Zonas 5-9: soporta hasta -23º
Pleno sol o sombra parcial
Fértil, fresco, bien drenado, ácido o neutro
Riego moderado regular
Follaje caduco
Floración: abril, sin interés
Folículos en los pies femeninos

La katsura es Cercidiphyllum japonicum, un árbol caducifolio de Japón y China que se planta por dos cosas: la hoja, redondeada y acorazonada como la del árbol del amor (de ahí el nombre del género, «hoja de Cercis»), y el color de otoño, que va del amarillo mantequilla al albaricoque y al rosa según el ejemplar y el año. La flor, en abril, es diminuta y sin pétalos, y no cuenta como atractivo.

Lo que la distingue de cualquier otro árbol de jardín es el olor. Cuando las hojas amarillean y empiezan a caer, la katsura desprende un aroma dulce que se describe como de caramelo, azúcar quemado o galleta recién hecha, y que se percibe a varios metros del árbol en un día seco de octubre. Es la especie la que huele, no una variedad concreta, y basta un ejemplar joven para notarlo.

Cómo reconocerla

El porte es piramidal de joven y se va abriendo con los años hasta una copa amplia, a veces con varios troncos desde la base. En Europa los ejemplares maduros suelen moverse entre los 10 y los 15 metros, bastante menos de lo que alcanza en su área natural, donde es uno de los árboles de mayor talla del bosque templado japonés.

La hoja es la firma de la especie: opuesta (detalle que la separa enseguida de Cercis siliquastrum, de hoja alterna), de contorno casi circular, con la base en corazón y el borde festoneado en ondas suaves. Brota en primavera con un tono bronce o rosado que se vuelve verde azulado en verano, con el envés más pálido.

Es una especie dioica, con pies masculinos y femeninos separados. Las flores aparecen antes que las hojas, reducidas a estambres rojizos o a carpelos, sin corola. En los pies femeninos cuajan después unos folículos pequeños, encorvados, agrupados de dos en dos o de tres en tres, que se abren en invierno y se quedan en la rama.

La corteza es lisa y grisácea en el árbol joven y se resquebraja en placas alargadas con la edad, un rasgo que da carácter a los ejemplares viejos en invierno.

Dónde plantarla en España

La katsura es un árbol de clima fresco y húmedo, y ese es el dato que decide si tiene sentido plantarla. Va bien en la cornisa cantábrica, en Galicia, en el Pirineo y su piedemonte, en las zonas de montaña del interior y en jardines de media montaña con veranos suaves. Aguanta el frío sin problema, como recoge la ficha, así que el invierno no es la limitación en ninguna parte de la península.

Lo que la limita es el verano. En el interior seco y en el litoral mediterráneo caluroso sufre: el aire seco y el calor sostenido queman los bordes de las hojas, que se secan y se rizan, y el árbol pierde follaje en agosto antes de haber tenido tiempo de dar color. En esas zonas solo funciona en una situación protegida, con sombra en las horas centrales, riego asegurado y suelo que no se agote, y aun así el resultado rara vez compensa.

La exposición ideal es sol de mañana y sombra ligera en la tarde. A pleno sol da mejor color otoñal si el suelo se mantiene fresco, pero en climas cálidos es preferible sacrificar algo de color a cambio de que la hoja llegue entera a octubre. El viento seco le sienta mal en cualquier caso.

Riego y sustrato

Pide suelo profundo, fértil, fresco y bien drenado, de reacción ácida o neutra. En suelo calizo con pH alto entra en clorosis férrica: las hojas amarillean entre nervios y el árbol se estanca. Antes de plantar en zonas de caliza conviene medir el pH, y si sale claramente por encima de 7,5 lo razonable es elegir otra especie, porque corregir el suelo de forma permanente en el hueco de plantación no es realista.

El riego es moderado pero regular, y regular es la palabra importante. La katsura no tolera la sequía, y tampoco el encharcamiento. Un ciclo de sequía seguido de riego abundante provoca caída de hoja. Los tres o cuatro primeros años, hasta que el sistema radicular se establece, hay que regar de verdad en verano, con aportes espaciados y profundos en vez de riegos ligeros diarios.

El acolchado es casi obligatorio. Una capa de corteza o de restos vegetales de cinco a ocho centímetros sobre el alcorque, sin tocar el tronco, mantiene la humedad y la temperatura del suelo y le ahorra al árbol el estrés que peor lleva. Renovarlo cada primavera hace más por una katsura que cualquier abono.

Plantación

Se planta en otoño en climas suaves y a final del invierno donde hiela fuerte, con el árbol en reposo. El hoyo debe ser ancho más que hondo, con la tierra de alrededor descompactada para que la raíz pueda extenderse en horizontal, que es como se desarrolla.

