La Gleditsia triacanthos es la acacia de tres espinas, un árbol caducifolio norteamericano que se ha convertido en uno de los más plantados en calles, aparcamientos y plazas de toda España. La razón es sencilla: aguanta la sequía, el calor, la caliza, la sal, el suelo compactado y la contaminación, y a cambio da una sombra ligera y moteada que deja pasar luz suficiente para que crezca hierba debajo.
Su nombre viene de las espinas, que en la forma silvestre son formidables: gruesas, leñosas, de varios centímetros, a menudo ramificadas en tres o más puntas, y distribuidas por las ramas y por el propio tronco, donde forman auténticos ramilletes. Los ejemplares que se plantan hoy en jardinería son casi siempre cultivares sin espinas, seleccionados a partir de la forma inerme.
Cómo reconocerla
Forma un árbol de copa amplia, abierta y muy transparente, con ramificación irregular y silueta suelta. La corteza es gris oscura y se agrieta en placas alargadas que se levantan por los bordes.
La hoja es el mejor carácter: alterna, compuesta y, aquí está el detalle, pinnada y bipinnada en el mismo árbol. Es habitual encontrar en una misma rama hojas simplemente pinnadas y otras divididas dos veces. Los folíolos son pequeños, oblongos, de un verde claro, y viran a un amarillo dorado muy limpio en otoño. Brota tarde y pierde la hoja pronto, así que el periodo con follaje es más corto que en otros caducifolios.
Las flores aparecen en mayo y junio, en racimos colgantes de flores pequeñas de color verde amarillento, poco vistosas pero perfumadas y muy visitadas por las abejas. El fruto es inconfundible: una vaina larga y aplanada, de hasta treinta o cuarenta centímetros, retorcida en espiral al secarse, de color marrón oscuro brillante, que cuelga en abundancia y persiste en el árbol desnudo durante el invierno.
Un apunte para quien conozca la familia: aunque es una leguminosa, esta especie no forma en sus raíces los nódulos fijadores de nitrógeno típicos de la mayoría del grupo, así que no enriquece el suelo como hacen otras.
Cuidado con las espinas
Las espinas de la forma silvestre son un peligro real. Son duras, punzantes y capaces de atravesar una suela de zapato o una rueda de bicicleta, y en el tronco se agrupan en haces que hacen imposible acercarse. Un ejemplar con espinas no debe plantarse en un jardín con niños, en un paso, ni en una zona de estar.
Además hay que saber que los cultivares sin espinas se injertan sobre patrones de la especie, y que si el patrón rebrota por debajo del punto de injerto, esos rebrotes sí llevan espinas. Conviene eliminarlos en cuanto aparezcan. Lo mismo vale para las plántulas nacidas de semilla: no heredan la ausencia de espinas.
Dónde plantarla en España
Es una de las especies más adaptables que existen. Su ficha de cultivo lo resume bien: temperatura baja, media y alta, pleno sol, sustrato ligero incluso seco y calizo, riego moderado. Se cultiva sin problemas en toda España, del norte húmedo al sureste árido, y es especialmente valiosa en el interior continental, donde soporta tanto las heladas del invierno como el calor extremo del verano.
El pleno sol es su exposición. En sombra se estira y pierde la forma. Tolera bien el ambiente costero, incluido cierto grado de salinidad en suelo y en aire, y aguanta el aire seco y el calor reflejado del pavimento mejor que casi cualquier otro árbol ornamental de hoja caduca.
Necesita espacio en anchura, porque la copa se desarrolla mucho más de lo que sugiere el ejemplar joven de vivero. Su sistema radicular es potente pero no especialmente destructivo, y esa es otra de las razones de su éxito en alcorques.
Suelo y riego
Acepta casi cualquier suelo. Prefiere los ligeros y bien drenados, tolera los pobres, los pedregosos, los secos y los calizos sin clorosarse, y aguanta la compactación de los suelos urbanos mejor que la mayoría. Lo único que le sienta mal es el encharcamiento permanente.
El riego es moderado. Los primeros años necesita riegos profundos y regulares en verano para que arraigue; después, un ejemplar establecido pasa la temporada seca con muy poca ayuda, y en el norte y el centro peninsular puede prescindir del riego por completo. Los riegos excesivos producen crecimiento blando y ramas quebradizas.
No requiere abonado en un suelo medio. Un aporte de compost en superficie al final del invierno basta en terrenos muy pobres.
