LA GLORIA SE ADORNA CON LAURELES
La historia mitológica del laurel está relacionada con el fracaso de una seducción amorosa: el dios Apolo amaba a la ninfa Daphne sin ser correspondido, hasta que un día logró alcanzarla, momento en el que ella pidió ayuda a su padre, el rey fluvial Peneo, y se convirtió en laurel. El desolado Apolo encontraría consuelo consagrando este árbol a su figura y adornando su cabeza con una corona de laureles. En su santuario de Delfos, los sacerdotes quemaban ramos para que el humo les elevara hasta el dios. Y la corona se convirtió en distinción de poetas, desde entonces laureados (no en vano Apolo era un protector de las artes), y deportistas. En Roma se ceñía en la cabeza de los emperadores y generales victoriosos en señal de triunfo.
La historia mitológica del laurel está relacionada con el fracaso de una seducción amorosa: el dios Apolo amaba a la ninfa Daphne sin ser correspondido, hasta que un día logró alcanzarla, momento en el que ella pidió ayuda a su padre, el rey fluvial Peneo, y se convirtió en laurel. El desolado Apolo encontraría consuelo consagrando este árbol a su figura y adornando su cabeza con una corona de laureles. En su santuario de Delfos, los sacerdotes quemaban ramos para que el humo les elevara hasta el dios. Y la corona se convirtió en distinción de poetas, desde entonces laureados (no en vano Apolo era un protector de las artes), y deportistas. En Roma se ceñía en la cabeza de los emperadores y generales victoriosos en señal de triunfo.