Hay que darle sitio. La copa se abre bastante y las raíces son superficiales, así que no es un árbol para plantar pegado a un muro, a una acera estrecha o a una piscina. Tampoco conviene cultivar césped justo bajo la copa: compite por el agua superficial y obliga a un riego que el árbol agradecería recibir de otra manera.

Los ejemplares con varios troncos desde la base son habituales en vivero y funcionan bien como pieza aislada, con el tronco visible desde una zona de paso. Los cultivares llorones y los enanos se manejan también en contenedor grande, siempre que el sustrato no se seque.

Poda

Apenas necesita poda, y esa es una de sus ventajas. La estructura la construye sola. Basta retirar ramas secas, cruzadas o rotas y, en los ejemplares jóvenes, decidir pronto si se quiere un tronco único o varios.

Si hay que cortar algo, se hace en invierno, con el árbol parado, y con cortes limpios sin dejar tocones. Las heridas grandes cicatrizan mal, así que es mejor intervenir pronto y poco. Los cultivares de porte llorón o enano no deben recortarse para «darles forma»: se estropea la silueta que justifica plantarlos.

Variedades y cultivares

La forma llorona, de ramas péndulas, es la más buscada después del tipo, y existen selecciones de talla contenida pensadas para patios y jardines pequeños. Otros cultivares se han seleccionado por el color de la hoja en verano, con tonos dorados o purpúreos, o por un color de otoño más rojizo de lo habitual.

Al elegir, conviene mirar dos cosas antes que el color: el tamaño final que alcanza el cultivar y si el vivero puede decir de qué pie procede. Las variedades doradas son más sensibles al sol fuerte y se queman antes que el tipo, de modo que en España piden todavía más sombra en verano.

Problemas frecuentes

La katsura tiene pocas plagas serias. Casi todos los problemas que se ven en jardín son fisiológicos y remiten al mismo origen, un suelo que no le conviene o un verano demasiado duro.

  • Bordes de hoja secos y quemados. Falta de agua, aire seco o sol excesivo. Se corrige con acolchado, riego más profundo y, si el problema se repite cada año, replanteando la ubicación.
  • Amarilleo entre nervios con nervios verdes. Clorosis por exceso de cal en el suelo. No se arregla con riego.
  • Caída de hoja en pleno verano. Respuesta al estrés hídrico. El árbol suele rebrotar al año siguiente, pero repetirlo varios veranos lo debilita.
  • Muerte de ramas jóvenes. Suele venir de un trasplante mal establecido o de raíces asfixiadas por encharcamiento.

Multiplicación

Se multiplica por semilla y por estaquilla. La semilla, recogida de los folículos maduros en invierno, es diminuta y necesita frío antes de germinar, así que se estratifica o se siembra al aire libre en otoño para que el invierno haga el trabajo. La plántula es delicada al principio y hay que protegerla del sol directo el primer verano.

Los cultivares no salen de semilla: se propagan por estaquilla semileñosa en verano, con hormona de enraizamiento y bajo nebulización, o por injerto sobre pie de la especie. Sembrar semilla de un ejemplar llorón o dorado da plantas del tipo, no copias de la planta madre.

Usos en el jardín

Es un árbol para verlo entero, plantado aislado en césped o en una pradera, donde la copa se abre sin competencia y el color de otoño se lee de lejos. Situarlo donde dé el sol bajo de la tarde de octubre multiplica el efecto, porque la hoja amarilla contraluz es la mejor imagen que da la especie.

El otro criterio de colocación es el olfato. Conviene ponerla cerca de un camino, una terraza o una ventana que se abra en otoño, porque el aroma a caramelo de la caída de la hoja dura pocas semanas y se pierde si el árbol está en el fondo de la parcela. En jardines pequeños, los cultivares enanos o llorones permiten la misma hoja y el mismo olor en un espacio de patio.

En resumen

La katsura es una de las mejores hojas caducas que se pueden plantar en un clima fresco: silueta limpia, hoja redonda de color cambiante, otoño amarillo y albaricoque, y ese olor a caramelo que no tiene ningún otro árbol de jardín. Necesita poca poda y da pocos problemas de plagas.

A cambio es exigente en dos puntos que no admiten trampa: suelo fresco, profundo y no calizo, y veranos que no sean secos y abrasadores. Donde se cumplen las dos cosas es un árbol excelente y de mantenimiento cómodo. Donde no, el resultado es un ejemplar quemado en agosto que nunca llega a dar el otoño por el que se plantó, y en esos jardines es más sensato elegir otra especie.


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