La haya llorona es una forma de porte péndulo del haya común, Fagus sylvatica, que se cultiva desde hace siglos como árbol ornamental. Conserva todo lo del haya, la hoja, la corteza gris lisa, el fruto y las exigencias de clima, y cambia una sola cosa: la arquitectura. Las ramas, en vez de extenderse en horizontal, cuelgan verticalmente desde el eje y desde las ramas principales, formando una cortina que llega hasta el suelo.
El resultado es uno de los efectos más espectaculares que puede dar un árbol en un jardín. Un ejemplar adulto forma una cúpula cerrada de varios metros bajo la cual se puede caminar, con las ramas colgando por fuera como paredes y una penumbra verde en el interior. Es un árbol de gran escala y de crecimiento lento, que se planta pensando en décadas.
Cómo reconocerla
El porte la delata al instante. Sobre un tronco recto, las ramas principales se arquean y de ellas cuelgan las ramillas hasta el suelo. En muchos ejemplares las ramas que tocan la tierra echan raíces y forman nuevos pies alrededor del principal, ampliando la mancha con los años hasta ocupar superficies notables.
La corteza es la del haya: gris clara, lisa y tersa incluso en árboles viejos, una de las cortezas más reconocibles del bosque europeo. Las hojas son alternas, ovadas o elípticas, de un verde brillante, con el borde ondulado y provisto de pelos finos cuando son jóvenes, y los nervios laterales muy marcados y paralelos.
Las flores, en primavera, carecen de valor ornamental, tal como recoge la ficha de esta especie: son masculinas en glomérulos colgantes y femeninas en grupos de dos, discretas. El fruto es el hayuco, una semilla triangular encerrada de dos en dos en una cúpula leñosa cubierta de apéndices espinosos que se abre en cuatro valvas al madurar.
En otoño el follaje vira a amarillo y después a un cobrizo cálido. Los ejemplares jóvenes y las ramas bajas presentan marcescencia: las hojas secas no caen y permanecen en el árbol buena parte del invierno.
Advertencia sobre los hayucos
Los hayucos crudos no deben comerse en cantidad. Contienen sustancias que resultan tóxicas si se consumen en abundancia y pueden provocar trastornos digestivos y malestar general, especialmente en niños y en animales domésticos. Conviene tenerlo en cuenta en un jardín donde el árbol fructifique y haya niños o mascotas, y evitar el consumo.
Dónde plantarla en España
Aquí está el límite real. El haya es un árbol de clima atlántico y de montaña: necesita humedad atmosférica alta, veranos frescos y sin sequía prolongada, y precipitación bien repartida. Su ficha de cultivo lo resume como temperatura media y baja.
En España el haya vive de forma natural en la cornisa cantábrica, en los Pirineos, en el norte del Sistema Ibérico y en enclaves aislados del Sistema Central y del Moncayo, siempre en umbrías, en fondos de valle o en cotas con niebla frecuente. Fuera de esas condiciones sufre.
Para el jardín eso significa que la haya llorona prospera en Galicia, Asturias, Cantabria, el País Vasco, Navarra, el Pirineo y las zonas de montaña del interior. En la meseta se puede cultivar en emplazamientos frescos y con riego, con resultados desiguales. En el litoral mediterráneo, en el valle del Guadalquivir y en el sureste no es una elección sensata: el calor seco del verano, la baja humedad ambiental y la insolación le queman la hoja y la debilitan.
Admite pleno sol en climas frescos y agradece la semisombra en emplazamientos más cálidos. En sitios muy expuestos, el sol directo sobre el tronco de corteza fina y lisa puede provocar quemaduras y grietas.
Suelo, raíces y riego
Pide un suelo humífero y bien drenado, rico en materia orgánica, profundo y fresco. Tolera tanto suelos calizos como silíceos, con tal de que no se encharquen. Lo que no soporta en absoluto es el suelo compactado, el encharcamiento invernal ni las remociones cerca del tronco.
Sus raíces son muy superficiales y se extienden mucho más allá de la proyección de la copa. Esa es la razón de que el haya sufra tanto en jardines: cualquier labor de labrado, cualquier zanja, cualquier pisoteo continuado sobre la zona radicular la daña. Lo mejor que se puede hacer bajo una haya es no hacer nada: dejar la hojarasca, poner acolchado y evitar el paso repetido.
El riego es moderado y sobre todo regular. En verano necesita que el suelo no llegue a secarse en profundidad. Un acolchado grueso y permanente es aquí más importante que en casi ninguna otra especie, porque mantiene fresca la capa donde están las raíces.
