada de crema, que necesitan algo de protección del sol más fuerte. Las selecciones se propagan por injerto o esqueje, nunca por semilla, así que conviene comprarlas etiquetadas en vivero de confianza.
Problemas frecuentes
Es un árbol sano, con muy pocas plagas relevantes en España. Casi todo lo que le pasa es cuestión de suelo.
- Clorosis férrica. Hoja amarilla con nervios verdes. Exceso de cal o pH alto. Es el problema número uno y no tiene arreglo definitivo en suelo calizo.
- Bordes de hoja secos y defoliación en agosto. Falta de agua o aire seco. Se corrige con riego profundo y acolchado.
- Color de otoño pobre. Puede ser genética del ejemplar (procedencia de semilla), falta de sol o un otoño sin contraste térmico.
- Levantamiento de pavimentos. No es una enfermedad sino un error de plantación, y no tiene solución una vez el árbol es adulto.
Multiplicación
La semilla es la vía habitual para la especie. Se recoge de las cápsulas maduras en otoño, necesita frío antes de germinar y se siembra al aire libre en otoño o se estratifica en frío durante el invierno. La germinación es irregular y las plantas obtenidas varían mucho en el color de otoño.
Los cultivares se multiplican por injerto sobre pie de la especie o por esqueje semileñoso en verano bajo nebulización, con hormona de enraizamiento. Es una operación de vivero más que de jardín particular.
Usos en el jardín
Su papel natural es el de árbol aislado en pradera o en césped, plantado donde se pueda ver la copa entera y donde el sol de la tarde lo ilumine en otoño. Un solo ejemplar bien situado hace todo el otoño de un jardín.
En parques y avenidas anchas funciona en alineación, siempre que el suelo sea adecuado y haya distancia suficiente al pavimento. Los cultivares columnares permiten usarlo en jardines urbanos estrechos donde el tipo no cabría.
Combina bien con perennes de fondo verde oscuro, que hacen contraste con el rojo, y con especies de otoño amarillo. Lo que no funciona es plantarlo apretado entre otros árboles: pierde la forma, se estira y el color se ve poco.
En resumen
El liquidámbar da uno de los mejores otoños que se pueden tener en un jardín, con una silueta ordenada y un mantenimiento casi nulo en cuanto a poda y plagas. Aguanta el frío sin problema y crece rápido cuando encuentra lo que necesita.
Lo que necesita es concreto y no negociable: suelo profundo, fresco y no calizo, riego constante en verano y sitio de sobra para la copa y para unas raíces que levantan pavimentos. En suelo básico y en jardines pequeños es un error de plantación que se paga en unos pocos años, por muy tentadora que resulte la foto del otoño.