Poda
Se poda en reposo, durante el invierno, antes de la brotación, que en esta especie es tardía. Tolera bien la poda y rebrota con facilidad.
El trabajo principal es la formación de los primeros años: elegir un eje dominante, repartir las ramas principales sin dejar horquillas de inserción cerrada y levantar la copa hasta la altura de paso necesaria. Después basta con limpieza de madera seca y de ramas rotas. La ramificación natural tiende a ser algo desordenada, y una intervención ligera cada pocos años mantiene la estructura ordenada sin desfigurarla.
Conviene evitar los cortes gruesos, porque la madera se coloniza con relativa facilidad por hongos de pudrición. Y hay que revisar y eliminar los rebrotes del patrón por debajo del injerto en los cultivares.
Multiplicación
La semilla es el método para la especie. Las vainas se recogen en invierno, se extraen las semillas y hay que escarificarlas porque la cubierta es impermeable: lija, o inmersión en agua muy caliente que se deja enfriar unas horas. Después germinan con facilidad en primavera.
Los cultivares sin espinas, sin fruto, de follaje dorado o de porte reducido no se reproducen fieles por semilla y se propagan por injerto sobre patrón de la especie. Es una operación de vivero, no doméstica.
Plagas y problemas
Es un árbol sano y con pocos enemigos serios en España. Puede recibir cochinillas y pulgón, y en algunas zonas aparecen agallas en los folíolos producidas por pequeños dípteros, que deforman la hoja sin comprometer al árbol. Los taladros y los hongos de madera atacan principalmente a ejemplares ya debilitados o con heridas mal cicatrizadas.
Los inconvenientes prácticos son otros. Las vainas caen en cantidad y son grandes, duras y difíciles de barrer, y las semillas germinan con facilidad alrededor. Este árbol se resiembra solo con mucha eficacia y en varias regiones del mundo donde se introdujo como ornamental se ha extendido por su cuenta ocupando riberas, pastizales y terrenos removidos. En España conviene vigilar los rebrotes espontáneos, sobre todo si el jardín linda con un río o con espacio natural, y elegir los cultivares que no producen fruto, que además evitan el problema de la limpieza.
La sombra ligera es una ventaja para casi todo y un inconveniente si lo que se busca es sombra densa: bajo una gleditsia se está fresco, pero no del todo a cubierto.
Usos en el jardín
Su terreno natural es el arbolado urbano: alineaciones de calle, alcorques, aparcamientos, medianas, plazas duras. Ahí compite con pocas especies, porque suma tolerancia a la sequía, al calor, a la sal, a la contaminación y al suelo compactado con un sistema radicular que no destroza el pavimento.
En el jardín particular funciona como árbol de sombra ligera sobre una zona de estar o sobre un césped, precisamente porque deja pasar luz suficiente para que crezca hierba debajo, algo que no ocurre con especies de follaje denso. Los cultivares de follaje dorado se usan como punto de color, contrastando con fondos oscuros, y los de porte reducido o globoso en jardines pequeños y en calles estrechas.
El otoño amarillo, breve pero muy limpio, es un atractivo añadido, y la silueta invernal con las vainas colgando tiene su propio interés.
Variedades
Prácticamente toda la jardinería trabaja hoy con cultivares seleccionados sobre la forma inerme, es decir, sin espinas, y muchos de ellos tampoco producen fruto, lo que resuelve de golpe los dos inconvenientes de la especie. Los hay de follaje amarillo dorado muy luminoso en primavera, de follaje bronceado o rojizo, de copa estrecha y ordenada pensada para calles, de copa ovoide y tamaño reducido para espacios pequeños y de porte globoso injertado sobre pie alto. Todos conservan la rusticidad y la tolerancia de la especie.
En resumen
La acacia de tres espinas es un árbol caducifolio de copa amplia y transparente, hoja pinnada y bipinnada a la vez, sombra ligera, amarillo dorado en otoño y vainas largas y retorcidas en invierno. Su gran virtud es la tolerancia: sequía, calor, frío, caliza, sal, compactación y contaminación no la detienen, y por eso domina el arbolado viario de muchas ciudades españolas.
Quiere pleno sol, suelo ligero y bien drenado y riego moderado solo los primeros años. Hay que plantar cultivares sin espinas y sin fruto, vigilar los rebrotes del patrón, que sí las llevan, y controlar las plántulas espontáneas, porque se resiembra con mucha facilidad y en varios países se ha convertido en una especie problemática fuera de los jardines.