Plantación y espacio
Hay que decidir el sitio con mucha atención, porque este árbol no se mueve después y porque ocupa mucho. Las ramas colgantes llegan al suelo y el conjunto puede llenar un espacio circular considerable. Plantarla junto a un camino, a un muro o a otro árbol es condenarla a podas que arruinan su forma.
Se planta en reposo, entre otoño y final de invierno, en hoyo amplio y con el suelo descompactado en un radio generoso, no solo en el hoyo. El cuello debe quedar a su nivel exacto. Un riego de asiento abundante y un acolchado inmediato completan la operación.
Las formas lloronas se obtienen por injerto, y la altura a la que se injerte determina la silueta final: un injerto bajo produce una mata que cae desde cerca del suelo, uno alto un árbol con tronco visible y cortina a partir de varios metros. Conviene saber qué se compra.
Poda
Necesita muy poca y no conviene hacerla. Su valor está en la forma natural, y cualquier recorte de las ramas colgantes se nota y no se recupera. El trabajo se limita a eliminar madera seca, ramas rotas y las que se cruzan o rozan en el interior, además de los rebrotes del patrón por debajo del injerto, que crecen erguidos y desfiguran el conjunto.
Si hace falta levantar la falda para poder pasar por debajo o para ver el tronco, se hace de forma progresiva y en pocos cortes. El momento adecuado es el final del verano o el otoño temprano, con la hoja aún en el árbol, cuando la cicatrización es mejor y el sangrado menor. El haya cierra las heridas con lentitud, así que hay que evitar los cortes gruesos.
Multiplicación
Las formas lloronas no se reproducen fieles por semilla: los hayucos de una haya llorona dan mayoritariamente hayas normales. La única vía es el injerto sobre patrón de Fagus sylvatica obtenido de semilla, una operación de vivero.
La especie sí se multiplica por semilla. Los hayucos se recogen en otoño, se seleccionan los llenos y necesitan estratificación en frío húmedo durante varios meses antes de sembrarse. La semilla pierde poder germinativo con rapidez si se seca, así que no se conserva bien.
Plagas y problemas
El pulgón lanígero del haya es la plaga más habitual: colonias blancas y algodonosas en el envés de las hojas en primavera, con melaza y negrilla. Es antiestético y rara vez grave. También aparecen oídio y manchas foliares en primaveras húmedas.
Más importante es un complejo formado por una cochinilla que se instala en la corteza y los hongos que aprovechan sus picaduras para entrar, y que provoca necrosis y chancros en el tronco. Se manifiesta con manchas blanquecinas de cochinilla y después con zonas de corteza hundida y exudados. Un árbol vigoroso lo resiste; uno estresado por calor o por daño radicular, no.
Los problemas más frecuentes en jardín, sin embargo, no son parasitarios. Son la compactación del suelo por el paso, las heridas de raíz por obras y labores, la sequía estival y el exceso de sol en climas cálidos. En un haya, esos cuatro factores explican la mayoría de las decadencias.
Usos en el jardín
Es un árbol de ejemplar aislado, y no admite otro papel. Se planta en el centro de una pradera o en un punto focal de un parque, donde pueda desarrollarse sin obstáculos y verse desde todos los lados. El espacio interior bajo la cúpula, en penumbra y rodeado de la cortina de ramas, es parte del atractivo.
Encaja en jardines históricos y en fincas grandes del norte de España, y también en parques públicos con clima adecuado. En un jardín pequeño no cabe, y forzarla en él supone podarla y perder exactamente aquello por lo que se plantó.
Bajo su copa no crece prácticamente nada, por la sombra densa y por la competencia de las raíces superficiales. Lo razonable es resolver esa superficie con acolchado o con hojarasca y no intentar plantar debajo.
En resumen
La haya llorona es una forma péndula del haya común, de ramas que cuelgan hasta el suelo y forman una cúpula cerrada bajo la que se puede caminar. Conserva la corteza gris y lisa, la hoja ondulada y ciliada, el otoño cobrizo y el hayuco en cúpula espinosa de la especie, y solo cambia el porte, que se mantiene por injerto sobre patrón de haya común.
Es un árbol de clima fresco y húmedo: en España su sitio está en el norte y en la montaña, y no en el litoral mediterráneo ni en el sur. Quiere suelo humífero, profundo y bien drenado, riego regular, acolchado permanente y, sobre todo, que nadie compacte ni remueva el terreno bajo su copa. Necesita mucho espacio, se poda lo mínimo y se planta pensando en el largo plazo. Sus hayucos no deben consumirse.